La ecológica prohibición sagrada del cerdo


¿Es la alimentación sólo un acto de ingesta energética? No. Alimentarse es un fenómeno tan físico como social y cultural. De ahí que comer o no comer algo permite expresar una identidad. Ahí está algo tan tonto como untar tomate en una rebanada de pan (el pa amb tomàquet, o pantumaca, si les va la transcripción fonética). Detrás de ese producto no está sino el intentar reblandecer el pan seco y poder comerlo varios días después de su cocción, cuando está duro como una piedra. Sin embargo, esa acción casi ecológica (aprovechar al máximo los alimentos en un área pobre y seca, como es todo el litoral mediterráneo) ha acabado siendo un hecho de significación cultural: “Póngame un bocadillo con pan a la catalana“, dicen en muchos sitios. Pues eso. Modernamente la alimentación ha acabado siendo un proceso donde cada cultura elabora, reelabora, combina, mezcla, reduce o añade productos naturales. Si a eso le añade el calendario, la estructura de las comidas, el horario y el clima, resulta un proceso social completo donde la alimentación es una simbología. Y, claro, alimentación también es religión.

Piense ahora en España, Grecia o Italia. El paraíso del cerdo. Bueno, más bien de la cocina del cerdo (bromitas de PIGS aparte). Ahora en Marruecos, Libia, Jordania, Siria o Israel.  El cerdo, ni mentarlo. ¿Cómo pueden darse a la vez esa porcofilia y porcofobia -en palabras de Marvin Harris– en un área tan reducida y de identidad tan común? ¿Acaso no hay permeabilidad cultural? ¿Y la fermentación de la uva? Lo mismo. ¿Y el queso?… ¿Por qué hindúes, musulmanes o judíos no comen queso? ¿Por qué los sijs sí comen queso, si son vecinos de los hindúes y tan cercanos a ellos? La alimentación, como simbología, traduce también una visión religiosa. En otras palabras, hay siempre un juicio moral tras una producto alimenticio si uno observa una espiritualidad concreta. Ahí se mezclan cuerpo y alma (lo que es bueno para el cuerpo lo será para el alma), pero también salud y virtud (si estoy sano, también me convierto en santo). El cuerpo es un templo. Pero ¿Es pura creencia? ¿Es pura religiosidad? ¿O acaso se trata también de… energía y ecología?

Quizá el cerdo sea, junto con la vaca, el mejor ejemplo. Judíos y musulmanes (que se odian) tienen en común la prohibición del cerdo. Dice el capítulo 14 del Deuteronomio sobre los animales prohibidos para los judíos: “estos no comeréis, entre los que rumian o entre los que tienen pezuña hendida: camello, liebre y conejo; porque rumian, mas no tienen pezuña hendida, serán inmundos; ni cerdo, porque tiene pezuña hendida, mas no rumia; os será inmundo. De la carne de éstos no comeréis, ni tocaréis sus cuerpos muertos“. También prohibe los “animales que moran las aguas sin aletas ni escamas, porque son inmundos” y, en detalle, el águila, el quebrantahuesos, el buitre, los halcones, los cuervos, el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán, el mergo, el cisne, el ibis, el somormujo, el calamón y el buho; y todos esos sin olvidar el marisco, el calamar o el pulpo (que no tienen ni aletas ni escamas, para su suerte). Son los alimentos llamados טרײף o trayf, y que añaden también a esa lista los animales que se hallen muertos o hayan muerto por enfermedad, o las suculentas grasas. Los permitidos son los que se llaman כָּשֵׁר o kasher, y que cumplen esas reglas, en su conjunto el כַּשְׁרוּת o cashrut, que literalmente significa “lo correcto“.

¿Y los musulmanes? El Sagrado Corán distingue entre حلال (halâl) y حرام (harâm), o sea alimentos (y bebidas) literalmente permitidos y prohibidos. En detalle, en la Sura 2, versículo 173 sobre el halâl se dice: “se os prohíbe comer la carne del animal que haya muerto de muerte natural, la sangre, la carne de cerdo y la del animal que se sacrifique en nombre de otro que Allah“. Ahí destacar que, además del cerdo, es importante… el proceso. No hay una lista exhaustiva de bichos como en el Antiguo Testamento, pero se indica cómo preparar los animales para poderlos comer. Hay hasta cuatro Suras que indican qué se come según cómo se encuentre o prepare. Por ejemplo, la Sura 5, versículo 3 dice: “Se os prohíbe la carne del animal muerto por causa natural, la sangre, la carne de cerdo, la del animal que haya sido sacrificado en nombre de otro que Allah, la del que haya muerto por asfixia, golpe, caída, cornada o devorado por una fiera, a menos que lo degolléis. Y la del que haya sido sacrificado sobre altares y que consultéis la suerte con las flechas. Hacer esto es salirse del camino“. El proceso es importante, sí; pero el cerdo aquí tiene una mención explícita.

Parece como si musulmanes y judíos prohibiesen la ingesta de todos aquellos animales con riesgo potencial para la salud. Por ejemplo, parece evidente que -al margen de lo que crea uno- mejor no comer animales que estén muertos (vete tú a saber de qué han palmao), o aves carroñeras (que ya comen bichos muertos), o que transmitan fácilmente enfermedades (como mariscos, conejos y roedores en general). Pero ¿y el cerdo? ¿Porqué la Torá y el Corán son tan explícitos con el cerdo? ¿Y si Yahvéh y Allah, en sus sendas e inescrutables revelaciones, hubiesen considerado también… el equilibrio ecológico? Piense en los pastores nómadas de llanuras yermas y colinas sin bosques del Sinaí, por ejemplo. Terrenos difíciles de regar, con una agricultura demasiado dependiente de las esporádicas lluvias. ¿Qué animales viven mejor en esa zona? Los rumiantes: bichos con estómagos listos para poder asimilar la celulosa, cosa que los otros mamíferos tienen mucho más difícil. ¿Tiene sentido que el Deuteronomio proponga comer a “todo animal de pezuñas, que tiene hendidura de dos uñas, y que rumiare entre los animales“?  Pues sí. Piense en las elevadas temperaturas que se dan en esas latitudes. La lana de ovejas y cabras les permite soportar muy bien el calor. Y, además, todos esos animales dan leche, combustible en forma de boñigas y, una vez muertos, producen cuero y pieles.

¿Y los cerdos? Los marranos, chanchos o guarros son unos bichos que, originarios de China, vienen a ser unos jabalíes domesticados. Celulosa comen más bien poca. De hecho, les van más las nueces, bellotas, tubérculos, granos… O sea, compiten con los humanos. No comen hierba. De hecho, ningún pastor nómada hace pastar cerdos en ninguna parte, eso suponiendo que pudiesen recorrer grandes distancias. Tampoco producen leche. ¿Y el calor? Piense en Judea o en el desierto del Néguev… 40ºC fácilmente. Y ahora piense en los cerdos que, como no sudan (aunque se diga que “sudas como un cerdo“), se revuelcan en el lodo o en lo que sea para refrescarse… Cuanto más calor, más sucio es el cerdo. O sea, ni sombra ni agua. ¿Como criar un cerdo en Oriente Medio? Ya sabe cómo: a costa de muchos recursos. Trayendo agua y alimentos de otros sitios, dandole de comer lo que comería un pastor… En otras palabras, criar cerdos en el desierto es enormemente caro. Se puede alimentarlos y cuidarlos, pero a costa de un enorme desequilibrio ecológico. ¿Pero no son una tentación las suculentas proteínas animales de los cerdos, mucho más eficientes que las vegetales? Sí. Bueno, pues ahí entraban Yahvéh y Allah a acabar con la tentación (de hecho, parece que esa práctica de no comer cerdo incluso llegó antes que Mahoma…). No se puede. Y punto.

Estimated distribution of industrially produced pig populations

Estimated distribution of industrially produced pig populations

Porque la prohibición del cerdo puede entenderse – en el fondo- como un puro ahorro energético y búsqueda del óptimo ecológico (al revés que pasa en zonas húmedas como Indonesia o el sureste asiático, donde el cerdo es venerado). En una zona desértica donde las proteínas vegetales (recuerde este post) sean escasas, lo sensato es apostar por los animales que optimizan el input/output vegetal/animal: o sea, los rumiantes. En una zona seca y de mucho calor, debe apostarse por las especies que mejor lo toleran, que no hay mucha agua. En una zona yerma, apueste por los animales que no compiten con uno. En una zona trashumante, apuesto por animales de largo recorrido. Pura energía: criar muchos cerdos sería un desastre ecológico. Criar pocos haría ver lo buenos que son, y motivaría su cría. Solución: prohibir totalmente el consumo de cerdo y apostar por otros como “el buey, la oveja, la cabra, […] el ciervo, la gacela, el corzo, la cabra montés, el íbice, el antílope y el carnero montés“. Qué cosas, oye. Una prohibición dietética y simbológica ante un animal impuro. Sí. Pero también una excelente estrategia de ahorro energético y equilibrio ecológico.. אמן. Amén. إن شاء الله. Insha’Allah

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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12 respuestas a La ecológica prohibición sagrada del cerdo

  1. Pingback: La ecológica prohibición sagrada del cerdo

  2. Fredy dijo:

    Muy buen artículo, me deja intrigado lo de la prohibición del deuteronomio a la ingesta de conejos y de camellos, pues estos animales están muy bien adaptados a ese ambiente.

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  4. De hecho, yo probé el camello en Yemen.

  5. bokebasa dijo:

    Parece que tu conclusión sobre una tradición milenaria con raices aun más profundos se basa en que actualemente en la península del sinai o Judea tenga un paisaje semi desertico, pero antiguamente toda esa zona era un vergel. Hay que recordar que los judios según la tradición recorrieron durante 40 aos el desierto para llegar a la tierra prometida, que evidentemente no era otro semidesierto.
    Es sabido que el clima hace 2000 o 5000 e incluso hace 7000 años era mucho mas templado en esa zona, aunque habia desiertos no eran tan extensos como ahora.
    Los egipcios por ejemplo una cultura mas antigua comia y usaba el cerdo para distintos fines, incluso médicos, pero aún asi lo consideraban un animal de set o animal malvado, quizás sea esa creencia la que se difundio entre los habitantes de Judea para tacharlo de animal impuro.http://www.egipto.com/cgibin/forum2004/showthread.php?t=7925

    • David Ruyet dijo:

      Gracias Bokebasa, por su interesante comentario. Sinceramente desconozco si el clima hace 2000 años (el judaismo tiene 4000 años de antiguedad) era muy diferente; creo que no demasiado al actual. Sí es cierto que aunque buena parte del territorio es desierto, los valles acostumbran a ser fértiles y con vegetación, pero esa latitud no admite esas variaciones extremas, en el sentido de que la región palestina tiene hasta 40 variedades climaticas, debido a la presencia del pico Hermón y sus 2.814 metros de altura. Eso distingue clima ocntinental, mediterráneo y hasta subtropical. El otro problema de Palestina (la zona entre le rio Jordan el Litani y el desierto del Néguev) es que, en realidad, es la zona de paso natural y sencillo entre Asia y África; así que por allí han pasado todos: egipcios, asirios, persas, babilonios, romanos, griegos, cruzados, turcos, ingleses, franceses, americanos… TODOS. Así es difícil asentar algún tipo de actividad agrícola y de elegirse alguna es más sencilla la transhumancia. Emn cualquier caso, es sólo una teoría que propone una explicación. Seguro que la tradición tendrá un peso, pero piense también que los árabes estuvieron 700 años en la península ibérica prohibiendo el cerdo y después de ellos nada más lejos que respetar esa prohibición. Me convence más evaluar de entrada las condiciones GEC (Geography, Environment, Climate) y luego la tradición. Muchas gracias por su aportación y link y por seguir este blog.

    • Fleischman dijo:

      Esta teoría no aplica solo al cerdo y a esa zona, sino al resto de alimentos que no se comen en ciertos lugares (por prohibición o por costumbre): vacas, insectos, perros, caballos, otros humanos, etc. La expone por ejemplo Marvin Harris en “Bueno para comer”.

  6. 1900 dijo:

    Tengo el convencimiento, sobre los alimentos prohibidos, que las mismas creencias religiosas que nos inculcan conservar la vida y honrar a nuestro/s creador/es son un compendio de respuestas y consejos a nuestras preguntas vitales.
    Ya en la antigüedad, a aquella persona que sobrevivía a una epidemia, se la consultaba sobre remedios y era convertida en Chamán. Y siendo el mayor medio de difusión de conocimientos orales y escritos los dogmas religiosos, lógico, también, que se incluyesen entre ellos consejos profilácticos de carácter sanitario (como usted bien dijo). Como ejemplo, una máxima latina, con sus distintas variantes que ha llegado hasta nuestros días por transmisión oral -hasta Gutenberg XD-, que sin ser religiosa también nos advierte de ciertos peligros: “In Mensibus Erratis Supra Petram Ne Sedeatis” o “In Mensibus Erratis Non Ad Solem Aponatis”; en los meses con erre no te sientes sobre las piedras o no te coloques al sol, nos hace ver que los conocimientos tanto en la antigüedad como hoy en día se transmiten por el mayor número de canales disponibles, pero no siempre entendemos o conocemos el motivo de su transmisión y los acabamos recibiendo de forma resumida junto o mezclado con otros conocimientos – mera cuestión práctica-.
    Que los egipcios comiensen carne de cerdo y los judios o palestinos no, estriba en el conocimiento que tenían unos y otros a la hora de preparar y conservar la carne. Si de la mala conservación de un alimento derivan enfermedades está claro que ese alimento nunca será considerado un regalo de los dioses. Todos los que han comido cerdo alguna vez han oído a abuelas y madres decir “el cerdo hay que freirlo bien, no puede estar crudo”. En fin, la carne de cerdo, buena en todas sus formas y exquisita como pocas la del jamón curado, es traicionera con temperaturas altas, sin frigoríficos, sin sal y mal conservada. Esa es mi explicación del por qué se la inscribió en la lista de alimentos prohibidos y no porque fuese pariente de los humanos por sus semejanzas a nivel anatómico-visceral.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Triquinelosis

  7. Destripaterrones dijo:

    Un ejemplo más de como la estructura determina la supraestructura. Marx tenía razón en esto.

  8. Jorge Enrique S. dijo:

    Siempre interprete, que ciertos preceptos religiosos tienen funcion de prevencion de enfermedades, en este caso del cerdo la triquinosis o triquinelosis. Correcta la apreciacion que no debe comerse crudo para prevenirla, esto es en faenas que no pasan por mataderos habilitados, o faena casera tipica de muchos lugares.

  9. Anselmo dijo:

    Se pueden encontrar tantos argumentos en contra como a favor de estos tabúes alimenticios.
    Es evidente que el islam como religión derivada del judaísmo, se ha limitado a heredar este tabú.
    San Pablo cuando intentó conseguir la expansión del de esa versión herética del judaísmo, que era el primitivo cristianismo, por todo el Imperio entre otras reformas introdujo la remoción de tabúes alimenticios. Esa es una prueba evidente de que estas prohibiciones resultan perjudiciales para la expansión de cualquier religión.

  10. Ecolgía es Biolgía dijo:

    Curiosamente en ningún momento he leido la palabra triquinosis, ni en el post ni en los comentarios. Me ha parecido muy interesante su post señor Ruyet y sin duda no está falto de sentido, pero la triquinosis, enfermedad parasitaria que puede ser mortal y que tiene como vector la carne cerdo, entre la de otros animales (generalmente rumiantes y carnívoros) es un factor muy a tener en cuenta en esa prohibición. Sin duda los antiguos ya pudieron establecer una causa efecto entre enfermedad y consumo de ciertos animales. Es posible matar al parásito causante de la enfermedad mediante una preparación adecuada de la carne, como seria una buena cocción o un buen curado, de ahí el sentido del consejo de la abuela de “1900”. Por otra parte, como se había comentado aquí seguramente el desconocimiento o la falta de dominio de técnicas de preparación y conservación de la carne podria estar relacionado con el mayor riesgo a la transmisión de la enfermedad. Por otraparte, recordemos que Aristóteles ya conocía la existencia de parásitos y de sus perjuicios a la salud humana, como es el caso de la tenia, de la que también es vector el cerdo, en este caso por contaminación del agua o productos agrícolas por las heces de este animal, donde se encuentran sus fases infectivas.

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