Se acabó Kioto ¿pero hay algo mejor?


Las protestas truchas en Qatar. Un pais donde el despilfarro material es todo un arte

Parafraseando a REM: “It’s the end of CO2 as we know it”. Acabó la cumbre de Doha con más pena que gloria. Es una lástima, pero no se me ocurre una expresión más clara para expresarlo. El calentamiento global y el cambio del clima de la Tierra serán algunas de las peores dificultades, ya no para las no futuras, sino para las inmediatas generaciones. A las actuales parece que les importa un bledo. Porque el acuerdo resultante de la COP 18 de Doha sólo implica y compromete… al 15% de los emisores de gases de efecto invernadero. El cambio climático no es una prioridad para los que van a mandar en el siglo XXI, o sea China, India, Estados Unidos,  Japón, Rusia, Brasil, México, Turquía, Sudáfrica… Los europeos siguen con su apuesta y algunos (pocos) les acompañan, pero lamentablemente, esto parece estar fuera de las agendas políticas (piense en Rio+20). La estrategia hoy es la patada para adelante: ya lo hablaremos en 2015, que entonces sí que irá en serio. Como en las aburridas celebraciones familiares, con esto del clima lo único que queda claro es que el año próximo habrá otra COP igual.

Que no habría acuerdo era el lógico escenario tendencial. Sólo había que ver la evolución de las diecisiete anteriores COP (menos en 1997 y en 2001, cuando se estableció el Protocolo de Kioto). Demasiada complejidad para un tema como este (a largo plazo, no lineal), en un escenario de crisis global, y cuando sobre la cuestión ambiental, en el fondo, aún pesan demasiado las ideologías. El blog del maestro Pedro Linares mencionaba el trabajo del Dr. Richard Tol de la Universidad de Sussex que calculaba la probabilidad de llegar a un acuerdo en la COP 18. El 27 de noviembre Tol establecía que la probabilidad de éxito para conseguir un acuerdo era del 2.3% y que con un 85% de confianza la probabilidad era de menos del 22%. Aunque siempre es divertido jugar con esto de la esperanza matemática el Teorema Central del Límite y la Campana de Gauss, tampoco parecía muy complicado llegar a una conclusión parecida a la del profesor Tol sin recurrir a las matemáticas. Lástima.

El estudio del profesor Tol. The expected probability of negotiation success (solid line), its 95% confidence bound (dashed line) and the annual costs of climate negotiations (triangles)

Para no deprimir del todo a los irreductibles que, al opinar sobre Doha, entienden que “se ha dado un pasito hacia adelante” o que “el acuerdo es débil“, lo cierto es que se prolonga el acuerdo de Kioto aunque -como opina Greenpeace con razón– esto no va a servir para reducir las emisiones. En el mejor de los casos, servirá para no detener la maquinaria administrativa que generó el Protocolo. Porque… ¿Es bueno el mecanismo de Kioto? ¿Ha sido un problema de expectativas? ¿Se trata de fijar los objetivos adecuados? El protocolo definía dos elementos clave: los objetivos de reducción durante 2008-2012 y los “mecanismos flexibles“. Llegado el acuerdo a su final en 2012, en Doha no se llegó a un acuerdo para prorrogar lo primero de forma efectiva (o sea para detener el cambio climático), pero lo segundo sí se mantiene. Y eso no es menor. Porque, en realidad, eso de Kioto era un acuerdo global donde las economías desarrolladas pasaban a “restringir” su actividad implantando propuestas tecnológicas “low carbon” y transfiriendo renta (directa e indirecta) a las economías en desarrollo. Y ahí encalla la situación actual: no hay acuerdo en cómo establecer ese mecanismo de reparto norte-sur.

El sistema de cuotas de emisión negociables cap-and-trade propuesta por el Protocolo de Kioto se inventaba una commodity virtual (las emisiones de CO2) que se podían negociar mediante compraventa de derechos de emisión (los CERs). Mecanismos de mercado para conseguir objetivos ambientales: una idea rompedora. Ver como le iba al CER, en el fondo, era ver como cotizaba Kioto económicamente hablando. El mercado empezó dubitativo y con mucha volatilidad. Al poco, el precio subió a 20 €/CER. La cosa parecía funcionar hasta que por ahí 2009 empezaron a funcionar las reglas de oferta y demanda y el precio se estabilizó en unos 12-13 € por CER. Tuvo un pico en 2011 después de Fukushima, llegando a casi 20 € por CER, pues algunos pensaron que la energía nuclear no sería válido como estrategia de no emisión de CO2. Pero, amigo, la lógica de los mercados es aplastante. Si el sistema no es sólido, no está bien diseñado y no se corrigen adecuadamente sus ineficiencias, la cosa falla. Y falló. En un año cayó un 50% en lo que se llama un bear market. Este diciembre se ha llegado a precios por debajo de 1 € por CER. Y es que bastaba con ver ese mercado para entender que pasaría con Doha.

Evolucion de los precios de los CER durante todo el protocolo de Kyoto. Para abajo siempre

El problema ha sido la creación ineficiente de una commodity virtual incapaz de crear inflación sobre la misma, que era de lo que se trataba. Comprar o vender derechos de CO2 consistía, en realidad, asumir el coste de oportunidad de una multa, por lo que debía generarse demanda de CERs, pero no fue posible. Más bien al contrario. De hecho, el problema consistía en que la UE -que emitía el 15%- asumía prácticamente el 100% del coste. Los Americanos no estaban y en 1997 nadie pensaba que Chinos e Indios serían grandes emisores. Rusia aún daba miedo. Pero el resto de países transaccionaba en el mercado, queriendo vender sus CERs creando deflación (generando más oferta de créditos de offset, pero nunca demanda). Y ese ha sido el gran problema: haber diseñado un mercado ineficiente y asimétrico, donde se emitían derechos de offset sin demanda… ¡porque nadie quería asumirla -y pagarla- excepto los europeos!  Todos se han ido borrando de forma dislmulada… ¡hasta los canadienses! Si a eso le añade la crisis económica y financiera, la caída de demanda industrial, los problemas de deuda soberana en la eurozona… la cosa sólo podía acabar así. Mal.

¿Se puede ser optimista en esto? la EU-ETS (la norma que asumía para los países de la UE los compromisos de Kioto y utilizaba sus mecanismos) ha costado a los europeos durante esos cuatro años el 0.1% del PIB (según la misma UE en 2009), aunque algunas fuentes elevan esa cifra al 1%. Más de 200.000 millones de euros según UBS en septiembre de este año. Eso es una barbaridad en los tiempos que corren. Es imposible que, con esa señal, las economías que crecen asuman ese coste. A los americanos no los van a convencer en la vida, me temo. Pero es que, además, las emisiones globales no se han reducido. A 5 de diciembre de 2012 el valor del CO2 atmosférico era de 392 ppm (en este website se dan los valores medidos en el observatorio hawaiano de Mauna Loa). En 1997 (cuando empezó Kioto) era de poco más de 360 ppm. Así no se pasa la prueba empírica para verificar si el Protocolo ha funcionado. Suspenso. Una buena idea teórica, una cierta euforia colectiva y una mala implementación, en un mal momento y para un problema demasiado importante. Parece que -en esto también- the party is over y que así la cosa no va a funcionar. Aún así, ¿tenemos algo mejor? No. Y ese es el problema.

Puntito

Queridos lectores de este blog: lamentablemente me he pasado un mes sin postear. Mil disculpas. No hay excusas sino explicación: pasé mes y medio en Argentina y Uruguay por trabajo y no sé si ha sido el Malbeq, el bife de chorizo, las dudas sobre si Independiente se va a la B, el jet lag o qué, pero la actividad cayó en picado. Prometo mejorar y, en lo posible, recuperar el tiempo perdido. No se vayan todavía, por favor. Millones de gracias.

Dots

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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5 respuestas a Se acabó Kioto ¿pero hay algo mejor?

  1. dani...él dijo:

    En las disculpas se encuentra la explicación de todo. No hay nada mejor que Kyoto porque la mayoría de individuos creen que es obligatorio cruzar océanos en pocos meses y ciudades en pocos minutos. El verdadero tratado será mentalizarse de que nuestro territorio de referencia es un pequeño municipio con unas decenas de kilómetros cuadrados en los que hay todo lo que una persona necesita.

  2. Dario Ruarte dijo:

    David:

    El vino que te tiene a mal traer es el MALBEC (con “c” final). Es bueno para acompañar carnes sin duda.
    😀

  3. Pingback: Miedo al verdadero enemigo | el blog de David Ruyet

  4. Pingback: Llegan los inmaduros | el blog de David Ruyet

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