¿Se acabó el trabajo? (III): La brecha salarial y la gran deflación


Tian'anmen 1989. Este tipo era un valiente

En 1989 Francis Fukuyama, un politólogo americano de origen japonés, escribía un artículo titulado “¿El fin de la Historia?” que se haría famoso (lo puede leer aquí con otros artículos). Viendo como el comunismo se desmoronaba (el texto es de agosto de 1989: el muro de Berlín cayó el 9 de noviembre de ese año), Fukuyama planteaba si el liberalismo, sin más alternativas, iba a ser la única ideología desde entonces. Es más:  Fukuyama entendía que se iba a iniciar una época donde sólo sería viable un sistema político: la democracia liberal. La historia (con minúscula, es decir la sucesión de hechos en el tiempo) ya nos había mostrado la derrota del Estado Fascista en 1945 y, ahora, la del Estado Comunista en 1989. Fukuyama entendía que, sin los dos extremos, quedaba todo el terreno libre para la democracia parlamentaria liberal, es decir, la conjunción del libre mercado, la existencia de un marco jurídico estable y la formación de una democracia representativa. Se acababa la Historia (con mayúscula, el espacio de lucha de las ideologías) con la victoria sin oponentes de la democracia liberal. Sin los rusos, los chinos (con Mao muerto y enterrado) no podrían “servir de faro de las diversas fuerzas antiliberales del mundo” según Fukuyama. Ganaba el mercado, pues si las ideologías no eran necesarias, sólo quedaba espacio para la economía…  Era una idea muy interesante: la victoria final de la economía por encima de las ideologías y las guerras (que a partir de entonces deberían ser, a priori, innecesarias).

La caída del muro de Berlin dejaba desnuda a la Unión Soviçetica. Se acababa el siglo XX y la aventura comunistaEn 1989 no sólo caía el “socialismo real” de los comunistas europeos con el muro de Berlín. Entre el 4 de abril y el 5 de junio de 1989, miles de chinos protestaban en la Plaza de Tian’anmen en Beijing reclamando cambios. Unos (estudiantes e intelectuales) pedían cambios políticos: más democracia; otros (obreros, base del PCCh), pedían cambios económicos: la inflación andaba desbocada y el desempleo crecía (recuerde este post). La cosa se acabó por las malas con la toma de la Plaza por parte de dos divisiones de soldados y tanques. Tras esa tragedia, Deng Xiaoping, premier chino entre 1978 y 1997, convencido de que los chinos confundían capitalismo y democracia emprendió una decidida apertura económica. Así que, al revés de los ex-soviéticos de Europa que optaban por la mezcla (neo)liberal democrática, los chinos impulsaban un marxismo con salsa capitalista aux fines herbes: un neocapitalismo autoritario con planificación estatal. Con la URSS en descomposición y la China de reformas, el mundo de 1989 era unipolar (dominado por los estadounidenses),  con un hegemónico modelo socioeconómico en occidente que combinaba -con mayor o menor fortuna- democracia, consumismo, bienestar y modernidad… ¿Cómo resistirse a eso? Si Fukuyama tenía o no razón -cosa que me importa un bledo-, su idea de la victoria de la economía sobre la ideología sí parecía acertada. Porque el mundo en el que el este se enfrentaba al oeste, pasaría a ser el del norte enfrentado al sur. De capitalistas contra comunistas, se pasaría al conflicto de “ricos” contra “pobres”.

Mind the gap, o sea recuerda el hueco… ¿entre los salarios?

1989 iniciaba, además, una brutal apertura de los mercados mundiales y, con ella, la deslocalización de buena parte de la producción industrial. Se aceleraba el proceso iniciado con las reformas de Reagan en los 80, donde el capitalismo industrial se convertía en financiero (mire el gráfico de la izquierda). Triunfaban el capitalismo y la globalización, más parecidos -eso sí- a una occidentalización que otra cosa (pregunten a Thomas Friedman). Por el Este y el Sur, las economías planificadas (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los llamados BRICS) entraban en el juego. ¿Cómo? con un enorme poder demográfico, apostando por el proteccionismo de sus mercados internos, y por un capitalismo autoritario, donde el gobierno establecía el 90% de las reglas del juego. Mientras, por el Este aparecían millones de exsoviéticos en 1992 (¿oyó hablar del fontanero polaco?) y más millones de chinos exmaoístas de formas sostenida desde 1994, más o menos (mire el gráfico de arriba). Todos ellos dispuestos a trabajar por unos salarios bajísimos para el Oeste, pero altísimos para el Este.

El aumento de la fuerza laboral de final del siglo XX, con los paises de la europa del Este en 1992 y el crecimiento sostenido de Extremo Oriente desde 1996

Se generaba una enorme deflación salarial mundial que afectaría a los empleos de todo el planeta. Un exceso de oferta laboral mundial (en China por la migración interior desde el campo a la ciudad, y en los países de la Europa del Este emigrando), que se combinaba con el traslado de la capacidad manufacturera mundial desde Estados Unidos y Europa Occidental buscando esos ahorros de costes en el Este (léase China, Polonia, Hungría, Eslovenia, Chequia…). Todo ello pasaba a limitar, cuando no a reducir, los salarios en Occidente. Desaparecían las bases salariales. A la vez, por el Oeste, las empresas adelgazaban por la base, gracias a la revolución organizativa que permitían las tecnologías de la información y la comunicación (o TIC)  como vimos en el post anteriorJeremy Rifkin describía ese proceso en 1996, en el que fue todo un superventas: “El fin del trabajo“. Para Rifkin el efecto neto de la disrupción de las TIC resultó desplazar millones de trabajadores a posiciones laborales inestables, en una nueva época donde el desempleo pasaba a ser, además de global, un elemento estructural. Las complejas TIC permitían hacer más productivos a los trabajadores más cualificados (o que mejor se adaptaban a esa complejidad), y el trabajo de los menos cualificados pasaba a ser menos valorado o, incluso, prescindible. Así, los directivos (sobre el papel más cualificados) eran mucho más productivos (porque, además, las TIC reducían tiempo y permitían trabajar más). Eso iniciaba la brecha salarial: el salario de los menos cualificados podía bajar (o desaparecer), mientras el de los más cualificados podía subir.

La brecha salarial o income gap, que empieza a crecer a mitad de los 90, cuando se juntan la deflacion salarial y el gran downsizing

Piense que los managers fueron una figura surgida tras la crisis de 1929, cuando los directores de las empresas eran, por lo general, sus propietarios. El crash les hizo ver que era difícil para una sola persona gestionar la complejidad del mercado. Debían profesionalizar las empresas, y establecieron directivos empleados (pero no dueños). No eran accionistas, sino asalariados con elevada responsabilidad y, por ello, elevado sueldo y alguna retribución adicional en especie. Eran los tiempos en que Rockefeller decía con orgullo que el mayor salario no debía superar en 40 veces el menor. Hoy es de 430 en Estados Unidos, 147 veces en Alemania o 127 en España (según la AFL-CIO americana). ¿Por qué? La reorganización de las empresas occidentales de los 80 separaba al manager del asalariado de base. Las empresas pasaban a tener una enorme cabeza y un reducido cuerpo (a menudo externalizado). Eran organizaciones más flexibles, donde despidos y promociones eran difíciles de prever. ¿Cómo alinear intereses? ¿Con accionistas que fuesen managers? A veces. La mayoría de veces era complicado: en ocasiones el hijo del dueño (si estaba) igual no era el más preparado; otras veces los managers no estaban interesados en invertir sus ahorros en acciones de su empresa sólo para trabajar ahí (y eso si les dejaban). Así que se optó de forma mayoritaria por convertir a los managers profesionales en accionistas light. Aparecían las famosas stock options, que buscaban alinear el interés de la empresa con el del alto directivo, generando accionistas híbridos que ganaban mucho (incluso muchísimo) si a la empresa le iba bien. De pronto unos pasaban a cobrar mucho y los otros muy poco.

Las fusiones y adquisiciones mundiales desde los años 90 no pararon de crecer. Luego hubo la cáida del Nasdq americano, el 11S, la entrada de los chinos… y la gran recesión

Pero el downsizing había dejado las empresas bien chiquitas. Les quedaba el llamado core business (su actividad central y fuente de su ventaja estratégica) y poco más. Así que en los 90 se iniciaron las fusiones de empresas, las plusvalías, los grandes acuerdos de compra, las grandes firmas, las big five, los campeones nacionales… Aligeradas de personal, ahora buscaban ganar tamaño o, al menos, reducir riesgo. El downsizing de los 80 se había pasado de frenada, aparentemente, y las empresas eran apetitosas para la compra de un competidor voraz. Así que las fusiones eran un interesante elemento defensivo para ganar mercados, clientes, patentes, las famosas sinergias y… algo de tranquilidad para la alta dirección (la de la compradora al menos…). Todo ello resultaba durísimo para las clases medias europeas y estadounidenses: fábricas que cerraban para localizarse en otras geografías más productivas, reingeniería de procesos que se cebaban en las estructuras intermedias, en especial en el segmento de trabajadores 45 a 55 años; subcontratación masiva, con reducida protección laboral, como modelo productivo…

La tremenda pérdida de capacidad manufacturera (o sea industria) de la OCDE desde finales de los 90

En suma reconversiones de empresas, reducciones de plantilla, cierres y traslados al extranjero (las famosas deslocalizaciones), imponían a la clase media global una presión enorme que, en versiones anteriores del capitalismo, estaban limitada a las clases trabajadoras. Efectos que , en el año 1998, Richard Sennet describía como la “corrosión del carácter” en el libro del mismo título. Los cambios en las estructuras laborales vigentes hasta la fecha se modificaban, corroyendo “los rasgos personales que valoramos en nosotros mismos y por los que queremos ser valorados“. El fin del modelo de trabajo y vida profesional pegado a la carrera estable junto a una empresa “para toda la vida” era ya una realidad en toda Europa. Las mejoras de productividad derivadas del nuevo capitalismo eran paralelas a la precarización de sus clases medias. En el año 2000 la duda era cómo mantener el poder adquisitivo de las clases medias occidentales, en serio peligro. Si el consumo se desmoronaba, y la rueda dejaba de girar… Vaya usted a saber… ¿Qué hacer?

Puntito

(Continuará en… Parte IV: la ley del único precio y la gran burbuja)

Dots

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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6 respuestas a ¿Se acabó el trabajo? (III): La brecha salarial y la gran deflación

  1. Juan Carlos dijo:

    La precarización laboral creciente es un hecho que ya lo constatamos en los países desarrollados. Las cifras de paro se manipulan, un ejemplo de estas prácticas las encontramos en EE.UU. donde la cifra oficial de desempleo se sitúa en 11.150.152 personas pero la cifra real sube hasta los 21.090.868 personas. En España el baile de cifras con el número de desempleados es constante. Pero, ¿cuál es el dato de paro real en España?

    http://www.libremercado.com/2013-05-06/pero-cual-es-el-dato-de-paro-real-en-espana-1276489396/

    Causas del desempleo:

    *Implementación de una política monetaria restrictiva por parte del banco central.
    *Cambios de la estructura económica debido a los avances tecnológicos.
    *Una demanda de trabajo superior a la oferta de trabajo.
    *Desempleo friccional: El periodo que tarda un trabajador en estado de desempleo, hasta conseguir otro trabajo.
    *Empleo estacionario: Trabajos que dependen de temporadas como lo son la pesca, agricultura, sector turístico etc…
    *Desempleo generado por la inflación no anticipada.

  2. Esto de mirar de lejos el bosque no permite ver los árboles
    Si el paro en Espanna es del 26% o más, cualitativamente diferente del de los demás países europeos y mas parecido al de un país africano este tipo de consideraciones tan europeas o mundiales olvida la realidad mostrenca de este Reino Bananero Africano y no permite entenderla.
    Y va a empeorar, eh.

  3. Anselmo dijo:

    Hay una tendencia imparable a reducir el factor trabajo, como ejemplo citaré el aumento de productividad en las operaciones de carga y descarga de barcos, que se ha multiplicado por treinta (¿) en los últimos treinta años. Si esta tendencia continua en todos los sectores de la economía podrí llegar un momento en que sólo trabaje un 5% de la población, ya que el grueso del trabajo estará robotizado o automatizado. Nos encontraríamos con un 1% de la población estaría constituido por propietarios de los medios de producción, un 5% por trabajadores y el 94% restante por desempleados. El resultado sería que la mayor parte de la producción no tendría mercado puesto que tendríamos a la práctica totalidad de la población en la indigencia, completamente marginada del sistema económico.

  4. Pingback: ¿Se acabó el trabajo? (Parte IV: la ley del precio único y las grandes burbujas) | el blog de David Ruyet

  5. Antonio dijo:

    El salario medio ponderado de equilibrio mundial
    y el suicidio de las naciones industrializadas

    En una situación mundial de libre mercado , en la que circulen libremente los factores productivos -capital, trabajo y medios materiales de producción- y las deslocalizaciones de empresas estén liberalizadas, habrá un flujo permanente de la producción hacia los lugares en los que se consiga producir con el menor costo. Ello hará bajar los salarios de los países industrializados, en los que los sueldos son más altos.

    Este fenómeno de búsqueda de un punto de equilibrio salarial mundial, es similar al de la búsqueda de una altura intermedia cuando se ponen en comunicación dos recipientes con distinto nivel y volumen de líquido. La altura no es la mitad, sino la media ponderada.

    El punto de equilibrio de los salarios sometidos a una liberalización global se puede calcular teóricamente de manera sencilla si consideramos que solo dependen de su magnitud y de la cantidad de población que los cobra. Supongamos que el 90% de la población mundial cobra un salario mensual de 100 euros y que el 10% restante cobra un salario de 1000 euros al mes, una hipótesis que no es muy diferente de la realidad.

    El SALARIO MEDIO ponderado resultante será de 190 Euros/Mes

    puesto que: (90% sueldos a 100 €/mes + 10% sueldos a 1000 €/mes)/ 100%= (9000+10000)/100=190

    Por lo tanto la libre apertura global de fronteras y deslocalización de empresas y trabajadores llevará rápida e inexorablemente a las masas ciudadanas de los países industrializados a obtener un salario medio de equilibrio salarial mundial de unos 190 euros al mes.

    Nota.- Quienes promueven este modelo de apertura global no piensan estar entre la masa esclava que cobre al mes 190 euros.

  6. Pingback: ¿Se acabó el trabajo? (y V): Epílogo | el blog de David Ruyet

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