¿Se acabó el trabajo? (II): la revolución informática y el big downsizing


El fin de la sociedad industrial, y el paso a la sociedad del conocimiento

En 1969 el filósofo francés Alain Touraine escribió un visionario ensayo titulado: “La societé post-industrielle”.  Sólo pocos meses después de mayo del 68, Touraine ya intuía que algo estaba cambiando. Esas protestas eran el síntoma de una transición que podría, incluso, reestructurar toda la sociedad. Lo cierto es que era imposible seguir manteniendo en Occidente las mayores tasas de crecimiento de la historia, y que se dieron en los “Thirty Glorious“, de 1945 a 1973! Pero es que, además, el rechazo social al agotado sistema fordista coincidía con la crisis del petróleo de 1973. 30 años de costes energéticos ridículos (sobre unos 2 dólares el barril) tocaban a su fin con el embargo de la OPEP. Un nuevo mundo energético llegaba (con la energía nuclear, el gas natural y las renovables) junto con ese cambio de la conciencia social. En 1973, precisamente, el sociólogo de Harvard Daniel Bell (fallecido hace un par de años) escribía “The Coming of Post-Industrial Society“. En ese ensayo daba por acabado al capitalismo industrial (como Touraine), y vislumbraba un futuro inmediato donde esa sociedad productora (para eso estaba pensado el sistema de Ford: producir a gran escala) mutaba a una sociedad de consumidores. Según Bell, la gran empresa industrial del siglo XX (fruto del entendimiento entre el capital y el trabajo y, sobre todo, de la coordinación de las clases sociales) se transformaba en un nuevo espacio donde tecnología, finanzas y  servicios eran los que mandaban. Bell le daba un nombre: “sociedad del conocimiento“.

Los 70 presentaban a esa “nueva” sociedad occidental la GPT más GPT de todas: la moderna informática (es decir, procesar y transmitir datos en formato digital). Esa nueva tecnología sería una respuesta de la contracultura de los jóvenes de los 60 (hippies, estudiantes hartos, comunistas voluntarios, ecologistas…) que iba a cambiar el mundo de sus padres, pues… ¡los informáticos del 78 eran los estudiantes de informática del 68! En 1971, la Intel Corp. Fundada por Robert Noyce y Gordon Moore diseñaba el i4004, el primer microprocesador en un chip de 4 bits. Era la primera CPU como la entendemos y el pistoletazo de salida a la irrefrenable carrera de la mejora exponencial del proceso de datos definida por la Ley de Moore (el de Intel): cada dos años se duplicaría el número de transistores en un circuito integrado. En 1977 Steve Wozniak y Steve Jobs sacaban el Apple II, el primer computador personal fabricado a gran escala. En 1981 IBM replicaba el invento con el IBM Personal Computer que costaba 5,000 dólares, y podía usar un sistema operativo llamado CPM por 400 dólares u otro MSDOS de una empresa -entonces desconocida- llamada Microsoft Corp. (o MS) por 100 dólares, baratísimo entonces y porque cabía en un sólo disco (Disk Operative System o DOS), mientras que el CPM usaba dos.  En 1982 salía el primer clon del IBM PC porque Intel fabricaba CPU’s para todos, y cada año más potentes. Mientas, el tipo de Microsoft, llamado William “Bill” Gates, producía software diseñado para funcionar con los chips de Intel y la rompía. En menos de 10 años el panorama tecnológico diario había cambiado. Y mucho.

La reducción de horas trabajadas, la electricidad, el big downsizing y la mejora que resulto la informatica

Como la electricidad, la moderna informática de los 70 a los 80 (la llamada “tercera generación”o si quiere IT) tendría un rol similar sobre la organización del trabajo: reorganizalo. Sobre 1900, la electricidad permitía competir a las fábricas pequeñas, que no necesitaban ya producir vapor y turbinar como las industrias grandes: bastaba con conectarse a un cable. Además, permitía segmentar y regular la cadena de montaje fácilmente. La IT permitía hacer mucho más que eso: cambiar la forma de organizar el trabajo, por tres interesantes propiedades. Primera: reducía el coste de comunicarse, usando datos digitales, a gran velocidad y en gran número. Segunda: aumentaba la polivalencia del trabajador: un directivo prescindía de su secretaria para redactar una carta; un empleado de banca entraba unos datos y prescindía de cinco interventores; un ingeniero pensaba la pieza y la dibujaba en CAD, y no el delineante… Y Tercera: horizontalizaba el proceso; lo que hacía ahora un trabajador no dependiese de obedecer a su jefe, sino a un programa informático. Por todo eso, la IT era una auténtica revolución para mejorar la productividad: transformaba el trabajo en más intensivo. En pocas palabras, lo que antes hacían dos o tres personas ahora lo podía hacer una sola. Mire el gráfico de arriba: la productividad crecía de nuevo. Con la IT los trabajadores eran más autónomos (el llamado empowerment) por esa horizontalidad y la polivalencia (Toyota ya descubrió que eso mejoraba la productividad; recuerde el post anterior). Pero ahora se disponía de una nueva variable para la mejora de la productividad: la reducción de costes, de estructuras… y de trabajadores.

En todo este tiempo (1970-1980) las tasas de beneficio se habían ido al carajo. La llegada de los islamistas a Irán en 1979 subía el precio del petróleo a máximos históricos lo que las iban a hundir más. Pero iniciando los 80 ocurrían dos hechos muy importantes: por un lado, la victoria de Ronald Reagan en 1980; por otro, el juicio a la Banda de los Cuatro en China (paralelo al control de Den Xiaoping del Partido Comunista Chino –o PCC- en 1981). El comunismo mundial ya estaba en crisis desde 1976 con la muerte de Mao. La revolución cultural, en realidad, lo era sobre todo contra la versión “capitalista” del PCC, que pensaba en otra forma de organizarse. Deng decía desde 1960 sobre el color del gato “lo importante es que cace ratones”, así que la cosa estaba más que clara. Por tanto, sólo quedaba la URSS, porque lo de los chinos -sin Mao- era cuestión de tiempo. Así que a   Reagan se le ocurre en 1983  llevar a la URSS a una carrera loca y carísima por la tecnología militar  (la Iniciativa de Defensa Estratégica o“guerra de las galaxias”, que nunca fue criticada por el Papa polaco Juan Pablo II). En paralelo le abre múltiples frentes con guerras en terceros países. Y luego les remata: caída de precios del petróleo por falta de oferta y subida del precio del dólar, etc.. ¡Zas! Con Bush Padre ya, la URSS (por cierto, sin IT) llega totalmente ahogada a noviembre de 1989, con un pragmático como Gorbachov para liderar la transición. Se acabó el comunismo “real”. Caía el Muro de Berlín y, a la práctica, finalizaba el siglo XX.

La cadena de montaje de Ford se convertía en otra cosa. ¿Que cosa? Una serie de perfiles polivalentes en paralelo

En paralelo, además de esa estrategia, Ronald Reagan nombraba en 1980 como secretario del Tesoro a Donald Regan, empezando la desregulación, o la llamada Reaganomics. Siguiendo los postulados de Milton Friedman y los Chicago Boys, el eje central de la economía pasaba a ser la acción individual y la reducción de la función del Estado. Sólo reduciendo el Estado puedes cobrar menos impuestos (los máximos bajaron del 70% al 28%). No obstante no se redujo el gasto público: había que pagar la “guerra de las galaxias”. Estados Unidos pasaba a ser una nación deudora, tendencia que no dejaría hasta hoy… La razón era sencilla: tras el fin de la II Guerra Mundial (y para evitar la tentación libertaria del comunismo) había que demostrar que el capitalismo podía ser igualitario. Era necesario el estado del bienestar y en Occidente se asumió el pacto keynesiano del desarrollo económico y pleno empleo, lo que resultó un éxito. Caído el muro, ya no era necesario el estado protector, cosa que Reagan y Thatcher aplicaron rápidamente y que la IT permitía con tasas de beneficio crecientes. Esta semana se dieron cuenta en Holanda… Al capitalismo industrial fundado sobre la base del compromiso social entre capital y obrero (y los ingenieros por en medio) le sucedía otro diferente. En la empresa industrial del siglo XX se producía el alineamiento de los managers, los ingenieros y los obreros con un objetivo común, y lo que algunos autores denominan contrato social de la industria. En la empresa post industrial, los ingenieros se contrataban desde consultoras, y los obreros eran subcontratados desde empresas contratistas más chicas. Quedaban los managers y la mejora productiva.

Era el inicio de la re-engeniería de las empresas: el rethinking, el resizing, el downsizing proactivo y el reactivo… Las economías a escala habían desaparecido en los 80 con la revolución informática. Con la multitarea el tamaño ya no importaba y, por lo tanto, todo era fácilmente segmentable y reducible. Llegaban los servicios que pronosticó Daniel Bell. La obsesión de las empresas por ser más delgadas y más eficientes las llevaba a desmembrarse… Era el gran downsizing. Empresas cada vez más pequeñas, estrechas, y esbeltas. Post-industriales, como pronosticaba Touraine. Además, la empresa industrial necesitaba tamaño para competir y, a la vez, lo que se denomina integración vertical: controlar sus materias primas y llegar al cliente; posicionarse de forma eficiente en toda la cadena de valor. En la empresa post-industrial el beneficio estaba en la externalización, la subcontratación, la deslocalización o, simplemente, en la diversificación financiera. La desregulación financiera hacía el resto, fomentando la creación de empresas financieras y no industriales. Ahí estaba el valor. Comprar empresas y desmembrarlas como hacía el putero de Richard Gere de “Pretty Woman“. Nada que ver con la eficacia técnica. Muertos los sindicatos, sin posibilidad de resurrección, los managers dejaron de fijar su salario con referencia al de los obreros, y sí con el de la generación del valor (era la única métrica asociable). Llegaban los bonus. Porque la IT era básicamente una revolución gerencial: la gestión eficiente de la información permitía transformar de forma radical la organización del trabajo moderno. Eso iba a cambiar totalmente a Occidente.

Pero la cosa no acabaría ahí. Estaba también Oriente.

Puntito

(Continuará en… Parte III: la brecha salarial y la gran deflación)

Dots

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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12 respuestas a ¿Se acabó el trabajo? (II): la revolución informática y el big downsizing

  1. Juan Carlos dijo:

    Muy buen análisis sociológico del siglo XX y XXI. La sociedad post-industrial es en esencia una revolución gerencial, donde la clase media y el estado del bienestar sobran. La informática y la robótica han disminuido de forma espectacular la mano de obra. Es la gran paradoja de nuestra era. La productividad está en niveles récord, la innovación nunca ha sido tan rápida y al mismo tiempo tenemos una caída de los ingresos y menos empleos.

    http://www.eleconomista.es/economia/noticias/4912220/06/13/La-gran-paradoja-de-nuestra-era-la-tecnologia-destruye-empleo-y-fomenta-la-desigualdad.html

    El comunismo mientras existió, ayudó a las clases medias de occidente. El pacto keynesiano era la concesión que tenía que realizar el capitalismo con el fin de no quedar en evidencia. Las clases medias europeas y norteamericanas se beneficiaron del comunismo real. Una vez cayó el muro de Berlín, el capitalismo se quitó la máscara y dejo ver su verdadero rostro: desregulación financiera, deslocalización, externalización, subcontratación y desguace de empresas.

    Me ha fascinado la informática pero es importante reconocer que su atractivo esconde un drama social. La complicidad de la IT esta dejando en la cuneta a cientos de miles de trabajadores porque simplemente ya no son necesarios en la cadena productiva. La multitarea suprime muchos puestos de trabajo. En cierto sentido se puede comprender y justificar el movimiento ludita, el odio a las máquinas que están transformando el entorno del hombre. La máquina cada vez es menos una herramienta laboral y más un competidor autosuficiente.

  2. lucas pohl dijo:

    Un análisis académico en toda regla, si se quiere. De hecho, tratar con gente, con personas, atenderlas y satisfacer sus requerimientos, ha sido desde siempre una de las tareas más penosas que existen. Creo que la implantación de la Tecnología de la Información (IT) –además del aumento de los márgenes de lucro– ha permitido paralelamente evitar ese contacto (hasta si se quiere “indeseable”) con el indivíduo que opera en la línea de producción; tenemos entonces que muchas actividades poco agradables (para gerentes y jefes) quedan aparentemente un tanto más simplificadas; y más aún hoy, que ya somos más de 7 bi de almas sobre la faz del planeta, consecuencia directa de la generosidad energética del sistema hasta hace relativamente poco tiempo. Lamentablemente –como lo veo yo, tal vez esté equivocado– la cosa comienza a tambalearse con un bamboleo cada vez más irregular; los precios de las energías más importantes comienzan a subir de manera progresiva desde el 2008. Tal vez sea por la especulación, tal vez por otra variable que huye a mi interpretación. Lo cierto y lo concreto es que los salarios de las clases obreras y medias han perdido gradualmente poder adquisitivo, y esto es una señal a considerar. Quién sabe, al final de cuentas, el gran Gilles Deleuze probablemente tenga toda la razón al describir las sociedades de control y las máquinas informáticas. Gracias por el espacio. Enhorabuena por el blog (wordpress).

    • David Ruyet dijo:

      Gracias, Lucas, por su comentario y sus felicitaciones. Precisamente, el proximo post de la serie trata de la generación de esa brecha salarial en las empresas, sus causas y qué se hizo para remediarla. Gracias por seguir este blog.

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  5. Individuo dijo:

    Enhorabuena David, con esta sarta de manidos clichés historicistas a buen seguro te has metido en el bolsillo al lector medio de “izquierdas”, poco instruido como no sea en la propaganda, y siempre deseoso de textos auto-complacientes.

    Que el estado de bienestar en occidente se lo debemos al cruelísimo totalitarismo soviético es una de las mayores patrañas inventadas y perpetuadas por los nostálgicos del muro. Falsas lecciones de historia escritas para quien apenas sabe de ella. ¬¬

    • David Ruyet dijo:

      Muchas gracias, individuo, por su comentario. Sinceramente no es mi intención ni complacer ni contrariar a ningún lector del blog más de lo necesario. Son mis ideas y mis opiniones, que intentan ser lo máximos de objetivas y fundadas en datos. A partir de ahí es mi interpretación, contra la que puede discrepar (cosa que, de verdad, le agradezco). Sobre lo de “izquierdas” o “derechas”, ciertamente, me importa poco. Ojalá ese modelo tan simple fuese válido para explicar el mundo hoy: es demasiado complejo y esa división resulta insuficiente. Respecto a si debemos algo al “cruel” o no estado soviético, me es indiferente también, lo mismo que si queda alguien interesado en que siga el muro (creo que sólo quedan algunos, y obligados, en Corea del Norte, Cuba, Sudán del Norte y sitios similares). Lo cierto es que a principios del siglo XX medio mundo se dejó atraer por esa visión del mundo, que luego se demostró absolutamente ineficiente en el uso de los recursos. El “Estado del bienestar” no fue sino el pacto de occidente para conseguir equilibrar a partir de 1945 el pleno empleo con un desarrollo económico equilibrado, pero ya sabe también que existían potentes antecedentes del mismo del siglo XIX (el Wohlfahrtsstaat de Bismarck, l’État-Providence de los franceses…). Todas las dictaduras de inicios del siglo XX (Mussolini, Hitler, Stalin, Hirohito) eran extraordinariamente eficientes en la asignación de recursos pero siempre a cambio del malestar social (por ello empezó la II Guerra Mundial ¿no?) y el estado del bienestar pasaba a ser una respuesta más que eficiente para ello. Al menos, yo lo veo así. De nuevo, gracias por comentar y seguir este blog.

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