Solyndra, o cuando lo que separa éxito y fracaso es tan fino como una célula fotovoltaica


Es mayo de 2009. Barack Obama visita la fábrica de Solyndra en Fremont, California. Arnold Schwarzenegger se sienta en primera fila. Allí les dice a sus trabajadores, entre vítores y flashes de smartphones: “The true engine of economic growth will always be companies like Solyndra”. Joe Biden, el vicepresidente, sale en un vídeo diciendo que en Solyndra se crean “the jobs of the future”. ¿Ejemplo de la economía sostenible? Solyndra. Aplausos. ¿Futuro? Solyndra. Fundada en 2005 –durante el segundo mandato de George W. Bush-, cuando los Estados Unidos promulgan la “Energy Policy Act” vislumbrando las grandes oportunidades del sector CleanTech. El principal producto de Solyndra son unas células fotovoltaicas cilíndricas de capa fina, especialmente pensadas para instalarse en cubiertas por su especial diseño. Además, el uso de una innovadora combinación de materiales semiconductores a base de cobre, indio, galio y selenio (abreviadamente, CIGS) permite un menor coste de fabricación y mayor rendimiento que las comunes células solares fabricadas con silicio. Se van a comer el mundo.

Telegráficamente: Solyndra empieza a vender células en 2006. Chris Gronet, su CEO, es todo un entrepreneur. Despegamos. Esperanzas. En marzo de 2009 las perspectivas son crear más de 1.000 empleos; las ventas son de unos 100 millones de dólares anuales. Se solicitan ayudas a la Administración vía la “Energy Policy Act“, que permite otorgar préstamos garantizados para apoyar a empresas innovadoras. Solyndra pilla hasta 535 millones de dólares en el reparto, que se usan para una nueva fábrica. Cambiamos al CEO y traemos a Brian Harrison de Intel, que sabe del silicio (la competencia) y creceremos aún más. Thanks, Mr. President. Inauguración en septiembre de 2010. Video. Crecemos, ¿lo ves?. Ventas de 140 millones de dólares. En noviembre de 2010 toca un ajuste de plantilla, para adecuar las dos fábricas (que pueden hacer hasta 300 MW/año). No es ná. Coyuntural. Don’t worry. Previsión de ventas de hasta 2.000 millones de dólares. En marzo de 2011 sale el megavatio nº100 vendido. I told you. Nothing’s gonna stop us now.

1 de septiembre de 2011: Solyndra declara la quiebra definitiva, despidiendo a todos sus trabajadores y finalizando su actividad. 7 días después el FBI entra en sus oficinas para registrarlas. Como debió decir Obama cuando se enteró: “What the fuck????”

El, llamémosle así, caso Solyndra ha generado muchísima polémica. Se le ha puesto de ejemplo de casi todo: desde la incompetencia, al amiguismo; desde la inutilidad de la energía solar, a la necesidad de racionalizar las ayudas públicas; desde la existencia de una burbuja green, a las sospechas de despilfarro. Seguro que hay algo de todo eso. Sobretodo una nefasta gestión de los directivos de Solyndra. Los Republicanos se han puesto las botas con Solyndra y Obama. El New York Times sigue el tema de cerca. El Washington Post le va a la zaga. En Forbes dicen que se veía venir. Y es que los resultados de Solyndra eran muy malos ya en 2009: en el tercer trimestre, para unas ventas de 59 millones de dólares los gastos eran de 108 millones; todo ello con el 49% de las ventas  (17 MW vendidos) realizadas a tres clientes. Aún así, con pérdidas y un rating B+, se les concedió el préstamo. Patinazo de Obama al articular su discurso con un bluff. Sospechas merecidas (uno de los mayores accionistas privados de Solyndra, George Kaiser, fue un gran contribuyente de la campaña de Obama y parece que medió en la concesión del préstamo). Todo eso es cierto, pero ¿eso fue todo? ¿hubo algo más?

Desde mi punto de vista hubo algo más. En concreto, y al menos, dos cosas más:

  • El precio del silicio: Solyndra tenía un producto bastante bueno pero muy caro; el mayor rendimiento que debería tener (14%) no era tanto (sólo del 8,5%) y no se justificaba su mayor precio. Además, la capa fina sólo tenía el 13% del mercado frente al silicio convencional que tenía más del 90%. No obstante, en 2006 y con los altos precios de la célula fotovoltaica debidos al coste del silicio, con cuellos de botella en su fabricación, la cosa funcionaba. Pero el impulso a la fabricación del silicio para los ordenadores y las células fotovoltaicas llevó a una bajada espectacular de sus precios, pasando en pocos años de los 400 $/ton a los 50 $/ton. El mayor rendimiento de la capa fina CIGS de Solyndra a ese mayor coste (3,24 $/Wp) ya no mejoraba el precio del panel de silicio (1,95 $/Wp) en 2009. “Pierdo poco, pero fabrico mucho” debía decir el CEO de Solyndra como en el chiste. Cuando el panel bajó a 1,30 $/Wp en 2010, y a menos de 1$/Wp en 2011, la cosa ya no aguantó más.


  • China: hoy se fabrican unos 27.000 MW al año de células fotovoltaicas. Ha crecido un 120% desde 2009. ¿Y Solyndra pinchó? De la producción mundial un 56% se fabrica en China y Taiwan, y otro 10% en Japón. China en 2005 tenía un 1% del mercado mundial… Según el New York Times, el Gobierno chino habría inyectado 30.000 millones de dólares sólo en 2010 en su sector solar. Forbes dice que 41.000 millones… Y es que si los 6 primeros fabricantes de módulos fotovoltaicos son chinos, en el Top Ten de los fabricantes de células… ¡sólo hay chinos y taiwaneses! ¿Cómo competir con eso? los fabricantes americanos han pedido la introducción de aranceles a los productos solares chinos, cosa que no les ha convencido. El dumping chino ha permitido bajar enormemente los precios, hasta un 22% de curva de aprendizaje (o sea, si doblamos el mercado, bajamos un 22% el precio) lo que ha beneficiado a todos los consumidores. Sin embargo, eso mismo se ha llevado por delante a muchos fabricantes europeos y americanos. Como Solyndra.

Según Surowiecki en The New Yorker que Solyndra era un hype: algo que se pone de moda y que todos deben conocer. Seguramente fue así. Y hay borreguismo. Y cachondeo. Y seguro que el Gobierno americano debería haber inspeccionado más a quién daba las ayudas. ¡Pero es que todos los gobiernos apoyan a su industria a base de ayudas! Se ha ayudado a la industria nuclear, a la industria del carbón (justificado en España o Alemania como ayudas sociales), a a industria del automóvil, al desarrollo del gas natural… a todo. Eso sin considerar las ayudas que ha recibido la industria “sucia” que nunca ha pagado por ensuciar. Las primas a las renovables no sirven para bajar el CO2 (para eso es mucho más eficiente una tasa, como recuerda en su blog el profesor Pedro Linares). Y en esa línea Europa lleva años dando ayudas al sector de las tecnologías renovables a base de primas por la producción eléctrica ¿o quién creen que hace viables esos proyectos? El conseguir volumen y romper las barreras iniciales del mercado hace entrar a las tecnologías en las curvas de coste decreciente. Gracias a esas ayudas, las células solares fotovoltaica ya se encuentran hoy a precios menores a 1 $/Wp  tienen perspectivas de seguir bajando. Eso mató a Solyndra y, como dice Scientific American, eso es lo que salvará al sector solar que llegará en muchos países a la “grid parity”.

Probablemente tengan que madurarse más esas ayudas; escoger qué tecnologías van a ser más viables y de mayor recorrido para poder apostar por ellas; intentar proteger a las industrias locales (lo que muchos países llaman “componente nacional”), sin rubor y sin aranceles (es posible). Pero el apoyar al entrepreneur, y en especial, a las tecnologías que permitan avanzar en la optimización de recursos y en las energías limpias, es un buen camino; al menos hasta que el precio de las cosas sea el que realmente tienen. Para Surowiecki Solyndra fue una apuesta que parecía buena y que salió mala, pero -dice- hay que seguir apostando. Totally agree.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a Solyndra, o cuando lo que separa éxito y fracaso es tan fino como una célula fotovoltaica

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