Samuel Insull, el tipo que se inventó las compañías eléctricas


Samuel Insull desembarcaba del “City of Chester” en Nueva York en 1881. Era un joven contable de 22 años acabado de llegar de Londres, fascinado con Edison y su invento del filamento incandescente alimentado por un motor de corriente continua: la bombilla eléctrica. Edison presentaba su invento en la nochevieja de 1879 en su laboratorio de Menlo Park (hoy museo). Llegaba la luz eléctrica. Ironías del destino, el primer trabajo como contable de Insull fue en el despacho del banquero que llevaba los negocios de Edison en Europa. Gracias a ese network, logró ser contratado como secretario personal de Edison. Su primera tarea en Nueva York fue encargarse de las desordenadas finanzas de la Edison Light Co. de Manhattan. Tras eso, Insull puso en orden el negocio y reorganizó finanzas y ventas. En 1889 -con 30 años- ya era uno de los primeros ejecutivos de la compañía, y supervisó la fusión de la Edison Light Co. con su principal competidora la British Thomson-Houston. Esa fusión daba origen a la General Electric Company. Igual les suena lo de GE. Resultado de su excelente gestión Insull fue nombrado Presidente de la Chicago Edison Co. una de las 20 eléctricas de Edison. Y a Chicago se fue.

Al margen de las polémicas entre Edison y Tesla, cuando el segundo inventó la generación polifásica alterna (recuerde el post de la guerra de las corrientes), lo cierto es que los “Edison Boys” la habían armado. En poco más de dos años desarrollaban todos los elementos cruciales para que la electricidad fuese la gran alternativa energética del siglo XX. Diseñaron una potente dinamo eléctrica (la enorme “Jumbo“, bautizada con el mismo nombre que un elefante de circo muy famoso; lo de Edison con los elefantes era, definitivamente, raro…), desarrollaron una aparamenta para los circuitos eléctricos en paralelo, que permitían  la disposición de muchas bombillas con un solo cable, diseñaron el contador de electricidad y al final, todo el conjunto, lo aprovechaba la famosa bombilla de incandescencia para iluminar. En pocas palabras: se inventaban el esquema eléctrico completo: generación, distribución, medida y consumo. La primera central eléctrica del mundo, en Pearl Street, que arrancaba a las tres de la tarde del 4 de septiembre de 1882 demostraba que el invento funcionaba. Ahora se trataba de inventar el negocio eléctrico.

Y vaya si lo hicieron: la Edison Co. licenciaba el sistema; la Edison Lamp Works fabricaba bombillas; la Edison Machine Works, las dinamos y la Edison Electric Tube el cableado. Un imperio empresarial, vaya. El problema era que con corriente continua en baja tensión no había eficiencia a más de 400 o 500 metros (todo eran pérdidas térmicas). Pero Edison se negaba a apostar por la alterna, aunque Tesla tuviese razón. Así que su negocio se basaba (forzosamente) en tener la generación en el punto de consumo. Así, en 1900 el uso de la electricidad sólo podía ser marginal. Aunque pequeñas centrales eléctricas licenciadas por Edison (hasta 50.000 en 1905) surgían por doquier en los Estados Unidos no suministraban sino a unas pocas bombillas, comercios locales y, ocasionalmente, alguna fábrica despistada. Los industriales de la época eran muy reticentes a que un extraño se metiese en su proceso productivo. Así que aunque Edison había inventado un nuevo servicio público, no podía dotarlo de dimensión suficiente, tanto en escala como en alcance.

Y ahí entró Insull. La idea del inglés era convencer a los industriales para que comprasen directamente la electricidad, no que se la fabricasen. Esa idea chocaba frontalmente con la de Edison, así que el tipo… la desarrolló por su cuenta. La primera idea fue hacer mayores las centrales eléctricas de Chicago. Si en 1890 la Central de Harrison Street tenía dos grupos de 2.400 kW, en 3 años multiplicó esa potencia por 6. En 1900 la nueva planta en Fisk Street tenía diez turbinas de 12.000 kW cada una. El tamaño importaba para Insull, y con él los costes se desplomaban. Es lo que se llama “generar economías de escala”: el coste de producción de la central grande era, comparativamente más bajo que la pequeña. Y esa idea la había aplicado a todo: antes que hacer mayores centrales, Insull había comprado a todos sus competidores. En 1886 la electricidad en Chicago era un monopolio de Insull, aunque no era un estrategia para subir los precios (en realidad, sería absurdo pues no habían aún clientes…), sino para producir a costes más bajos con las ganadas economías de escala.

Porque la otra gran idea genial que Insull vio era que si las compañías eléctricas vendían servicios, los clientes podían dedicar ese capital para invertir en los aparatos eléctricos: ferrocarril eléctrico (o sea, el tranvía) en lugar de caballos, bombillas en lugar de velas, motores eléctricos en lugar de turbinas, planchas eléctricas en lugar de hierros calientes, refrigeradores en lugar de nada (recuerde el post sobre Carrier)… ¿Para qué montar una central eléctrica? ¿Para qué asumir riesgos? ¿Para qué tener personal? That’s not my business, man. Es más, nadie quería electricidad sino lo que ésta permitía. La intuición de Insull fue que la electricidad podría ser una tecnología de aplicación general para todo tipo de aparatos y clientes. Edison sólo entendía las centrales eléctricas como elemento de generación de corriente continua. ¿Pero cómo vender un flujo de electrones? Primero Insull montó lo que hoy se llamaría un Show Room. En el llamado “Electric Shop” se hacían presentaciones de maquinas industriales que funcionaban con motores eléctricos. Pero además, publicó anuncios en prensa, artículos explicativos… se gastó una pasta en marketing, vaya.

¿Y a qué precio se vendía todo esto? ¿Y cómo? Insull utilizaba unos contadores ingleses con indicador de consumo máximo (lo que se llama maxímetro). Ello permitía saber no sólo el total de kWh consumidos sino cuándo se consumían. Eso era muy importante, pues el problema no era si los clientes consumían mucho, sino si lo hacían a la vez. En otras palabras, cuando se producían las horas punta. Ese era el problema. Tener suficiente potencia instalada para cubrir esa punta de consumo. ¿Adivinan qué propuso Insull? Cobrar la punta de forma separada del consumo. La punta, o potencia máxima, era cobrada con una tarifa fija (que, en realidad, se correspondía con los costes fijos de las centrales eléctricas), mientras que el consumo total (la energía) con una fórmula variable. Así empezaron a segmentar los clientes: los de mucho consumo con tarifas pequeñas, y los de poco con tarifas grandes. Diversidad de precios, sí; pero con la idea de maximizar el número de clientes y de que se complementasen entre ellos. Todo era tan estupendo como para cambiarle el nombre al negocio. La Chicago Edison Co. cambió su nombre en 1907 por Commonwealth Edison Co. Insull triunfaba.

¿Resultado? Chicago pasó de un consumo de 10 kWh por cliente en 1899 a 450 kWh de consumo en 1915. La cosa funcionaba. Por un lado, Insull se dió cuenta de que producir electricidad era más rentable si aumentaba el llamado “factor de carga“, o sea el número horas de producción de electricidad sobre las posibles. La electricidad se consumía sobre todo por la noche. Así que quedaba, al menos, el 50% del factor de carga disponible en las horas del día. Insull empezó a buscar a esos clientes, y empezó por el tranvía y las plantas de fabricación de hielo. Éxito total, pues los tranvías funcionaban de día y paraban de noche, al revés que sus usuarios. Una idea tan buena que Insull, entre 1910 y 1920 había adquirido y modernizado los principales tranvías interurbanos del área de Chicago y las líneas de tránsito rápido. Insull descubría los llamados “monopolios naturales” de la era moderna casi sin querer. Maximización total del factor de carga. Pero, además, los menores costes de producción permitían ganar más y seguirlos bajando y extendiendo el servicio. “Circulo virtuoso” le llaman a eso.

Pero… ¡ay! La arcadia feliz de los locos años 20 acabó con la Gran Depresión. Caída del consumo, desempleo bestial, suicidios, quiebras… ¿quién consumía electricidad ahora? ¿Con qué pagar las enormes inversiones de Insull? Además, fascinado por el nuevo mundo que inventaba la electricidad, Insull había invertido también en muchas empresas de radio. Incluso el Chicago Civic’s Opera House fue diseñado y en buena parte financiado por Insull en 1929, y él y su familia eran grandes mecenas de Chicago. Pero en 1929 la Gran Depresión se llevó por delante aquel imperio de 500 millones de dolares en empresas eléctricas y de transporte, excesivamente endeudado, y con un capital de sólo 27 millones de dolares. Quiebra. 600.000 accionistas arruinados, igual que Insull. Huido por Francia, Grecia y Turquía, desde donde lo extraditaron a Estados Unidos, fue juzgado en 1934 tres veces por fraude. Declarado inocente y emigrado a Francia, Samuel Insull murió de un infarto en 1938 en el metro de París, con 30 francos en el bolsillo (menos de un dólar). “I’m now a poor man” había dicho días antes. Pues fue que sí. No somos nada. Así que cuando ahora vuelva a mirar su factura eléctrica, lo rara que es, y lo caro que le cobran la electricidad, piense que todo, todo, todo lo que tiene se lo inventó un visionario contable inglés emigrado a Chicago cien años antes, flipado por la electricidad.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a Samuel Insull, el tipo que se inventó las compañías eléctricas

  1. Frederic Andreu dijo:

    Muy interesante artículo…. ahora ya sabemos a quién imputar el déficit tarifario no?

    Muchas gracias por ilustrarnos y divertirnos!!!

  2. Pingback: Samuel Insull, el tipo que se inventó las compañías eléctricas

  3. Aficionado dijo:

    Muy buen artículo, “generación distribución, medida y consumo”. Y seguro que sin consultores.

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