Aviones que destruyen centrales nucleares o la paradoja de Ellsberg


Entro en la web de Greenpeace y me encuentro con un titular que me deja patidifuso y boquiabierto: “Las centrales nucleares españolas no podrían resistir el impacto de un avión comercial“. ¡¡¡Aaaaaaaaaaaargh!!! ¡¡¡Socorroooooooooooo!!! Un momento… ¿Cuántos aviones han impactado en una central nuclear? Creo que ninguno. ¿Entonces? Greenpeace ha realizado un estudio (aquí) sobre el tema, firmado junto con Oda Becker (que antes estudió esos riesgos sobre las centrales alemanas). Tres el primer momento de alarma social, me calmo al leer sus conclusiones. Hay dudas sobre si las centrales de Trillo, Cofrentes o Vandellós 2 realmente tendrían problemas en caso de colisión del avión con el edificio del reactor. Esas dudas no existirían con las otras cinco, más viejitas: Almaraz 1 y 2, Ascó 1 y 2 y Santa María de Garoña, que sí parece que tendrían daños. Obviando si el titular (que luego copiaron los tipos de la prensa escrita, claro) se ajusta a sus conclusiones (ellos sabrán) han rodado un impactante vídeo. Es un repaso exhaustivo a nuestros miedos, y a cómo nos protegemos (del SIDA, de las “vacas locas”, de la gripe aviar, de los virus informáticos…). La locución se va acelerando a medida que aumenta la hiper-protección paranoica y finaliza con su tesis: “no podemos proteger una central nuclear del impacto de un avión“. “La única solución es cerrarlas“, concluye.

 

Estudiando esto de los accidentes aéreos, resulta que entre 1950 y el 2010 hubieron 1.085 accidentes de aviones comerciales con víctimas (o sea ni aviones militares, ni avionetas, ni helicópteros). De estos, la mitad fueron error del piloto. La otra mitad lo fueron otras “fatalidades” (con el 9% actos de sabotaje). Si pensamos en la fase del vuelo, resulta que el 16% lo fueron en el despegue y el 27% durante el descenso. Pero si evaluamos la probabilidad de morir en un accidente áereo ésta sería de 1 entre 9,2 millones, si el avión fuese de una de las primeras 25 aerolíneas del mundo, y de 1 entre 850.000 vuelos para el resto. Y esa probabilidad se reduce a medida que pasa el tiempo.  ¿Pero cuál es la probabilidad de que un avión impacte en una central nuclear? según Birbraer, Rodeler y Archipov, menos de 0,0000001 al año: una entre 10 millones. O sea poquísimo. Los lituanos Alzbutas y Urbonas le bajan un orden de magnitud al estudiar un caso concreto. Pero curiosamente consideran más probable (0,000001) un impacto de misil (una entre un millón). Porque los riesgos dependen de donde se esté y ellos están en Lituania.

Si la probabilidad es tan pequeña… ¿Por qué generar esa alarma social? La cuestión me ha traído a la memoria la famosa paradoja de Ellsberg, que aclara cómo entendemos los humanos la diferencia entre riesgo e incertidumbre. Daniel Ellsberg fue un economista que estudió la teoría de la decisión en los años 60-70. Ya sabe que las decisiones que tomamos son a menudo irracionales; pues algunos quieren saber porqué y cómo. Es la Psicología Cognitiva, y les aseguro que es un tema que me tiene fascinado (ya habrán leído algún post aquí sobre la teoría de juegos). Ellsberg, años más tarde, se hizo famoso por haber filtrado al New York Times los llamados “Pentagon Papers” en 1971, sobre las ocultas razones del gobierno americano en la guerra del Vietnam. Cosas que pasan. Lo que plantea la paradoja de Ellsberg es que preferimos el riesgo que a la incertidumbre. En el riesgo podemos medir, mientras que en la incertidumbre nos resulta imposible. “Mejor malo conocido que bueno por conocer”, ya sabe.

Suponga que le dejan escoger entre dos cajas y le premiamos por sacar una bola negra. De la primera caja le decimos que hay tantas bolas negras como rojas. De la segunda le decimos que, con las mismas bolas que la primera, puede ser que hayan más bolas negras que rojas, o no. ¿De qué caja sacará la bola? De la primera caja SEGURO. Eso es porqué preferimos la mínima certeza a la ambigüedad. Es más, no se trata sólo de un hábito cultural. Hay una explicación neurológica. Por eso dice Greenpeace que hay que cerrar las nucleares, no sea que caiga un avión. Si bien la probabilidad de impacto de un avión es muy baja, sobreestima ese riesgo remoto a otros más probables pero más inciertos. Por ejemplo, una mala práctica o un error humano. No dice “cerremos las nucleares porque hay tíos que la cagan en el trabajo” o “cerremos las nucleares porque gastamos poco en vigilancia antiterrorista en las grandes infraestructuras”.  Es más, la colisión de un avión con una planta regasificadora de gas natural licuado (en España hay 6 construidas, y otras 3 están en construcción) sería más probable por su ubicación en grandes puertos y cercanía a los aeropuertos en muchos casos. Y sería igualmente catastrófico…

Pero al informe de Greenpeace le pasa algo más. Es el llamado “Sesgo confirmatorio” (en inglés, “positive-test strategy” o “confirmation bias“).  El mérito de la idea es de Peter C. Wason, que descubrió la cosa en los años 6o. Si queremos confirmar una hipótesis, nuestra cabeza no realiza complejas disquisiciones, modelizaciones estadísticas o análisis bibliográficos. Lo que solemos hacer es ratificar nuestra hipótesis inicial con el primer caso afirmativo que encontremos. Es decir, buscamos casos en que se cumple y lo damos por bueno. Es como plantearse emigrar de España, y confirmar la decisión viendo el programa de la TV Española  “Españoles por el Mundo”. Te vas fijo, y luego pasa lo que pasa (sólo muestran casos de éxito).

Pues Greenpeace dice en su informe: “las probabilidades de que terroristas secuestren con éxito un avión son altas. A pesar de los controles de seguridad, hay muchas maneras de introducir armas en un avión. Y un grupo terrorista puede acceder a la cabina del piloto utilizando dichas armas”. ¿Seguro? ¿Cuántos aviones se habrían secuestrado desde 2001? Nueve. En Turquía (dos veces), Sudán (otras dos), Mauritania, Chipre, Jamaica y México. ¿Países sin riesgos? Hombre… Además, todos los secuestradores fueron detenidos (o sea que de suicidas, poco). Como el riesgo del impacto aleatorio es bajo, Greenpeace simplemente confirma la hipótesis del  riesgo de colisión de un avión motivada por un ataque terrorista suicida… con el 11-S.  Convencido del riesgo, lo ratifica con el primer caso que confirma esa hipótesis. ¿Tramposo? Bueno, más bien humano.

Imagine que los faraones del antiguo Egipto hubiesen tenido centrales nucleares. ¿Quién gestionaría sus residuos? Está claro, ¿no? No me gusta la nuclear. No me gusta esa forma de enchufarle el problema de los residuos radioactivos a las n-generaciones siguientes, mientras nosotros nos quedamos esa electricidad sin emisiones (y, de paso, les dejamos sin uranio). Como va de refranes: “Que cada palo aguante su vela”. En otras palabras, “sostenibilidad“. Y es que mientras tengamos la posibilidad de acceder a otras fuentes de energía, mejor dejar la nuclear a un lado. Al menos la nueva. Y no miro a las renovables. Pero no confundamos la velocidad con el tocino. Los riesgos nucleares son muchos, pero los principales no son los impactos de aviones. Por ejemplo, los terremotos. Las plantas nucleares ya están lejos de las áreas sísmicas (menos en Japón y en California). Pero si la probabilidad de que ocurra algo no es cero, las cosas pueden pasar.  Y si quiero reducir todos esos riesgos hasta el extremo, debo presupuestarlos y pagar por las cosas lo que cuestan. No sólo en las nucleares. EN TODO. Lo de Greenpeace suena a generar alarma, montarla bien gorda y poca cosa más. Pero con esas, igual me juego la credibilidad. No es compatible ser riguroso con la evaluación de riesgos, y luego hacer trampas en la de las probabilidades. Cognitivas, si quiere; pero trampas. Por cierto, 1.300 palabras hablando de nuclear en este post y no salió ni una sola vez “Fukushima“. Tiene mérito ¿n0?

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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4 respuestas a Aviones que destruyen centrales nucleares o la paradoja de Ellsberg

  1. Constantino Paz dijo:

    Me temo que tras el ataque a las torres gemelas no hace falta haber leído a Ellsberg para saber que el camino ya está abierto para utilizar un avión como misil contra una central nuclear.

    Teniendo en cuenta el número de pájaros que vuelan en España y que somos punto de entrada para los millones de moros que viven en el Magreb, y habiendo sufrido un ataque terrorista (de esos a los que la paradoja de Ellsberg también aplica, eh) en una infraestructura ferroviaria, pues es bastante normal que la gente se haga preguntas.

    Y más aún cuando España vive del turismo. Aquí un Fukushima o algo parecido, y se nos descaraja la economía nacional, o lo que queda de ella.

    • David Ruyet dijo:

      Muchas gracias, Constantino, por su comentario. Sin duda que los ataques terroristas del 11-S en Madrid (2001), 11-M en Madrid (2004) y 7-J en Londres (2005) han sido “innovaciones” en los métodos del uso del terror como reivindicación de vaya usted a saber qué. Pero la existencia del terrorismo (sean “moros” o no) no puede ser la causa de nuestra parálisis. No se pueden dejar de hacer cosas, y mucho menos cerrar infraestructuras “por si acaso las atacan”. ¿Por cuáles empezamos? En este sentido, el post intentaba mostrar no tanto la existencia del riesgo sino el problema de objetivar los mecanismos de evaluación de ese riesgo. Efectivamente y como descubrió Ellsberg con su paradoja los impulsos irracionales nos pueden llevar al error (argumentar el riesgo sólo con las nucleares, engañarnos con las probabilidades de error…) creyendo que en realidad (y de ahí el informe “racional” de Greenpeace) estamos basando nuestra decisión en argumentaciones objetivas. Gracias de nuevo por su aportación.

  2. Constantino Paz dijo:

    Sí, si.

    Si no le quito mérito.

    Lo que le digo es que cerrar centrales nucleares depende de las circunstancias. No me vale ni Greenpeace diciendo que las cerremos todas o el aserto contrario.

    ¿Por cuáles empezamos? Pues cualquier país tendría que empezar evaluando que si una concreta estalla por los aires cómo va afectar al resto de la economía, por esto de que no somos islas sino continentes.

    ¿Pasa algo si la nueva central de Finlandia pega un pepinazo? Pues no, demasiado. A lo mejor los estudiantes erasmus no van por allí en un par de años, pero poco más. Desde luego, no van vender muchos tomates o jabugo al exterior pero es porque allí cultivan poco y los chanchos seguro que los importan de Alemania.

    Ahora bien. Pero, ¿y si la que pega el pepinazo es la de Cofrentes con la de moros que hay por el Levante español? Pues a mí me da la impresión que salvo Canarias, la demanda turística iba a tardar un pelín en recuperarse. Pero ¿Y los pepinos españoles? ¿que cree que harían nuestros alemanotes con nuestros pepinos si fueran radiactivos cuando montaron la que montaron por la E.Coli asesina hace ná?

    Por ahí podían empezar a objetivarse los riesgos. Oséase, ¿que problema tendría España si su sector primario y terciario tuvieran que enfrentar un catástrofe nuclear?

  3. Jaime Oro dijo:

    Estoy muy de acuerdo. No obstante, tengo entendido que los tanques de gas licuado si son capaces de soportar el impacto de un avión comercial. Como mínimo los de Barcelona y Cartagena*.

    * http://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2011/03/17/tanques-enagas-soportarian-terremoto-impacto-avion/309453.html

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