Franciscus


La revista argentina CARAS lo tiene claro. A Bergoglio lo eligio Dios por ser argentino. Esperemos que no hable de MaradonaJorge Mario Bergoglio ha sido elegido como nueva cabeza de la iglesia Católica. Tras dos días de cónclave y en la quinta votación, este argentino de 76 años -hasta la fecha arzobispo de Buenos Aires- fue elegido como sucesor de Benedicto XVI.  En Buenos Aires (donde vivo desde hace meses, a caballo entre Barcelona y allí) están chochos con su Papa, y lo viven entre el fanatismo y la ironía. Este país en muchas cosas es así. Políticos y sindicatos se disputan ya su imagen de cara a las legislativas de este octubre. Es el primer papa latinoamericano y el primer jesuita tras 265 papas. Ha decidido asumir el nombre de Francisco. Franciscus en latín. Francis en inglés. Francesc en catalán. También  es el primero que se llama así, aunque no hay que añadir el número si eres el primero.  ¿Y el nombre?  igual por San Francisco de Asís, o igual por San Francisco Javier, fundador de la Compañía de Jesús. Uno es símbolo de la pobreza; el otro símbolo de la evangelización. No es menor… Pero sí es cierto que –al menos por sus primeros gestos- parece haber tomado la austeridad y la modestia como señas de su papado; y esto último tiene mucho mérito cuando has nacido en la Argentina (que me disculpen la broma mis vecinos).

Estén atentos a sus gestos. Francisco en el autobús (¿en el bondi que va a Flores?). Francisco que no se pone la muceta roja papal. Francisco que besa a CFK. Francisco que se hace llamar “Obispo de Roma” y no “Papa”. Francisco el despojado de cruces de oro. Francisco que no va en el papamóvil. Francisco que se baja de su auto para bendecir a un discapacitado. Francisco que renuncia a vivir en el Palacio Papal. Esos son los gestos de Francisco, el imprevisible. Gestos. Gestos. Gestos. Aunque le busquen fotos con los dictadores argentinos de los 70-80, hoy procesados, lo primero que se menciona es su humildad y trato accesible. Ponéle. Un tipo tan bien informado en cosas tanas como Enric Juliana cuenta en “La Vanguardia” de Barcelona que Francisco acudió, a los pocos días de ser elegido, al Palacio Apostólico para supervisar en persona los textos de su ceremonia de nombramiento, y vio que las luces estaban encendidas, aunque entraba suficiente luz natural como para trabajar. Pues él mismo las apagó, y reprendió a los funcionarios: “recuerden que hay muchos sacerdotes que no llegan a final de mes y que tienen dificultades para pagar la factura de la luz”, cuenta Juliana que les dijo el nuevo Papa. Más gestos. ¿Sólo gestos? ¿Tantos gestos anuncian el cambio?

Cuando le saque la foto el otro dia en Viamonte con 25 de mayo, en Capital Federal, también flipe..

Puede. Y puede que muchos de esos 1.200 millones de católicos esperen ese cambio. Quizá esa revolución “tranquila” que demanda Walter Kasper. Esa reforma que Joseph Ratzinger no fue capaz de desarrollar hasta que se cansó y se fue, rompiendo una tradición de 600 años. Igual ese gesto del alemán, casi inédito, fue el inicio del cambio. Y se precisarán muchos cambios (no sólo gestos) para actualizar un catolicismo estancado, que no ha variado su porcentaje en el último siglo (esos 1.200 millones de fieles siguen siendo el 17% del total mundial, igual que en 1910). En un entorno caracterizado para los católicos por el avance de los movimientos pentecostales o evangelistas, el peso del catolicismo más radical en el Viejo Continente, los casos de corrupción (como el conocido como Vatileaks o los problemas del IOR, o sea la banca vaticana), los conflictos doctrinales (con muchas interpretaciones de la eucaristía), los múltiples escándalos de pederastia (sin comentarios), o el desacople general con la actual sociedad europea (más allá de las periódicas demostraciones de fuerza de la Jornada Mundial de la Juventud, en 2013 en Río). Dejando claro que la interpretación de todo lo anterior es libre, parecen ser más problemas de relación de los creyentes con su institución, que de existencia o no de fe. Pero existe también otro tema, de gran importancia, sobre el que la Iglesia Católica ha pasado muchas veces de puntillas: se trata de la problemática del medio ambiente (en general) y del cambio climático (en particular).

Baste recordar que el Vaticano sigue siendo un estado observador dentro del (extinto) Protocolo de Kyoto, sin mucho interés en el tema (hasta 2011) y al que no aplicaron nunca los compromisos de lucha contra el cambio climático; igual que Andorra (aquí tiene la lista). Aunque el 29 de noviembre de 1979, el papa Juan Pablo II nombró a San Francisco de Asís (¡atención!) como “celestial patrono de los ecologistas“; y ese Santo consideraba a la tierra como “hermana tierra” y al agua y al viento como “hermanos” (ahí está su Cántico del Hermano Sol del Siglo XII). Hay poquísimas referencias de Wojtyla en sus encíclicas, discursos o iniciativas. Ni siquiera en la esperable “Veritatis Splendor” de 1993. Sí hay algunos mensajes citados en algunas de las Jornadas Mundiales de la Paz, pero son muy pobres. Wojtyla decía en 1990 “la paz mundial está amenazada también por la falta del debido respeto a la naturaleza“. Benedicto XVI obvió también bastante el tema. Un par de párrafos en la encíclica “Caritas in veritate” de 2009 muy, pero que muy ambiguos: “el creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades —materiales e inmateriales— respetando el equilibrio inherente a la creación misma” y ninguna mención en las de 2005 “Deus Caritas Est” y 2007 “Spe Salvi“. No hay muchas más menciones ni, menos aún, iniciativas.

La famosa ya imagen del PApa bajando del auto para bendecir y besar a un discapacitado. Crea o no (yo no). Es imposible no emocionarse con la cara de alegria del tipo

Es probable que la actual concepción católica del medio ambiente siga aún lastrada por los mensajes del propio Concilio Vaticano II: “Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos“. Es un mensaje suficientemente ambiguo como para alinearse con los tradicionales pasajes del Génesis al respecto: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (1:28) Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer (1:29)“. Es el tradicional enfoque de Rey de la Creación (“señoread“, dice), que impregna los textos sagrados, al margen de cuatro ideas sobre la bondad de la creación en los Evangelios y alguna otra en el Libro de Salomón. El peso de la tradicional pirámide jerárquica de la Iglesia Católica Dios-Papa-Obispos-Presbíteros-Fieles, es muy elevado, y su esquema top-down dificulta no entender la Creación como algo al servicio del hombre. No es muy diferente que la concepción tradicional de la biología que establece para los primates (que viene de primus), y en especial para el Homo Sapiens Sapiens, la cúspide y dominio de la pirámide de la vida. Por todo ello tiene lógica que la Creación (divina o no) se entienda de forma natural (y errónea, claro) como un conjunto de “recursos” naturales (animales, vegerales y minerales), en el sentido más económico del término, para utilizarse a voluntad. Concepción tan lógica como inválida en un mundo de siete mil millones de almas.

Francisco en la Primera Misa de su Pontificado hace unas semanas incluyó unas frases que, confieso, me han hecho pensar si este Papa de gestos, va a serlo también de acciones. Hablo de “custodiar“, como “guardar a los demás, salvaguardar la creación” en “una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación […] es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos“. Y añadió “seamos ‘custodios’ de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro“. Caramba. Menciona la palabra “Medio Ambiente” como clave en el concepto de custodia de la creación. El primer discurso. ¿Será un cambio hacia una actitud más clara sobre el tema ambiental? Este nuevo Francisco, que como el otro Franciscus (el de Asís) parece que viene a despojarse de todo, tendrá difícil cuajar ese mensaje de cambio de sociedad sin dar un rol central en esa transformación a la relación de los hombres con el Medio Ambiente. Es probable que la gran esperanza que para el catolicismo(y la humanidad en su conjunto) representa Francisco lo sea por ser un papa más humano. Y es que, en el fondo, eso es lo que necesita esa Iglesia hoy: humanizarse. Y de paso, además de a los católicos, que eso nos ayude a todos un poco.Dots

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Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a Franciscus

  1. McVickers dijo:

    Me alegra ver, como creyente, que este blog que sigo desde hace tiempo y que me resulta interesantísimo, se haya parado a pensar en el nuevo Papa y lo que su llegada supone.

    El Papa, este y los anteriores, y la Iglesia bastante tienen con proteger a la principal especie en extinción, física y moral, el Hombre, como para dedicarse a la protección del miedo ambiente.

    No obstante, el que no haya encontrado en las últimas encíclicas referencias directas a la protección de la naturaleza, es algo cosa normal ya que no es el objeto de estas, de la misma forma que no existen referencias similares en leyes, declaraciones o balances de cualquier tipo de organización no directamente implicado en asuntos ambientales.

    No obstante creo que es importante saber que el Catecismo de la Iglesia Católica en vigor, dirigido por el entonces Cardenal Ratzinger y aprobado por el Papa Juan Pablo II, dice en su tercera parte y en el capítulo dedicado al 7º mandamiento:

    El respeto de la integridad de la creación.

    2415 – El séptimo mandamiento exige el respeto de la integridad de la creación. Los animales, como las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura (cf Gn 1, 28-31). El uso de los recursos minerales, vegetales y animales del universo no puede ser separado del respeto a las exigencias morales. El dominio concedido por el Creador al hombre sobre los seres inanimados y los seres vivos no es absoluto; está regulado por el cuidado de la calidad de la vida del prójimo incluyendo la de las generaciones venideras; exige un respeto religioso de la integridad de la creación (cf CA 37-38).

    2416 – Los animales son criaturas de Dios, que los rodea de su solicitud providencial (cf Mt 6, 16). Por su simple existencia, lo bendicen y le dan gloria (cf Dn 3, 57-58). También los hombres les deben aprecio. Recuérdese con qué delicadeza trataban a los animales san Francisco de Asís o san Felipe Neri.

    2417 – Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales son prácticas moralmente aceptables, si se mantienen en límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas.

    2418 – Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos.

  2. Pingback: Paco I -De Entrada, Lamentable - Armando Bronca

  3. antxon olabe dijo:

    Estimado David Ruyet

    El artículo me ha gustado mucho porque aborda con rigor y buena documentación, marca de la casa, un tema que me preocupa hace tiempo y al que se hacen pocas menciones por parte de las personas preocupadas por los problemas ambientales y, en especial, por el cambio climático: la responsabilidad y actitud de las grandes tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad.

    He encontrado, sin embargo, un párrafo que me ha sorprendido y que, me temo, es erróneo. Ni la biología, ni la ecología científica, consideran que los primates, ni el Homo sapiens, ocupan un lugar “privilegiado” en la red de la vida, en la evolución de las especies. La imagen evolutiva que se defiende desde la ciencia es la de un árbol, no una cadena. En el árbol las ramas crecen y se dividen en todas las direcciones. Unas ramas van desapareciendo, otras permanecen. En la metáfora de la cadena, se apuntaría hacia una concepción teleológica de la existencia – la vida apunta hacia un fin último: la existencia de seres conscientes, nosotros mismos. Eso es una mera creencia, no un postulado científico. Sencillamente, no somos “los reyes de la creación” ,sino una trama más del hermoso tejido de la vida surgido en 3800 millones de años de evolución. Como seres dotados de consciencia e inteligencia, lo que tenemos es una mayor responsabilidad en su preservación.

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