¿Se acabó el trabajo? (y V): Epílogo


Pues no; para según qué parece que no se necesita personal...

Hace unos días la OCDE exigía medidas urgentes para reducir el desempleo mundial. La OIT, la agencia del trabajo de Naciones Unidas, contaba en su informe “Tendencias Mundiales del Empleo 2014” más de 200 millones de desempleados en el mundo en 2013 (202 exactamente; el 6% de la masa laboral mundial). Los más perjudicados son los jóvenes: hasta 74,5 millones de potenciales trabajadores de menos de 24 años están desempleados (el 13%, es decir más del doble de la tasa general)… Por regiones (¡atención!) el 45% está en… ¡Asia! pero no en América Latina (ya sabía yo que no me equivocaba viniendo acá…). La gran crisis del 2008 destruyó una enorme cantidad de empleos: más de 62 millones estarían asociados al crack. Si las cifras son desalentadoras, la tendencia según la OIT es… empeorar. Efectivamente, en los próximos 3 años se esperan hasta 13 millones de nuevos parados. Y si bien se crearían empleos, estos serían absorbidos por los trabajadores que se incorporan al mercado, con tendencia a aumentar el desempleo de larga duración (como se contó acá), el empleo precario y el informal (“en negro”, vaya).  Además, el previsible aumento demográfico hará más urgente crear nuevo empleo: la IOM estima que será necesario crear unos 600 millones de puestos de trabajo durante 15 años para mantener constantes las tasas de empleo. Parece complicado…

El siglo XXI, por tanto, parece que no varía la tendencia a la modificación estructural del empleo de toda la industrialización. La duda es qué estructura queda… Con el fin del XIX desaparecieron, a la práctica, los campesinos; con el XX, los obreros industriales. El XXI deja un páramo para determinados perfiles laborales. Cada nueva etapa del capitalismo, con sus disrupciones tecnológicas, ha ido finiquitando la workforce que la fundamentó. ¿La famosa destrucción creativa de Schumpeter aplicada al trabajador de a pie? Parece… A principios del siglo XX, los abonos nitrogenados sintéticos, que aumentaron los rendimientos productivos en el campo, transformaban las explotaciones agrarias. A finales, las revolucionarias TIC permitían transformar el capitalismo “industrial” del siglo XX en un nuevo capitalismo “financiero”, donde trabajador y capital dejaban de colaborar. En consecuencia, la cadena de producción obreros-ingenieros-directivos quebraba (recuerde el segundo post de la serie) buscando organizaciones más esbeltas. Los sucesivos progresos técnicos, además, expulsaban a todo aquel trabajador que no se pudiese adaptar al nuevo entorno. Las subcontratas sustituyeron a los obreros y las consultoras a los ingenieros. La externalización era el nuevo paradigma.

El aumento de la eficiencia técnica ha ocurrido más rápido de como se afrontó el problema de la absorción de la mano de obra; la mejora del nivel de vida ha sido algo demasiado rápida, el sistema bancario y monetario del mundo han evitado que la tasa de interés caiga tan rápido como equilibrio requiere“. Esto (sorpréndase) lo escribía Keynes en 1930 en un corto y célebre ensayo -en realidad una conferencia pronunciada en Madrid- denominado “Economic Possibilities for our Grandchildren“. Keynes, ya pensaba entonces en los efectos de la tecnología como generador de desempleo: “nuestro descubrimiento de medios de economizar el uso del trabajo va descompasado con la capacidad para encontrar nuevos usos para el trabajo”. Aumentar la productividad con la automatización reduce, en la teoría, el uso de mano de obra y aumenta los ingresos. Idealmente, en la teoría, eso genera una demanda de nuevos productos y servicios que, a su vez, crea nuevos puestos de trabajo para los trabajadores desplazados. Sin embargo, no ha sido así. Hoy la confusión es el nuevo paradigma. Los bruscos cambios tecnológicos y sociodemográficos de los últimos años -en un mundo de por sí demasiado complejo- han desequilibrado al sistema. Esperemos que sólo sea de forma transitoria.

¿Que aspecto tiene el trabajador del futuro? Premio para el que lo sepa..Los perfiles demandados hoy son muy distintos a los que se buscaban sólo hace unos pocos años. Como preveía Keynes, emergen nuevos perfiles profesionales ante el cambio tecnológico. Hoy el obrero urbano sin cualificación suficiente viene a sufrir tanto como el herrero o el trabajador en un telar cuando les cayó encima la revolución industrial. Occidente ya es un mundo sin fábricas y con una profunda histéresis en la persistencia del desempleo. No obstante, intentemos contestar a la pregunta. ¿Como va a ser el nuevo trabajo? Pensando en las economías -digámoslo así- más maduras, donde las interacciones entre agentes y sectores son más complejas, y el gran peso de la producción no es de la fabricación industrial a bajo coste, podemos intuir algunas tendencias (en orden aleatorio, por supuesto…).

1) Menor intervención estatal y peso de los sindicatos: esa tendencia parece irrefrenable. El peso de los sindicatos va a la baja, y el clásico asociacionismo salarial no parece que cuaje mucho en la masa laboral. La postmodernidad es, básicamente, individual. Sólo las economías llamadas “emergentes” (en realidad, ya emergidas), que han optado por el proteccionismo para defenderse de las potencias del G8, quedan como ejemplos de estatización, intervención constante o gran peso de lo público.

2) Necesidad de nuevos perfiles: el aumento de la productividad en un sector (causa de progreso) le obliga, a la vez, a eliminar empleos. Si hace un siglo algo se producía con 100 horas y hoy con 2, eso sólo admite: A) destruir empleo, o B) producir 50 veces más… Pero los progresos en un sector siempre liberan fuerzas para la producción en otro. A su vez, las máquinas evitan empleos que, en realidad, son innecesarios. Por tanto, el reto es pasar de la cantidad a la calidad. Reformarse y reformularse.

3) Desajustes geográficos: los trabajadores con habilidades deseadas pueden ser escasas donde se contrata, mientras que lugares con mayor desempleo pueden crearlo de manera insuficiente. Nunca olvide que las empresas siempre acuden donde el talento es abundante o donde los costes son bajos. “Movimiento es vida”, decía Brad Pitt rodeado por zombies. Razón no le faltaba.

4) Sectores: La gran pregunta es: ¿Cuál es la próxima big thing? ¿El cloud computing? ¿La Nanotecnología? ¿La Genómica? ¿La salud? ¿El cuidado de los mayores? La respuesta vendrá de las nuevas empresas que los emprendedores puedan crear – y destruir – con más facilidad que nunca, del acceso a los capitales inversores, y de la facilidad para constituir esas oportunidades de negocio.

5) Trabajar menos y mejor: el telecommuting (trabajar desde casa), la reducción voluntaria de jornada, las excelencias temporales no retribuidas, la promoción lateral (cambiar de tareas sin cambiar de empresa)… todos esos nuevos formatos, que vienen a ser algo así como “trabajar menos” o, al menos, “trabajar diferente” (y así conseguir un mayor estímulo), se espera que también vayan al alza.

6) Mantenimiento de las cotizaciones sociales en el cambio de empleo: La pensión privada, los ahorros personales y la Seguridad social son (en cada país según corresponda) esa parte del salario que cada vez puede ser más valiosa. Asegurar, por no decir blindar, esos capitales aportados, acceder a ellos, privatizarlos, etc. serán una variable que en los próximos años debería formar parte del paquete retribuido de cualquier trabajador, y que contribuirá a ser más flexibles.

Quiero trabajar

¿Desaparecerá el trabajo? Está claro que no. Porque, en el fondo, la historia del empleo es la misma que la de la economía, como ha podido ver en toda esta serie de posts. Desde la industrialización y el taylorismo, hasta su crisis en el ultimo tercio del siglo XX con el big downsizing, cuando la “economía social del mercado” ya presentaba cierta esclerosis. Ese modelo de crecimiento, de profunda inspiración católica, y creado en los años 40 como única y atractiva alternativa al socialismo-comunismo, entraba en apuros con la embargo del petróleo de los 70. La única forma de soportar ese escenario de costes crecientes (porque energía es economía), era una devaluación interior (en términos reales)de las economías occidentales tan consumidoras de petróleo como dependientes de él. En ese momento (tanto en el 70 como en el 79) fue imposible reducir los salarios (por el peso de los sindicatos), así que cayeron las tasas de beneficio. Sólo aumentaron los beneficios empresariales cuando el pleno empleo dejó de ser un compromiso de los gobiernos, los salarios dejaron de estar controlados por los sindicatos, y se reestructuró la base de la economía productiva en Occidente (pasando de industrial a financiera). Tecnología (las nuevas TIC) y política (el fin del comunismo y el triunfo neoliberal) cambiaron el mundo del trabajo para siempre. La desindustrialización de occidente y la gran globalización mundial son esta última etapa de un entorno laboral cada vez más “líquido” y exigente.

Por lo tanto, el trabajo no se acabará. Mutará en forma y número pero sin desaparecer. Porque, en el fondo, eso es el capitalismo: consumo y destrucción hasta un nuevo estado. Así que desespérense lo justo: los puestos de trabajo que se crearán en el futuro inmediato no se van a parecer a los que se han perdido; los que se acaban de perder, no podrán ser fácilmente cubiertos por los desempleados de hoy. El reto fundamental -a nivel individual y colectivo- es comprender cómo la naturaleza del trabajo está cambiando en cada momento, y cómo preparar a tantos trabajadores como sea posible para esos empleos del futuro, sin dejarse a nadie por el camino. Casi nada…  “La depresión mundial reinante, la enorme anomalía del desempleo en un mundo lleno de necesidades, los desastrosos errores cometidos… nos ciegan para ver lo que está sucediendo bajo la superficie y nos impiden alcanzar la verdadera interpretación de los hechos” decía Keynes en 1930. Probablemente fue así.  Probablemente es así. Probablemente siempre sea así.

Dots

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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6 respuestas a ¿Se acabó el trabajo? (y V): Epílogo

  1. Elena dijo:

    Muy bueno este post. “Por lo tanto, el trabajo no se acabará. Mutará en forma y número pero sin desaparecer. Porque, en el fondo, eso es el capitalismo: consumo y destrucción hasta un nuevo estado”. Comparto plenamente esta argumentada opinión.

  2. Juan Carlos dijo:

    Este modelo capìtalista muta demasiado rápido como para dar tiempo a los jóvenes para adaptarse a las nuevas ofertas de trabajo. También es importante considerar,¿cuánto tiempo estarán vigentes esos nuevos empleos antes que sean reemplazados por otros más sofisticados?

  3. Creo que hay un pequeño desliz y donde donde pone “excelencia” debería poner “excedencia”.
    El artículo y la serie sí que es excelente: muchas gracias por compartirla con todos nostros a través de esas páginas profesor.
    Esperemos ser capaces de hacer “ajustes” suaves hacia ese equilibrio deseado e inestable antes de que un ajuste abrupto y extremadamente destructivo cambie el paradigma y haga que todo lo que ahora sabemos, pensamos e imaginamos ya no tenga mas sentido, y la guerra Z del Sr.Pitt sea solo una fantasía y no se convierta en una metáfora.

  4. Daniel dijo:

    La verdad es que todos los posts han sido excelentes. Llegué a este blog de rebote, y ahora cada semana miro si hay algo nuevo. Gracias por el esfuerzo y la dedicación

  5. Javier S. Sánchez dijo:

    Llevo siguiendo con interés tu blog desde que hace unos años viniste a dar una charla formativa a un curso de Gestión Ambiental en Foment en el que participé (soy el que no paraba de asaltarte con preguntas, jeje). Tengo que decirte que esta serie de artículos me ha parecido de lo mejor y más recomendable que he leído aquí. Y aunque discrepo en algún punto, creo que el análisis que has hecho de tan complejo asunto no sólo es correcto sino que debería ser lectura obligatoria para todo aquel que quiera formarse una opinión fundamentada sobre el tema. Gracias por compartirlo.

  6. muy interesante el post…digamos que el trabajo es como la energía, no? ni se crea ni se destruye, solo se transforma

    muchas gracias por el articulo

    un saludo

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