Ned Ludd y la Cuarta Revolución

Ned Ludd llamando a las armas. O su fantasma.

Año 1712. Thomas Newcomen diseñaba una máquina que generaba el vacío calentando y condensando vapor de agua. El vacío permitía la succión de una bomba, y la bomba extraer agua de las minas de carbón. Era la primera máquina de vapor. Luego el escocés James Watt la mejoraría (y de paso, se llevaría la fama). Quedaba inaugurada la Revolución Industrial. La Primera. Empezaba el periodo de la humanidad de mayores cambios económicos, tecnológicos y sociales desde el Neolítico. La máquina de vapor era la primera gran “general purpose technology” (o GPT), si obviamos la imprenta y la rueda. La economía tradicional, basada en el trabajo manual (o sea, más trabajadores igual a más crecimiento), era fulminada por la máquina de vapor de Watt o la spinning Jenny de James Hargreaves (más tecnología igual a más crecimiento). Empezaba la economía industrial, donde la tecnología era la clave: mecanización de la industria textil y el desarrollo de la metalurgia moderna (el IronBridge, el primer puente metálico, se construyó sobre el rio Severn en 1779).  Mecanizar la producción permitía aumentar la cantidad de producto acabado y, a la vez, reducir sus costes de fabricación. Pero las transformaciones fueron más allá: la economía rural, basada en la agricultura y el comercio, pasaba a ser una economía urbana o periurbana, industrializada y mecanizada. Crecimiento y aumento de la renta per cápita como nunca se había dado hasta entonces en la historia humana.

Año 1779. Un tipo enfadadísimo en Anstey, Leicestershire, destrozaba dos tejedoras mecánicas a martillazos y se daba a la fuga. Su nombre: Ned Ludd. No se le volvió a ver, pero empezaba su leyenda. Entre los obreros se extendía el mismo descontento del tal Ned. Sus malas condiciones laborales eran tan reales como el crecimiento de la nueva economía industrial. Lea a Engels o a Dickens. Da igual: dicen lo mismo. El pasado industrial siempre fue un asco. No obstante, eso del PIB per capita no interesaba mucho a los seguidores del fantasma de Ludd. Llamados luditas, tenían claro el problema: las máquinas eliminan puestos de trabajo de las personas. Tenían también clara la solución: quemar fábricas. De entrada, culpaban al fantasma de Ludd. Luego –a principios del siglo XIX, en especial entre 1811 y 1813- ya no se escondían. A ver quién les podía convencer de que si la tecnología aumentaba el tamaño de la economía, más gente entraba en el sistema. Más tecnología era menos personas trabajando en la industria, cierto. Pero también eran más personas en el sector de los servicios. El excedente de renta se destinaba a mejorar la calidad de vida o realizar nuevas inversiones, y ahí aparecían nuevas necesidades. Lo cierto es que sin sindicatos, poco más podían hacer para protestar. Quizás por ello el historiador Eric Hobsbawm argumentaba que los luditas (“the machine breakers”) hacían “negociación colectiva por disturbio“.

Las cuatro revoluciones industriales

Año 1870. La primera cadena de montaje en Cincinatti declara inaugurada la Segunda Revolución Industrial. Montaje en serie, electrificación de la industria, producción masiva. Del taylorismo al fordismo, y de ahí a Toyota durante “The Glorious Thirty” (1945-1975). La conflictividad salarial era -más o menos- limitada ¿por qué? Por un lado, se armó una red social de cobertura, y se protegieron las industrias vulnerables nacionales con subvenciones. Por otro, falta de alternativas: el experimento comunista de la Unión Soviética no funcionó. Así que el capitalismo funcionó de forma -más o menos- eficiente (socialmente hablando, claro) hasta los años 80 y su transformación en el neoliberalismo. Año 1969, aparece el Modicon 084, el primer PLC comercial programable. Tercera Revolución Industrial: computadores, electrónica, Internet. Además de Thatcher y Reagan, la revolución informática establecía un nuevo paradigma. Como siempre: nuevas tecnologías permitían mayores eficiencias y sinergias. Empezaba el gran downsizing de las estructuras laborales, que eran laminadas de todas aquellas funcionalidades (y sus trabajadores) que desarrollaban funciones programables y ofimáticas. Si hasta entonces las mejoras en la tecnología desplazaban a gente de la industria, ahora los desplazaban de los servicios. El siglo XXI y la consolidación de la globalización consolidaron el modelo: la ley de Moore (de 1965) implementada bajo el low cost de fabricación asiático permite nuevos procesadores exponencialmente más eficientes y baratos. Son robots cada vez más baratos y  rápidos en el desarrollo de sus rutinas (me resisto a escribir inteligentes).

Año 2016. En el Foro de Davos Charles Schwab, fundador y presidente del Foro, habla sobre la Cuarta Revolución Industrial. Auditorio lleno. Su libro tiene una reseña del Financial Times. La velocidad de los procesadores y la interconectividad lo están cambiando todo. Viene el Internet de las Cosas (el IoT): Máquinas que se comunican entre ellas sin intervención humana. Manufactura personalizada: no enviaremos 100.000 zapatillas a un almacén de distribución, sino que, las enviaremos a sus 100.000 clientes. Aún más: les enviaremos las zapatillas con los colores que ellos quieran. Falta muy poco para eso. Heladeras que te avisarán que los yogures van a caducar, o cepillos de dientes que te advertirán de una inminente caries. ¿Lo duda? Hay más ejemplos: ¿Chófer? El indiscreto coche de Google sin conductor ya circula. ¿Profesores de idiomas? Hay excelentes apps en el iPad. ¿Repartidores? Amazon dice que va a satisfacer los pedidos con drones no militares. ¿Operadoras telefónicas? Diga 8 si quiere saber cuanto lleva gastado en el celular este mes. ¿Contables? Las facturas electrónicas y el big data acabarán con ellos. ¿Cajeros? Pase usted la compra por el scanner con la etiqueta hacia arriba y pague con su tarjeta de crédito. ¿Atracos con pistola? Tiemble de verdad con los botnet, phishing, troyanos, gusanos, spam… ¿Quiere amigos? Cómpreselos en Twitter o, si quiere, en Facebook. ¿Guías turísticos? Póngase los auriculares, que el GPS sabe en que sala del museo está y le dirá quién pinto el cuadro. ¿Médicos? mire a la cámara y saque la lengua. Schwab calcula que peligran 5 millones de empleos mundiales. The Guardian dice que el 47% de los que hay en Reino Unido peligran. Inevitable.

IoT

En Buenos Aires, en estos días de verano, el Banco Central de la República Argentina autorizó el envío del resumen bancario (por ejemplo, de la tarjeta de crédito) sólo de forma electrónica. Hoy unas 4.000 personas que los reparten por correo postal. El otro día, los camioneros de la CGT del sindicalista Hugo Moyano colapsaron los alrededores del Banco Central con sus protestas. Algunos políticos quieren evitar que se elimine el envío aduciendo “derecho a la información”. Son neoluditas, no tan bestias como el más famoso de ellos: Theodore Kaczynski, el famoso Unabomber. Da igual. No se cansen. Perderán. El resumen mensual se enviará en formato pdf. Pero no se confundan. Si bien la solución que proponía el ludismo era estúpida (destruir las tecnologías para proteger puestos de trabajo que quedaron obsoletos) no estaban equivocados: máquinas más eficientes amenazan los puestos de trabajo tradicionales. Y seguirán amenazando a cualquier empleo que resulte programable. La capacidad de reconvertirse es muy limitada. No es que vaya a pasar; es que ha pasado siempre. ¿Cómo resistirse a un menor coste y menores demandas laborales? Aquellos con mayor formación y, por tanto, mayor capacidad de resolver problemas complejos, dispondrán de empleos más estables; aquellos con menor formación, un trabajo rutinario, y en posible competencia con un software sufrirán de una eterna precariedad laboral. Sólo sin rutinas no es posible armar una cadena de montaje, y las rutinas ya las hace un robot. Messi puede estar tranquilo; el resto no.

¿Hacia dónde vamos? La destrucción creativa de Schumpeter nos sigue permitiendo ganar eficiencia en los procesos. La duda es si es más destrucción o más creativa. Porque lo cierto es que se ha desarrollado un mercado de trabajo dualizado, donde la minoría menos formada es expulsada. Seguimos creciendo (poquito), pero una gran masa laboral no es capaz de capitalizar ese crecimiento: desempleo de larga duración incapaz de reciclarse o reinventarse se enquista en occidente. Tras la gran crisis de 2008 llega la llamada “recuperación sin empleo” (si es que es posible recuperarse con más deudas). Los trabajadores no cualificados se resignan a una rebaja de salarios (la  llamada “devaluación interna”). Mientras, los cualificados piensan a donde irse para no pagar los excesivos impuestos a los que cada vez más se ve sometidos. La clase media ya no existe (si es que existió), sino que somos todos clase obrera amenazada por la tecnología y atrapada por las burbujas de deuda. ¿Clase obrera? si usted deja de trabajar hoy y no puede vivir de rentas, es usted clase obrera. Y esa clase obrera, amenazada y humillada por la desigualdad del otro 1%, precisa de la protección de los estados para la subsistencia (que se siguen endeudando para financiar planes públicos de ocupación, que no dan resultados en el largo plazo). Después de 250 años, las quejas de Ned Ludd siguen vigentes. El tipo tenía razón. Nunca ganará.

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El mundo es VUCA

El VUCA o el eufemismo del paradigma del mundo actual, es decir CAOS11 de septiembre de 2001. Diecinueve terroristas, divididos en cuatro grupos, secuestran cuatro aviones que salían de Boston, Washington y Newark. Cada grupo tenía un terrorista piloto que se encargaría de manejar el avión una vez reducida su tripulación y estrellarlo contra un objetivo concreto: las torres gemelas del World Trade Center, el Pentágono –donde se estrellaron- y, según el capturado de Al-Qaeda Khalid Sheikh Mohammed, el Congreso de los Estados Unidos (al que no alcanzó, estrellándose cuando el pasaje intentó recuperar el control del avión en el famoso vuelo 93 de United Airlines). En ese momento en la US War Army College (o USWAC) se preguntaronn dónde fallaron. El USWAC (literalmente la “universidad de guerra del ejército”) es la escuela donde militares del ejército de tierra con licenciatura se preparan para ser los futuros generales (Eisenhower o Colin Powell son, por ejemplo, ex-alumnos destacados de la USWAC). ¿Cómo no pudieron prever esos ataques? ¿Qué nuevo mundo viene? ¿En qué competencias clave deben formar a sus futuros líderes militares? De ese proceso de reflexión interna en la USWAC recuperaron un término utilizado tras el fin de la guerra fría: VUCA. El mundo cambió tras el 11-S: era un mundo Volatile (volátil), Uncertain (incierto), Complex (complejo) y Ambiguous (ambiguo), las iniciales de VUCA. Informalmente, algunos militares empezaron a llamar a la USWAC como la VUCA University, pues el mundo ya es VUCA.

Efectivamente, nuestro caótico mundo multilateral del siglo XXI es VUCA. En realidad, una forma elegante y ordenada de decir, como en la película, que “It´s a Mad, Mad, Mad, Mad World”… Debemos aprender a sobrevivir en este mundo tan volátil, incierto, complejo y ambiguo. VOLATIL, pues es inestable e inesperado, la continuidad en el tiempo de cualquier cosa no está clara (¿quién pudo prever, por ejemplo, las primaveras árabes? ¿y quién vio que se desincharían tan pronto?); INCIERTO, donde lo que ayer era de una forma hoy es de otra; estamos aquí, cierto… ¿pero dónde? Sufrimos los efectos del entorno global, pero desconocemos sus causas; nada es seguro. Como nos enseñó Nassim Taleb en “El cisne negro” ahora lo altamente improbable es lo definitorio; COMPLEJO porque tenemos más información y más datos que nunca, y somos incapaces de gestionarlos en este mundo globalizado, hipertecnológico, multicultural y multilateral. Beinhocker dice que transaccionamos cada día más de 10.000.000.000 SKU, en un mundo cuya complejidad aumenta exponencialmente. 175 millones de tweets se envian cada día. Cada minuto se suben 2 horas de Video a YouTube… Manda lo general y no lo concreto… y AMBIGUO, pues para idénticos efectos podemos diferentes y demasiadas causales; no tenemos precedentes, y todos parecen a la vez enemigos y aliados (piense en los chinos, por ejemplo ¿qué son para occidente? ¿Salvación o condena?).

En el HBR nos contaban 'What relly VUCA means to you'

VUCA es el “new normal”. Pensemos, por ejemplo, en la integración de las regiones comerciales: en 1992 el Tratado de Maastricht formalizaba la Unión Europea con 12 países… y hoy ya tiene 28 miembros y es la mayor área comercial del mundo. En este 2015, en el sudeste asiático, Brunei, Camboya, Indonesia, Malasia, Birmania, Filipinas, Singapur, Tailandia, Laos y Vietnam se van a unir en ASEAN. La única forma de competir a la sombra del gigante chino y el indio. Pero mientras medio mundo parece que se une, en Latinoamérica hay de todo: en MERCOSUR (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela) están perdidos, UNASUR es un continente sin contenido y en la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) van por su cuenta y miran más hacia Asia que a la propia Sudamérica… ¿Cuál es el paradigma? ¿Unirse? ¿Separarse? ¿Ambos? Eso por no hablar de la geopolítica. El mundo está “on fire“, más alla del 11-S: la invasión de Irak de 2003, la crisis económica de 2007-2008, la confirmación de la irreversibilidad del cambio climático, la Crisis de deuda de la Zona Euro desde 2009, las tensiones en el Medio Oriente, la catástrofe de Fukushima, el conflicto de Ucrania en 2014… Fenómenos locales con clara afectación global. Así es el nuevo mundo VUCA: interconectado. Lo que afecta a una región del mundo repercute en otras. El mundo, además de ser el caótico VUCA, se ha convertido realmente en una economía global. ¿Cómo competir en este nuevo entorno?

Porque VUCA es caos… pero también presenta enormes oportunidades que sólo se van a poder aprovechar si el negocio tiene la capacidad de prever y adaptarse. Y es que existe una vía de actuación ante el mundo VUCA. Llamémosle VUCA*, y es aquél, donde la Volatilidad se cambia por VISION, la Incertidumbre por COMPRENSION (Understanding), la Complejidad por CLARIDAD y la Ambiguedad por AGILIDAD. Todas ellas nuevas capacidades que nos pueden permitir competir con éxito en el entorno VUCA. Vistas así las cosas…  ¿Puede ser la sostenibilidad una respuesta en el mundo VUCA? Incorporar la sostenibilidad en la Visión, es decir, en la planificación estratégica permite competir mejor en VUCA: tener claro a dónde se va. Y una respuesta a las cambiantes condiciones globales pasa por ser Ágiles en la modificación de esa planificación estratégica. Comprender que si nuestra estrategia de negocio (es decir como nos diferenciamos con aquello que hacemos mejor) sólo se traduce en beneficios, pero -por ejemplo- impacta en el medio ambiente estará condenada al fracaso. Si no se comprender la interrelación social-ambiental de la empresa con el medio, la supervivencia está en clara duda. Involucrar a todos bajo liderazgos claros y transparentes, pues las empresas tienen que reorientar sus estrategias corporativas y abrir el proceso de toma de decisiones para involucrar talento proporcione información y retroalimentación. La transparencia, o dicho de otra forma, la claridad y la coherencia con que se comunica la estrategia es un requisito para la sostenibilidad empresarial y, a la vez, es un requisito previo para la confianza de los clientes.

El VUCA* o como darle la vuelta al escenario VUCA y no morir en el intento

Veamos un caso práctico: el cambio climático. Sin duda es un perfecto ejemplo de entorno VUCA (complejo, cambiante, incierto y ambiguo). Pero también es un nuevo escneraio llego de nuevos mercados y oportunidades para los VUCA* (visionarios, comprensivos, claros y ágiles). “A la fuerza ahorcan” dice el refrán, y parece que uno de los argumentos más fuertes para adoptar programas de sostenibilidad corporativa es el cambio climático. Calentamiento global no es bajada de temperaturas medias… es caos climático. Es mayor número de fenómenos meteorológicos extremos (como se contó en este post), que crecen en escala y amenaza. Son cambios en las cosechas. Es modificación de ecosistemas y especies. 2013 y 2014, el año más caliente de la historia, el  confirmaron algunas de las evidencias más devastadores del empeoramiento de las condiciones meteorológicas. El desafío de revertir el calentamiento global es desalentador, pero el reto real es darse cuenta ahora que cualquier escenario que no sea es es siempre peor. Cuando Paul Polman, CEO de Unilever, dijo en 2009 que iba a duplicar la facturación de su empresa, a la vez que iba a reducir a la mitad sus emisiones de carbono en los próximos cinco años, parecía un tarado, o peor: un mentiroso. Polman cree que el mundo es VUCA. Y quizá por ello habla de humildad, sostenibilidad, diversidad, inclusión o que el beneficio no es lo más importante… Con más o menos éxito en sus objetivos corporativos (presenta unos crecimientos sostenidos de facturación pero no acaba de cumplir los objetivos de reducir su carbon footprint), lo que sí logró Polman es que cuando dice “necesitamos personas que se preocupan más por los demás que a sí mismos” crees que lo dice en serio.

El General Goerge Casey en Irak. Lo peor que le puede pasar no es que bajen sus vendas o sus clientes se vayan a la competencia. Así que igual hay que escuchar como entiende el mundo VUCA

VUCA es la realidad de nuestro mundo actual. Es el escenario “new normal” y nada nos hace pensar que no seguirá siendo de esa manera en los próximos años. Las condiciones globales continúan cambiando, la tecnología evoluciona, la geopolítica es multilateral, el mundo está interconectado, y no sabemos nada de nada… En pocas palabras, “el sólo sé que no sé nada”de Sócrates es el nuevo paradigma. Estrategias corporativas basadas en la sostenibilidad corporativa aplicadas al modelo de negocio actual de los medios, que surjan de repensar la estrategia corporativa pueden ser muy válidas. Y más válidas serán en tanto sean activas y no reactivas. Si no, no queda otra que navegar como dice mi admirado Angel Castiñeira “mediante navegación de cabotaje, cerca de la costa” a través de este período de turbulencia global.  La alternativa pasa por liderar el cambio, repensarse y actuar. Navegando sin miedo en alta mar, y con renovada confianza pues hay un VUCA* más allá de este mundo VUCA.

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Uber, Zidane y querer romper paredes a cabezazos

La pantalla de Uber. Busque su modalidad de transporte, espere y viajeEn el verano de 2009  Garrett Camp y Travis Kalanick, dos jóvenes informáticos norteamericanos, diseñaron una aplicación denominada UberCab. La idea era sencilla: tras un click a una aplicación de un smartphone, un taxi (cercano y libre) te pasaría a buscar por dónde estuvieses. Esa app funcionaría de forma simple: creada una cuenta, entrados los datos de una tarjeta de crédito y un e-mail, cada vez que se solicite, UberCab buscaría el taxi más cercano por GPS tras triangular la ubicación de la persona y el auto, que llegaría rapidísimo. Lo de ‘Über‘ sería por el prefijo alemán, que significa “por encima de” o “más allá de“. Se trataba de un win-win de manual: taxi y cliente se pueden encontrar sin verse, sin llamadas, incluso estando uno muy cerca del otro. Eficiencia en tiempo, ahorro de combustibles y sostenibilidad en una misma acción. En junio de 2010 lanzaron el servicio UberCab (vea el video de cómo funcionaba la app hace 4 años) en la ciudad de San Francisco para smartphones con sistema operativo IOS o Android. La idea era atractiva, y consiguió más de 32 millones de dólares del Venture Capital norteamericano a final de 2011. Inversores convencidos de la idea son Goldman Sachs, Menlo Ventures o el Bezos Expeditions, de mi admirado Jeff Bezos de Amazon.

Pero las cosas se empezaron a torcer. A poco de implantarse, los taxistas de San Francisco protestaron. Eso se ha ido repitiendo en todas y cada una de las ciudades donde UberCab se ha ido presentando. En realidad, ya denominado como “Uber“, pues en 2010 la Autoridad Metropolitana de San Francisco prohibió del “Cab” -en inglés “taxi”- para “no llevar a engaños“. Porque Uber no sólo permite localizar taxis sin pasajeros cercanos, sino también otros autos con conductor (o sea sin licencia municipal) dispuestos a llevarte por un precio convenido, y que le han facilitado a Uber sus datos. Y ahí estaba el problema para los taxistas. Uber no sólo quería ser un localizador de taxis libres, sino algo mucho más ambicioso: el “everyone’s private driver” (como dicen en su propia publicidad). En otras palabras, localizando chóferes (cualesquiera) Uber pasaba a ser un comisionista P2P del enlace por GPS entre cliente y conductor por un trayecto convenido, tuviera o no de una licencia de la administración. Para los taxistas Uber era el nuevo Napster de su industria: un pirata que les iba a quitar lo que legalmente les pertenecía por su licencia. Para Uber los taxistas son unos retrógrados, que están anclados en un modelo de negocio obsoleto, cuando ellos sólo buscan beneficiar al consumidor. ¿Es realmente así?

Los taxistas en pie de guerra contra Uber

Los taxis los inventaron a finales del siglo XVI, los (sorpresa)  Taxis. Estos eran una familia de origen lombardo, llamada Della Torre e Tasso, que cambiaron su nombre a Thurn and Taxis cuando se radicaron en tierras alemanas. Ruggiano de Tassis estableció un servicio postal en Italia en 1580 y, más tarde, su nieto Franz von Taxis estableció un servicio de postas entre Holanda y Francia a principios del siglo XVII, y luego entre el imperio otomano del Rey Maximiliano I y el rey español Felipe I en 1604, de forma que les aseguraba llevarles el correo. Esse tipo de servicio en el siglo XV no era caro…¡era carísimo! pues debía asegurarse la inversión de los taxistas (o sea de los Sres. Taxis) para que con sus carrozas de color amarillo se llevase el correo de un lugar a otro en tiempo mínimo (aseguraban 15 días en verano y 18 en invierno, por ejemplo, entre Bruselas y Granada en el siglo XVI). De ahí que el servicio de licenciara, y hasta el siglo XVIII la familia Taxis mantuviese ese monopolio postal en buena parte de Europa occidental. Como con otras muchas cosas, el monopolio de la licencias de  transportes se mantuvo hasta el siglo XX, cuando se implanto el mismo modelo de monopolio público de taxi en las ciudades. De forma generalizada en casi todo el planeta el servicio de transporte de pasajeros con conductor se limita, otorgando un número limitado de licencias a algunos conductores mediante una concesión administrativa de permisos.

¿Tiene sentido hoy que el taxi siga siendo una concesión? Si se limitan licencias es para incentivar unas inversiones privadas difíciles de obtener en competencia. Esos monopolios artificiales tienen por intención asegurarle a un inversor su enorme inversión (como por ejemplo, la construcción y explotación de autopistas o la telefonía móvil). Es de suponer que en 1950 tuviese sentido que un taxista viese protegida su inversión en un automóvil de gasolina (que hasta Toyota era carísimo), y generar en ese sector una estructura de monopolio artificial (pues no se le pide a un taxista ningún mérito, garantía o capacidad especial). Sin embargo, hoy no parece que existan esas barreras para el sector. Así, limitar el número de taxis, equivale a que el consumidor pueda estar pagando más de lo que toca (si hay menos número de taxis de lo que se precisa, seguro que se paga más por ello). Eso lo podría confirmar el desorbitado precio de venta de las licencias de taxi en el mercado secundario (mire lo que piden en Argentina o en España). En Argentina (donde vivo) o Uruguay existen los populares remís. Ese servicio de transporte de pasajeros en auto, no son licenciatarios como los taxis, sino que te llevan de un lugar a a un precio fijo según acuerden cliente y conductor. Surgieron a final de los 90, como respuesta a la creciente inseguridad y pueden ser tan buenos o tan malos como cualquier taxi, pero generalmente el precio es inferior y sin sorpresas. Lamentablemente, el esquema de los monopolios artificiales que progreso, tecnología y educación han dejado obsoletos es muy común. Piense en las farmacias, los notarios, la venta de loterías, los estancos… ¿Tiene sentido limitar su número con una concesión sin ninguna exigencia especial? ¿Es lógico mantener esos oligopolios y sectores protegidos que el tiempo dejó sin sentido? parece que no…

Uber es la Start-up TIC más capitalizada del mundo

Pero ¿Y Uber? ¿Es tan altruista como parece? Que su valoración sea hoy de 18.700 millones de dólares, parece un enorme negocio de futuro para localizar taxis…. La ventaja competitiva de Uber (que vale más que Repsol) se basa en que sólo él dispone de una valiosa información (ubicación de clientes y proveedores en tiempo real) y que, por tanto, puede condicionar el proceso de fijación de precios al casar oferta y demanda. Cuando hay taxis disponibles, Uber baja el precio del taxi una media del 25%. Sin embargo, cuando no hay taxis disponibles, o mucha demanda (cosa que Uber sabe), su transporte Uber (el UberX) resulta bastante más caro. El algoritmo de Uber (el surge pricing) es similar al de compra de plazas de avión por internet: con más demanda y misma oferta los precios suben…  Algunos estudios muestran que el UberX es más caro más del 50% del tiempo. Hay casos documentados de abuso flagrante: el tipo de Nueva York que pagó 219 dólares por viajar 11 kilómetros, los precios 6 veces superiores al normal en Fin de Año, o cuando elevó los precios por el huracán Sandy, justificado en su “Dynamic Pricing System“. Las quejas obligaron a Uber a pactar con las autoridades de Nueva York unos precios máximos en situaciones especiales. Es obvio que Uber presenta un nuevo e interesante modelo de negocio, pero ¿este sistema es el que realmente se precisa? ¿El modelo obsoleto del taxi con licencia queda mejorado por el enorme poder que concentra Uber?

No sé si Uber tendrá éxito (hoy es la mayor start-up del mundo…), pero sí tengo claro que el negocio de los taxis con licencia (es decir la hiperregulación sin sentido) está condenado al fracaso. Nada justifica ya que un taxi tenga una licencia exclusiva… Es parecido a la suspensión que tuvo el ex futbolista Zinédine Zidane (uno de los mejores de la historia) para poder entrenar a un club de la segunda división española, al no tener licencia. ¿Era eso un problema? ¿Qué ventaja tiene exigirla? ¿Asegura el carnet de director técnico ser mejor? ¿Protege al socio de un club que Zidane -que lo ganó todo- no tenga carnet, y uno que nunca jugó a fútbol sí? Está obvio que no: se trata de otra barrera que dificulta la competencia y no añade valor. Uber no es un modelo de consumo colaborativo (aunque les gustaría ser un common social…), sino un algoritmo de generación de coste marginal cero (lo que Rifkin cuenta en “Marginal Zero Cost“…), todavía sin competidores y será necesario limitar esa posición dominante. Quizá aparecen cincuenta Ubers y usted podrá encontrar su taxi en la app que más le guste, igual que ahora llama directamente a la compañía de taxi que quiere. Quizá se obligue a Uber a hacer público su algoritmo, reconociéndole derechos como una patente. Qué sé yo…   En cualquier caso, y desde la visión de esa eficiencia económica, Uber está creando un segmento de negocio nuevo a partir de una commodity que complementa al taxi de licencia, que ha perdido su razón de ser (y, de paso, genera nuevos empleos). Sería otro ejemplo más de la famosa destrucción creativa que proponía Schumpeter (que ya se contó en este post de 2011), y contra el que queda claro que no tiene sentido pegar cabezazos como argumento en la discusión.

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¿Está muerto el activismo ecologista? “Podemos” como paradigma

La portada del famoso %22the death of environmentalism%22 com el no menos famoso y falso proverbio chino de que el simbolo de crisis es oportunidad y amenaza. Pues no

En Octubre de 2004 dos ecologistas americanos, Michael Shellenberger y Ted Nordhaus, presentaban un texto titulado “The Death of Environmentalism” (traducido al castellano aquí y aquí). Estos señores no eran, en absoluto, desconocidos; fundadores del Breakthrough Institute (algo así como “el instituto de los grandes logros”, centrado en propuestas para una nueva sociedad desde una visión claramente ecologista) tenían un interesante historial de activismo green. Durante la reunión anual de la Environmental Grantmakers Association, una relevante institución norteamericana donantes de fondos a asociaciones ambientales, presentaron ese provocativo texto que iniciaría un interesante debate sobre el futuro del ecologismo. Para evitar dudas le añadieron “políticas en un mundo post-ambientalista” de subtítulo. Y sabrá que el prefijo post + algo (post-moderno, post-romántico, post-material…) suele plantear la defunción del algo, a veces con la idea de renovar ese algo. El texto tuvo una amplia repercusión global, consiguió referencias en Wired o en el New York Times, y abrió uno de los más interesantes debates sobre ecología en esos años (como escribía “The Economist” en abril de 2005 en “Rescuing environmentalism“). Criticados duramente por los ecologistas históricos (como Sierra Club o Greenpeace) y nombrados “héroes” para otros, esos dos “bad boys“del ecologismo, abrían un más que necesario debate: la necesidad de actualizar en el siglo XXI un decadente movimiento ecologista-ambientalista.

Shellenberger y Nordhaus (norteamericanos), defendían la idea de que los grupos ambientalistas habían fracasado totalmente en su intento de cambiar la sociedad. Entendían que la acción ecologista ya sólo se significaba por ser poco más que un conjunto de actuaciones descoordinadas de protesta, aisladas, más cercanas a las de un simple grupo de presión, que a una alternativa real política o social. Desde su visión, tener un sesgo ideológico más social y menos ambiental habría herido de muerte al movimiento ecologista. Enfoques demasiado cercanos al neomarxismo, centrados en la problemática social, en un recurrente rechazo al capitalismo y a la tecnología, y por todo ello menos enfocados al ecologismo, habrían resultado fatales. Igualmente -decían- la apuesta por el litigio legal como principal línea de actuación  así como un mensaje catastrofista generaban un negativismo sin mucho recorrido. Curiosamente, el texto provenía de la mirada crítica del sector ecologista de Estados Unidos, un país que ha obviado demasiado a menudo al medio ambiente (que paradójicamente, y como se comentó en este otro post, no creen en el calentamiento global, pero sí en el ahorro energético). Tanto Clinton, como Bush Padre (con Rio) Bush Jr. (con Kyoto) o Obama (aún no sé si ha hecho algo, la verdad) nunca lo entendieron como un tema a incorporar en la agenda, o al menos hasta hace muy poco

"Cambia el sistema no el clima"; un interesante mensaje donde el activismo social canibaliza al ecologico. Y ni uno ni otro

¿Cómo surgió el ecologismo? El elevado crecimiento demográfico, el desarrollo técnico y científico y el propio devenir del hiperconsumista capitalismo occidental, marcadamente antiecológico, de finales del siglo XX, planteó a buena parte de la sociedad la necesidad de denunciar el riesgo a una catástrofe ecológica irreversible (aquí un post sobre el origen, las características y la personalidad del ecologismo). El movimiento ecologista surgía como puro activismo social, que SIEMPRE surge ante la debilidad o incapacidad de los partidos políticos tradicionales para representar los intereses y demandas (nuevas o no) de crecientes sectores sociales. En cualquier caso, el activismo ambiental no deja de ser un fenómeno reciente, opuesto SIEMPRE a las instituciones de gobierno existentes y que, en su origen, ocupó el espacio de las antiguas organizaciones de clase obrera, que en los 90 fueron sistemáticamente congeladas, jibarizadas o destruidas (recuerde este otro post) por el neoliberalismo. Fue el desinterés de los partidos tradicionales por la cuestión ambiental y ecológica, el que genero ese espacio de activismo; algo paradójico pues si existe esa inquietud social… ¿por qué no la asumen los partidos mainstream?

Era obvio que, con el tiempo, el original activismo off system de los ecologistas (como lobby más o menos estructurado), pasaría a la acción política real. Sus primeras iniciativas surgieron en Europa (Reino Unido, Francia y Alemania) a finales de los 70. Estos partidos suelen asumir dos ubicaciones en el espectro político tradicional izquierda-derecha: o cercanos a la izquierda marxista, alternativos, y con claras consignas antimilitares y antinucleares, o cercanos al conservacionista ambiental, más apolíticos y generalmente muy locales. Serían los llamados, respectivamente, verdi-rojos (algunos les llaman “sandías”, despectivamente: verdes por fuera, rojos por dentro) o verdi-verdes.  Sus resultados (ya sea como partidos ecologistas puros o como ecosocialistas) han sido conseguir una adhesión muy pequeña del electorado mordiendo cuota del tradicional electorado de izquierda, siendo su máxima aspiración llegar a ser “bisagras“. Sus mejores resultados (sobre el 10%) suelen darse en las elecciones al Parlamento Europeo o en las elecciones generales alemanas; sin embargo, en las elecciones nacionales de cada país (en Europa; testimoniales en el resto del mundo) suelen tener resultados entre el 1% y el 8% del total de votos emitidos (puede chequearlo aquí). Esto resulta también algo paradójico, pues si no existe nadie que esté contra el medio ambiente (¿conoce alguno?), entonces… ¿por qué no forma parte de las prioridades políticas del electorado?

El cartel electoral de Podemos; parace que si pudieron. La duda es si podran mas, pero los que quieran deberian fijarse en lo que hacen.

La durísima crisis económica en el sur de Europa ha generado espacio para nuevas formaciones políticas,como la Syriza de Alexis Tsypras o con el movimiento 5 Stelle Nacionale de Beppe Grillo, con un estilo y propuestas contrapuestas a los agotados partidos políticos existentes. En España Podemos, una iniciativa fundada en… ¡enero de 2014!, tendría hoy la intención de voto del 30% del electorado español. Otra cosa será su posterior capacidad para vertebrarse y subsistir dentro de un sistema político y, en especial económico, muy complejo. En realidad de Podemos interesa analizar la forma y no el fondo (que propongan lo que quieran y si les votan, que ganen: eso es la democracia). ¿Es posible diseccionar el éxito de Podemos en las europeas? (la que les dio 1,2 millones de votos en España…). De entrada, un equipo profesional, con politólogos, y gente muy motivada (qué saben lo que hacen); elevada personalización (no olvide que no se votan programas, sino rostros, maneras, líderes, marcas…); mensajes muy claros y lenguaje muy simple (“la casta” y otros elementos folklóricos de la rancia lucha de clases: “los de abajo y los de arriba“); ambición (“nos presentamos para ganar“); guiños intergeneracionales; ausencia de pasado y antecedentes (ni buenos ni malos); uso de las redes sociales (los militantes ahora son activistas) y la tranquilidad que da saber que no se tendrá que cumplir ningún programa y que, por tanto, se puede vender lo que se quiera… Pero lo cierto es que Podemos supo leer en el fracaso del movimiento 15M español (una explosión renovadora de ideas, aunque sin líderes, programa ni instituciones) cómo articular un liderazgo efectivo y claro, tomando su herencia (sus ideas). Nada nuevo ni original (vea su campaña en este video), pero sí muy efectivo, ayudado por la mediocridad de los soberbios, rígidos y trasnochados partidos tradicionales españoles.

Ese progresivo abandono del ecologismo del espacio central de la comunidad puede extraer, quizás, interesantes lecciones de la emergencia de Podemos. Probablemente lo que falló en el movimiento ecologista (totalmente fracasado como alternativa) fue la pérdida de la batalla de las ideas. El rechazo de soluciones pragmáticas, la deriva a la utopía permanente, la ausencia de transversalidad, la negación del análisis de costo-beneficio… Todo ello nos ha privado de un movimiento verde pensativo. Y aunque Shellenberger y Nordhaus certificaron la defunción del ecologismo clásico con el nuevo siglo, no es posible decir lo mismo del activismo social. Efectivamente, desde 2010 han surgido interesantes movimientos ciudadanos: las primaveras árabes, Occupy Wall Street, el citado #15M,  el movimiento pro vivienda asequible en Israel, la movilización estudiantil en Chile… y demás movimientos de ocupación (a todos los niveles) del espacio público y del debate. Todos ellos no son sino movimientos de reacción y protesta que, de entrada, quieren denunciar un estado de las cosas. No se centran en proponer soluciones; simplemente buscan poner de manifiesto la situación actual y exigir cambios (por lo general a los demás). Por esa misma razón, el actual ecologismo debe plantearse hacia dónde y de qué manera canalizar toda esa necesidad (insatisfecha) de los ciudadanos para integrar, articular, movilizar y representar sus inquietudes ambientales (y si quiere, por extensión, sociales). El progresivo empowerment de las comunidades, así como la posibilidad que establece la tecnología digital de generar procesos de inteligencia colectiva y, con ello, de enriquecer el debate, nos lleva a un escenario donde puede ser posible innovar y transformar la sociedad de un modo efectivo. Y eso sí que no podemos desaprovecharlo.

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¿Se acabó el trabajo? (y V): Epílogo

Pues no; para según qué parece que no se necesita personal...

Hace unos días la OCDE exigía medidas urgentes para reducir el desempleo mundial. La OIT, la agencia del trabajo de Naciones Unidas, contaba en su informe “Tendencias Mundiales del Empleo 2014” más de 200 millones de desempleados en el mundo en 2013 (202 exactamente; el 6% de la masa laboral mundial). Los más perjudicados son los jóvenes: hasta 74,5 millones de potenciales trabajadores de menos de 24 años están desempleados (el 13%, es decir más del doble de la tasa general)… Por regiones (¡atención!) el 45% está en… ¡Asia! pero no en América Latina (ya sabía yo que no me equivocaba viniendo acá…). La gran crisis del 2008 destruyó una enorme cantidad de empleos: más de 62 millones estarían asociados al crack. Si las cifras son desalentadoras, la tendencia según la OIT es… empeorar. Efectivamente, en los próximos 3 años se esperan hasta 13 millones de nuevos parados. Y si bien se crearían empleos, estos serían absorbidos por los trabajadores que se incorporan al mercado, con tendencia a aumentar el desempleo de larga duración (como se contó acá), el empleo precario y el informal (“en negro”, vaya).  Además, el previsible aumento demográfico hará más urgente crear nuevo empleo: la IOM estima que será necesario crear unos 600 millones de puestos de trabajo durante 15 años para mantener constantes las tasas de empleo. Parece complicado…

El siglo XXI, por tanto, parece que no varía la tendencia a la modificación estructural del empleo de toda la industrialización. La duda es qué estructura queda… Con el fin del XIX desaparecieron, a la práctica, los campesinos; con el XX, los obreros industriales. El XXI deja un páramo para determinados perfiles laborales. Cada nueva etapa del capitalismo, con sus disrupciones tecnológicas, ha ido finiquitando la workforce que la fundamentó. ¿La famosa destrucción creativa de Schumpeter aplicada al trabajador de a pie? Parece… A principios del siglo XX, los abonos nitrogenados sintéticos, que aumentaron los rendimientos productivos en el campo, transformaban las explotaciones agrarias. A finales, las revolucionarias TIC permitían transformar el capitalismo “industrial” del siglo XX en un nuevo capitalismo “financiero”, donde trabajador y capital dejaban de colaborar. En consecuencia, la cadena de producción obreros-ingenieros-directivos quebraba (recuerde el segundo post de la serie) buscando organizaciones más esbeltas. Los sucesivos progresos técnicos, además, expulsaban a todo aquel trabajador que no se pudiese adaptar al nuevo entorno. Las subcontratas sustituyeron a los obreros y las consultoras a los ingenieros. La externalización era el nuevo paradigma.

El aumento de la eficiencia técnica ha ocurrido más rápido de como se afrontó el problema de la absorción de la mano de obra; la mejora del nivel de vida ha sido algo demasiado rápida, el sistema bancario y monetario del mundo han evitado que la tasa de interés caiga tan rápido como equilibrio requiere“. Esto (sorpréndase) lo escribía Keynes en 1930 en un corto y célebre ensayo -en realidad una conferencia pronunciada en Madrid- denominado “Economic Possibilities for our Grandchildren“. Keynes, ya pensaba entonces en los efectos de la tecnología como generador de desempleo: “nuestro descubrimiento de medios de economizar el uso del trabajo va descompasado con la capacidad para encontrar nuevos usos para el trabajo”. Aumentar la productividad con la automatización reduce, en la teoría, el uso de mano de obra y aumenta los ingresos. Idealmente, en la teoría, eso genera una demanda de nuevos productos y servicios que, a su vez, crea nuevos puestos de trabajo para los trabajadores desplazados. Sin embargo, no ha sido así. Hoy la confusión es el nuevo paradigma. Los bruscos cambios tecnológicos y sociodemográficos de los últimos años -en un mundo de por sí demasiado complejo- han desequilibrado al sistema. Esperemos que sólo sea de forma transitoria.

¿Que aspecto tiene el trabajador del futuro? Premio para el que lo sepa..Los perfiles demandados hoy son muy distintos a los que se buscaban sólo hace unos pocos años. Como preveía Keynes, emergen nuevos perfiles profesionales ante el cambio tecnológico. Hoy el obrero urbano sin cualificación suficiente viene a sufrir tanto como el herrero o el trabajador en un telar cuando les cayó encima la revolución industrial. Occidente ya es un mundo sin fábricas y con una profunda histéresis en la persistencia del desempleo. No obstante, intentemos contestar a la pregunta. ¿Como va a ser el nuevo trabajo? Pensando en las economías -digámoslo así- más maduras, donde las interacciones entre agentes y sectores son más complejas, y el gran peso de la producción no es de la fabricación industrial a bajo coste, podemos intuir algunas tendencias (en orden aleatorio, por supuesto…).

1) Menor intervención estatal y peso de los sindicatos: esa tendencia parece irrefrenable. El peso de los sindicatos va a la baja, y el clásico asociacionismo salarial no parece que cuaje mucho en la masa laboral. La postmodernidad es, básicamente, individual. Sólo las economías llamadas “emergentes” (en realidad, ya emergidas), que han optado por el proteccionismo para defenderse de las potencias del G8, quedan como ejemplos de estatización, intervención constante o gran peso de lo público.

2) Necesidad de nuevos perfiles: el aumento de la productividad en un sector (causa de progreso) le obliga, a la vez, a eliminar empleos. Si hace un siglo algo se producía con 100 horas y hoy con 2, eso sólo admite: A) destruir empleo, o B) producir 50 veces más… Pero los progresos en un sector siempre liberan fuerzas para la producción en otro. A su vez, las máquinas evitan empleos que, en realidad, son innecesarios. Por tanto, el reto es pasar de la cantidad a la calidad. Reformarse y reformularse.

3) Desajustes geográficos: los trabajadores con habilidades deseadas pueden ser escasas donde se contrata, mientras que lugares con mayor desempleo pueden crearlo de manera insuficiente. Nunca olvide que las empresas siempre acuden donde el talento es abundante o donde los costes son bajos. “Movimiento es vida”, decía Brad Pitt rodeado por zombies. Razón no le faltaba.

4) Sectores: La gran pregunta es: ¿Cuál es la próxima big thing? ¿El cloud computing? ¿La Nanotecnología? ¿La Genómica? ¿La salud? ¿El cuidado de los mayores? La respuesta vendrá de las nuevas empresas que los emprendedores puedan crear – y destruir – con más facilidad que nunca, del acceso a los capitales inversores, y de la facilidad para constituir esas oportunidades de negocio.

5) Trabajar menos y mejor: el telecommuting (trabajar desde casa), la reducción voluntaria de jornada, las excelencias temporales no retribuidas, la promoción lateral (cambiar de tareas sin cambiar de empresa)… todos esos nuevos formatos, que vienen a ser algo así como “trabajar menos” o, al menos, “trabajar diferente” (y así conseguir un mayor estímulo), se espera que también vayan al alza.

6) Mantenimiento de las cotizaciones sociales en el cambio de empleo: La pensión privada, los ahorros personales y la Seguridad social son (en cada país según corresponda) esa parte del salario que cada vez puede ser más valiosa. Asegurar, por no decir blindar, esos capitales aportados, acceder a ellos, privatizarlos, etc. serán una variable que en los próximos años debería formar parte del paquete retribuido de cualquier trabajador, y que contribuirá a ser más flexibles.

Quiero trabajar

¿Desaparecerá el trabajo? Está claro que no. Porque, en el fondo, la historia del empleo es la misma que la de la economía, como ha podido ver en toda esta serie de posts. Desde la industrialización y el taylorismo, hasta su crisis en el ultimo tercio del siglo XX con el big downsizing, cuando la “economía social del mercado” ya presentaba cierta esclerosis. Ese modelo de crecimiento, de profunda inspiración católica, y creado en los años 40 como única y atractiva alternativa al socialismo-comunismo, entraba en apuros con la embargo del petróleo de los 70. La única forma de soportar ese escenario de costes crecientes (porque energía es economía), era una devaluación interior (en términos reales)de las economías occidentales tan consumidoras de petróleo como dependientes de él. En ese momento (tanto en el 70 como en el 79) fue imposible reducir los salarios (por el peso de los sindicatos), así que cayeron las tasas de beneficio. Sólo aumentaron los beneficios empresariales cuando el pleno empleo dejó de ser un compromiso de los gobiernos, los salarios dejaron de estar controlados por los sindicatos, y se reestructuró la base de la economía productiva en Occidente (pasando de industrial a financiera). Tecnología (las nuevas TIC) y política (el fin del comunismo y el triunfo neoliberal) cambiaron el mundo del trabajo para siempre. La desindustrialización de occidente y la gran globalización mundial son esta última etapa de un entorno laboral cada vez más “líquido” y exigente.

Por lo tanto, el trabajo no se acabará. Mutará en forma y número pero sin desaparecer. Porque, en el fondo, eso es el capitalismo: consumo y destrucción hasta un nuevo estado. Así que desespérense lo justo: los puestos de trabajo que se crearán en el futuro inmediato no se van a parecer a los que se han perdido; los que se acaban de perder, no podrán ser fácilmente cubiertos por los desempleados de hoy. El reto fundamental -a nivel individual y colectivo- es comprender cómo la naturaleza del trabajo está cambiando en cada momento, y cómo preparar a tantos trabajadores como sea posible para esos empleos del futuro, sin dejarse a nadie por el camino. Casi nada…  “La depresión mundial reinante, la enorme anomalía del desempleo en un mundo lleno de necesidades, los desastrosos errores cometidos… nos ciegan para ver lo que está sucediendo bajo la superficie y nos impiden alcanzar la verdadera interpretación de los hechos” decía Keynes en 1930. Probablemente fue así.  Probablemente es así. Probablemente siempre sea así.

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