El efecto rebote, o porqué ser más eficiente no necesariamente es siempre mejor


Reconozco que cuesta creerlo. El refrán dice que “lo mejor es enemigo de lo bueno“. Es una buena explicación, pero no basta. Y cuesta de entender eso del efecto rebote porqué es poco intuitivo y, en realidad,  fruto del hábito, uso y cultura. El efecto rebote explica la respuesta de un sistema al introducir una mejora tecnológica o de eficiencia. El resultado de una mejora en los rendimientos (por ejemplo, un automóvil que consuma un 5% menos de gasolina) no se transmite totalmente (no se ahorra el 5% de la gasolina). De hecho, se produce un “rebote” y el consumo aumenta. Es como si se perdiese parte del ahorro por el camino. En el ejemplo del automóvil más eficiente veríamos que, si bien ahora consumiría menos, se acabaría conduciendo más tiempo (por ser más barato, tener menos emisiones, ser más cool, whatever…) y por tanto, el ahorro previsto de gasolina no habría sido el 5% teórico sino… menos. Es más, si observásemos el consumo de todos los coches más eficientes veríamos que la demanda de gasolina… habría aumentado. En otras palabras, por el efecto rebote, el ahorro real es siempre menor del teórico.

El efecto rebote no es una teoría esotérica poco probada. Existe. Es más; si bien la literatura científica sobre el tema (lea, si quiere, el libro de Polimeni que hace un buen repaso) se ha centrado sobretodo en su efecto sobre la eficiencia energética (aquí tiene una página de la Comisión Europea, dedicada a estudiar el efecto rebote), algunos teóricos plantean que es un fenómeno que se produce en el uso de cualquier recurso, incluso la mano de obra. El primero que evidenció esta paradoja fue el gran William Stanley Jevons allí por 1865 (al que se le dedicó ya un post). Para su sorpresa, la máquina de vapor no redujo el consumo de carbón en Inglaterra; por el contrario aumentó. En los años 80, el revival de las ideas de Jevons (un utilitarista) por parte de dos economistas americanos (Daniel Khazzoom y Leonard Brookes) dio un poco más de lustre teórico al tema. Sobretodo cuando Sanders articuló sus planteamientos en el llamado “Postulado de Khazzoom-Brookes“, de segura máxima puntuación en el Scrabble.

Pensemos en la energía. ¿Usamos energía? No. Usamos servicios energéticos. No usamos gas natural, o carbón, o uranio. Usamos electricidad, que es el servicio energético que se produce en una central eléctrica. No usamos gasolina, recorremos kilómetros. Es más, usamos calefacción y refrigeración, resultado de una segunda transformación de la electricidad o del gas natural -quemado en una caldera-. Ahora entenderá porqué a los combustibles fósiles se les llama energías primarias; a la electricidad, secundaria; y al calor y al frío, terciarias. La gracia está en obtener los mismos servicios energéticos con menos consumos primarios (y secundarios, si quiere). Pues al uso de nuevas formas de hacer más eficiente, o de otro tipo de tecnología mejor, es a lo que se le llama eficiencia energética. Pero no sólo se trata de mayor consumo de energía: ¡los costes también se reducen! Mayor eficiencia reduce el consumo de energía y la producción de emisiones; y ello implica en menores costes económicos (compro menos gasolina) y ambientales (hay menos polución, que es la versión local de las emisiones).

Y como debe pensar a la vez en energía y en economía, piense en dos rebotes. Por un lado, el que se deriva del consumo energético (por ser más eficiente, utilizará más el servicio energético). Pero por otro, se genera un excedente económico que destinará a otra cosa. En el ejemplo del coche eficiente verá que, al gastar menos de gasolina se compra unos donuts en la gasolinera. Y claro, de donut en donut, el sistema en su conjunto consume más energía. Ahí los tiene: dos rebotes. Toma ya. Uno directo por el ahorro de gasolina, y otro indirecto por el aumento del consumo. Y ese efecto agregado lo podemos detectar en lo que se llama intensidad energética. Con ese nombre designamos a la cantidad de energía necesaria para producir una unidad de PIB. Sería como el rendimiento energético de una economía. Ahora lo verá claro: aunque mejoramos la intensidad energética (por tener equipos más eficientes), aumentamos la demanda total de energía, pues lo hace  nuestra economía al hacer más. Sube el PIB y se crece más y, por tanto, se consume más.

Pero, en el fondo, el problema no es la existencia del rebote. Es su magnitud. ¿Cuán alto es el rebote? Aquí hay controversia. Si bien los más escépticos consideran que el rebote es insignificante, hay abundante bibliografía que considera que no es así. No obstante, el citado estudio de la Comisión Europea de 2011 “Adressing the Rebound Effect” no es categórico. El rebote dependería de cada sistema energético, sector, sustitutivos, renta, climatología… En el sector del transporte rodado estaría entre el 30-80%; en el sector residencial entre el 10-30%. Las industrias americanas tendrían rebotes de hasta el 80%; en las británicas del 15%… En cualquier caso, se trataría de un fenómeno muy variable y difícil de medir. La pregunta entonces está clara ¿es el efecto rebote un desincentivador de la eficiencia energética? Mmmmmm. No debería serlo. Por una sencilla razón ya insinuada más arriba: la eficiencia energética es la única forma conocida de mantener el crecimiento económico. Literalmente, de hacer más con menos. Lo único que el efecto rebote reduce los efectos de la reducción…

Por tanto, se trata de considerar políticas que permitan contrarrestar el efecto rebote. Porque igual no se ahorra un 50% sino un 10%, por decir algo; pero seguimos necesitando ese 10%… Se trata de la eficiencia de esa economía (o sea su intensidad energética) y, a la vez, de su tamaño (o sea su consumo total). O vamos por la vía de la mayor eficiencia, o nos veremos obligados a ir por la via del tamaño, es decir, del decrecimiento económico. Como a nadie se le pasa por la cabeza que la reducción de la demanda energética mundial pase por decrecer (y menos ahora), pues están claras cuales deben ser las bases de las políticas de sostenibilidad energética:

  • Mejoras de la eficiencia energética de ámbito sectorial: en el sector del transporte, de la industria, en los electrodomésticos,… O sea que cada sector consuma menos para hacer lo mismo, generalmente utilizando mejores tecnologías de forma particular.
  • Mejoras de la eficiencia energética estructurales: modificando esquemas de estructura económica. Por ejemplo, reduciendo el peso del sector industrial con respecto del sector servicios. Pero eso es difícil, y no está claro si recomendable.
  • Incorporar las energías renovables: porque mantienen una misma producción de energía sin grandes contrapartidas (emisiones, contaminación, agotamiento del sistema, inflación…).
  • Establecer políticas de austeridad: oigan, es que se trata de ahorro. El kWh más barato y limpio es, simplemente, el que no se consume. Así que deben incorporarse políticas de ahorro energético enfocadas a evitar el despilafarro.

¿Pero eso cuánto? Para un mismo nivel de crecimiento económico o deberé reducir la intensidad energética o  el tamaño de la economía. Si uno sube debo bajar el otro ¿En qué proporción de la una respecto de la otra? Sencillo: la tasa de crecimiento de la economía no puede ser superior a la tasa de mejora de la intensidad energética. O al revés; mi crecimiento económico debería ir asociado idénticamente a mi capacidad de hacer más con menos. Piense en cuánto creció la economía, por ejemplo, de China el año pasado: +8,9%. ¿Y la India? 6,9% ¿Y Alemania? 2,5% ¿Es posible acceder a una mejora en la tecnología que permita tener una tasa de rendimiento mejor que esas? Simplemente no es posible. O al menos no rápidamente. Por lo tanto, no se engañe, políticas de eficiencia energética como únicas medidas de, por ejemplo, lucha contra el cambio climático van a tener como contrapartida casi de forma inevitable reducir el crecimiento. O eso, o se empieza a ahorrar a lo bestia, o a invertir en renovables más a lo bestia. No esperemos el Deus Ex Machina. Y lo dejo aquí, porque se me está poniendo la cara de Angela Merkel.

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Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business Schoolm and Ph.D (c) in Economy. During all his professional career he has been always dealing with energy projects, devoted to renewable energy since 1995. Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share oppinions about current topics regarding to energy and economy.
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16 respuestas a El efecto rebote, o porqué ser más eficiente no necesariamente es siempre mejor

  1. Andoni dijo:

    Gracias por el post. Estupendo. Pero en cuanto a sectores veo que no mencionas mucho el de la vivienda, que en consumo energético (y por tanto en cuanto a potencial de ahorro) es bastante relevante (40% del uso final de energía en la UE)… Están al final del camino, por lo cual más que de eficiencia habría que hablar de ahorro. Pero tal vez hay también ahí un efecto rebote inmenso? Nuevos modos de vida, más gente que vive sola, viviendas más eficientes que se multiplican y por tanto gastan más energía en total… (cuando la gente se podía permitir pagarlas, claro. Que depende de dónde estemos este rebote ya quedará olvidado durante algubos lustros). El informe del que hablas dice “sólo” 10-30%. Habría que verlo. Qué piensas tú?

    • David Ruyet dijo:

      Gracias por su comentario. La verdad es que el peso del terciario es más que relevante dentro de las matrices de consumo por sectores. De hecho, y como dato un frigorífico venía a consumir en los 90 unos 1.100 kWh/año, hoy es menos de 600 kWh/a, pero tenemos muchos más frigoríficos (lo que no implica que los carguemos más o menos, o dejemos la puerta abierta estúpidamente). Si pensamos en el aire acondicionado, en los 90 simplemente… no habían. Hoy todos tenemos/queremos refrigeración en verano. Como verá, son ejemplos donde el incremento ha venido en la dirección del PIB global y la reducción de costes en los equipos, y no al utilizar un excedente de renta generado por el ahorro energético. Es un tema muy difícil de estudiar pues es un multivariante donde hay muchísimos elementos a valorar. Lo más importante a nivel micro quizás sea no olvidar que la austeridad en el consumo energético debe ser un elemento a considerar siempre. En según que, la abstinencia funciona… Gracias por su comentario, Andoni.

  2. ramontf dijo:

    Muy buen post. Particularmente me ha gustado la sencillez de la conclusión final, “la tasa de crecimiento de la economía no puede ser superior a la tasa de mejora de la intensidad energética”.

    Siguiendo con el tema, os recomiendo un articulo de UK (de pago, http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0301421511002473) sobre la cuantificación del efecto rebote focalizado en tres medidas de eficiencia energética en el ámbito del hogar. Según ellos,el efecto rebote de éstas disminuye en un 34% los ahorros esperados.

    • David Ruyet dijo:

      Gracias, Ramon, por su aportación. Aquí tiene el artículo que comenta de gratis, en formato white paper. El único comentario sería que al comentar el residencial británico, el peso del aire acondicionado es muy bajo. En regiones con mayor peso de la refrigeración igual se queda corto. Gracias de nuevo.

  3. Juan Miguel Salvador dijo:

    “Como a nadie se le pasa por la cabeza que la reducción de la demanda energética mundial pase por decrecer…”
    Ah, ¿no? Pues teniendo en cuenta que hemos sobrepasado todos los límites del planeta, parece lo más sensato. Claro, que decrecer va contra el dogma, y además en otro post ya nos explica que está hasta las narices de la sostenibilidad. Vale, no me haga caso.

    • David Ruyet dijo:

      Gracias por su comentario Juan Miguel. Plantea usted una situación que no por deseable (o como dice usted, sensata) es sencilla: decrecer implica renunciar. A lo que sea. Y eso sólo puede suceder de dos formas: voluntariamente o por obligación. Si está claro que la primera es difícil… ¿quién apuesta por la segunda? ¿Es compatible decrecer cuando cada día nacen más de 150.000 nuevos consumidores energéticos? ¿quién renuncia a qué? No lo veo como un dogma, sino más bien como un acuerdo global demasiado difícil de conseguir…

      Respecto a su otro comentario, creo que no ha entendido el post o, simplemente, no lo ha leído, sacando conclusiones erróneas del título. Una revisión atenta del post sobre la “green fatigue” le sacará del error, sin duda. Gracias.

      • Juan Miguel Salvador dijo:

        Tiene razón: decrecer implica renunciar. Pero parafraseando a Serrat, “nunca es triste decrecer, lo que no tiene es remedio”.
        La cuestión es saber cómo lo vamos a hacer, si eligiendo a qué renunciamos o dejando que nos impongan los límites otros. La dinámica actual es que los poderes económicos pretenden mantener el crecimiento económico (el dogma) a cualquier precio, aunque ese precio signifique la degradación progresiva y quizá irreversible de los ecosistemas y el agotamiento de los recursos. Pero como los límites empiezan a imponerse, intentan que la mayor parte de la población de los paises desarrollados rebajen su nivel de consumo, mientras una élite cada vez más pequeña sigue el BAU.
        En cualquier caso, me sorprende un poco que, disponiendo de tanta información, no llegue usted a concluir que no hay más salida que abandonar la pretensión del crecimiento permanente.

      • David Ruyet dijo:

        Juan Miguel, gracias de nuevo por su comentario. El problema de no crecer es que el sistema suma cero. Por lo tanto, o lo tengo yo o lo tienes tú. Y eso lleva de forma casi inevitable al conflicto. Y hay que crecer porque cada vez somos más, aunque creo que se puede crecer de forma inteligente, haciendo las cosas de forma diferente y sin necesariamente renunciar a vivir mejor. Lo que me parece un absurdo es pretender la asbtinencia y el reduccionismo como política básica. Eso no lo quiere nadie. Seamos más ambiciosos. Inteligentemente ambiciosos. La historia del siglo XX ya nos ha mostrado que la riqueza no la aportan las materias primas (mire a África), sino la creatividad y el capital humano. Pensemos y hagamos las cosas diferentes.

        Sobre la información, me permito recordarle que una cosa es la información (los datos) y otra el conocimiento. Creo en aportar una visión en este blog lo más objetiva posible (de ahí la multitud de links a datos, estudios y papers) para que cada lector se forme su propia opinión. La mía es una más.

        Gracias de nuevo por comentar; ¡no muchos lo hacen!

  4. Juan Miguel Salvador dijo:

    Planteemos el tema de otra manera. En otro post usted contrapone la biocapacidad y la huella ecológica. Parece evidente que la segunda no debe ser mayor que la primera en términos globales. ¿Cómo se logra eso? Dao que la biocapacidad no va a aumentar (de hecho sucede lo contrario), sólo queda disminuir la huella ecológica. Es decir, reducir consumo de energía y materiales, y generación de residuos. Dada la correlación entre consumo energético y PIB, toca decrecer también en lo económico.
    Pero, ¿por qué empeñarse en que eso es malo? Decrecer en términos de PIB no implica perder calidad de vida. Implica relocalización, reparar en lugar de usar y tirar, menos transporte pero no menos ocio, más actividades fuera de la esfera económica, menos aparatos electrónicos pero no necesariamente menos contactos sociales. No suena tan mal.
    Se trata de cambiar el modelo, ni más ni menos. Y para ello hace falta mucha creatividad.

    • David Ruyet dijo:

      Juan Miguel, gracias de nuevo. Muy interesante. Lástima que sólo estemos usted y yo comentando. Ese es el problema. Que sólo estamos usted y yo. Faltan sobretodo los dos mil millones de tipos que NO PIENSAN DECRECER. Piensan en hacerse ricos y en tener todo lo que usted y yo tenemos (unos 30,600 $ de renta anual) mientras que ellos tienen unos 8.400 $. Sí me refiero a los chinos, a los indios, a los turcos, mexicanos, iraníes… (BRICS+Next-11) que no se creen nada de eso de la huella ecológica y que, con sus ganas de tener más, están generando una enorme presión a las economías industriales y post-industriales. ¿Cuánta de su renta está dispuesta a pasarles? Porque aunque les pase la mitad (supongamos que quiere vivir con unos 15.000 $) su vida será parecida entonces a la que tienen en el Líbano, Gabon, Botswana o México. De entrada, olvídese de la sanidad pública (que está en esa renta), de las carreteras comarcales y de buena parte de la educación pública. Es lo que hay. Porque la renta per cápita es un valor medio.

      ¿Eso es malo? No. ¿Bueno? Tampoco. Es un paso que precisa de un compromiso total por parte de todos. Compartir renta (que se parece al PIB) es reducir calidad de vida, créame. Y si no me cree a mí, hágalo con Inglehart, que ya demostró que perder renta es perder calidad de vida en los países pobres, y menos en los ricos, pero es perder lo ya conseguido. Mi duda es CUÁNTOS ESTÁ DISPUESTOS A ESE SACRIFICIO. Porque no debemos compartir renta con nuestros socios de la OCDE, sino con tipos raros de otros países que, hasta hace poco, eran considerados emergentes. Pues ya han emergido, y van a por todas.

      Y llegados aquí igual entiende mejor mi planteamiento. Como veo ese cambio imposible (pues “prácticamente”, pero lo borré), creo que puede ser mucho más efectivo apostar por el “sustainable business”. Por hacer más con menos (que no hacer mucho más, con más). Y eso pasa por pagar el precio real de las cosas, apostar por las renovables, modificar hábitos de alimentación, educar y mejorar la condición de vida de las mujeres (eso reduce la natalidad), proteger las áreas verdes y repertorios ecológicos, apostar por la piscicultura… Olvide el business as usual, pero no olvide el business, porque entonces sí que creo que nos vamos a ir a la mierda.

      De nuevo, muchas gracias por sus interesantes aportaciones, Juan Miguel.

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  6. héctor raúl folini dijo:

    Un aumenta de kla eficiencia significa significa hacer cada vez mas con menos insumos. Por un lado eso ayuda al planeta a soportar el crecimiento poblacional. Un problema que veo es que considerando el trabajo humano como un insumo en la producción de bienes para la vida al aumentar la eficiencia disminuye el trabajo y crea desocupación y pobreza. Es como un dilema de hierro.

  7. héctor raúl folini dijo:

    Va de nuevo pues el anterior tiene muchos errores. Perdon.
    Un aumento de la eficiencia significa hacer cada vez mas con menos insumos. Por un lado eso ayuda al planeta a soportar el crecimiento poblacional. Un problema que veo es que, considerando el trabajo humano como un insumo en la producción de bienes para la vida, al aumentar la eficiencia disminuye el trabajo y crea desocupación y pobreza. Es como un dilema de hierro. Tal vez esto dará origen a nuevas ideologías , a nuevas formas de organización de la sociedad y a nuevas formas de valoración de la capacidades de cada uno y a diferentes criterios de distribución o utilización de las riquezas.

  8. héctor raúl folini dijo:

    No comparto que el planeta esté al límite. hace 100 años eramos 1000 millones de personas y habia hambrunas en el mundo. Hoy somos 7000 millones y hay tal vez proporcionalmente menos hambre. Producimos por lo menos 700 % mas de alimentos que hace 100 años. ¿Cual es el límite?. Para mi aun está lejos.

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