12 textos que cambiaron la forma en que el mundo veía el medio ambiente


Oiga ¿cuál es su película favorita?” ¿Y por qué sólo una? ¿Por qué no pueden ser 5? Siempre me han parecido algo absurdas esas listas de “los 10 mejores pintores” o “las 5 mejores salsas para macarrones“. ¿Qué le importa eso a nadie? ¿Para qué esa competición?. Dicho esto, igual no entenderá el porqué de este post. ¿Por qué estos 12 textos? ¿Por qué no 23? La verdad, no lo sé. Podían ser más o menos. Y seguro que otros piensan que son otros. OK. Pero los textos de esta selección, que no son un ranking sino que son ideas brillantes que cambiaron la forma en cómo se paso a entender la Tierra desde entonces. Están ordenados por cronología, y han establecido un antes y un después en la visión ambiental tras cada uno de ellos. Que los disfrute.

1) “A Sand-County Almanac” (1948), de Aldo Leopold: vamos a llevarnos bien de entrada, así que no les voy a engañar: este libro me pareció un coñazo. Bambi contaba lo mismo de forma mucho más entretenida. Pero oigan: ES QUE ESTE TIPO FUE EL PRIMERO. Así como suena. Antes de Aldo Leopold, NADIE, repito: NADIE sabía, ni entendía, ni necesitaba eso del medio ambiente. Leopold fue un visionario. Estuvieron los ambientalistas de finales del siglo XIX, vale, como John Muir (el fundador del Sierra Club); y antes los trascendentalistas, de acuerdo, como Ralph Waldo Emerson; pero estos contaban historias a mitad de camino del mundo feliz de los evangelistas del séptimo día y el flipe de los colgados de peyote (algo así como la suma de ecología+religión+belleza). Y llega Leopold y ¡patapám! introduce la ética ambiental, o sea el respeto entre las especies. Y desde ahí realiza una lectura del medio ambiente total (algunos lo llamarían hoy holística), más allá del puro antropocentrismo. O sea planeta, hombre y especies en un único conjunto. Y el primero que entendió esto, y lo contó, fue Leopold. Y ya saben que el que da primero…

2) “Silent Spring” (1962), de Rachel Carson: poco se iba a imaginar esta buena señora la que iba a liar con su libro. En realidad, es más parecido a una novela que a un texto científico. El problema es que es una novela de miedo; sin querer, sí, pero de miedo. Rachel Carson, bióloga del United States Fish and Wildlife Service, describía una ciudad imaginaria que, en el corazón de Estados Unidos, habría sufrido una extraña epidemia; animales y muchas familias habrían muerto víctima de misteriosas enfermedades. Como en el primer capítulo de “The Walking Dead“, vaya. “The birds, for example- where had they gone?… It was a spring without voices.”contaba Mrs. Carson. Y esa metáfora sobre una primavera donde no cantarían los pájaros, ni se oiría el rechinar de las cigarras, todos desaparecidos sin explicación, y con el único testigo de un polvo blanco que lo cubriría todo, era una denuncia del, cada vez más evidente, riesgo de deterioro del medio por la contaminación industrial, en especial de la industria química. El libro tuvo un gran éxito, interesando incluso al mismo presidente John F. Kennedy, que integró a la Sra. Carson en su grupo de consejeros. ¿Causa-efecto? Esta vez sí. Si se preguntó alguna vez si hubo un libro que cambió el mundo casi sin querer, éste fue uno de ellos.

3) “The Economics of the Coming Spaceship Earth” (1966), de Kenneth Boulding: “Ground control to Major Tom” ¿le suena? Premio. Es el principio de “Space Oddity” de David Bowie. Ya sabe la historia de aquel astronauta que a mitad de camino de no se sabe qué galaxia, le da un cuelgue. Al margen de qué carajo significa lo de “Take your protein pills and put your helmet on” (a mi me suena a tripi), son finales de los 70 y las misiones espaciales son la repanoché. Pero antes de que en 1969 el Apolo 11 llegase a la Luna y que Bowie pensara en el Mayor Tom, el Sr. Boulding escribió un artículo ME-MO-RA-BLE en el American Economic Review y al que no se le ha reconocido su mérito suficientemente. La Tierra sería una nave espacial en un largo viaje estelar, con la única energía del sol y donde sus habitantes serían astronautas. Boulding, economista, entendía al planeta como un sistema económico cerrado, donde economía y medio ambiente tendrían una relación circular. Como el astronauta que bebe su pipí. Genial. Pero, además, Boulding era un guasón. A él se debe la famosa frase “Anyone who believes exponential growth can go on forever in a finite world is either a madman or an economist“. Y aquí “madman” debe traducirse como “gilipollas“. Sólo por ser capaz de esa genialidad, Boulding y su “spaceship” merecen leerse.

4)  “The tragedy of the Commons” (1968), de Garret Hardin: es el famoso artículo de Science de 1968. De lo mejor que se ha escrito nunca sobre la relación de los humanos con el medio ambiente. Liga el problema del uso del “bien común” con el comportamiento individual. Imagine –dice Hardin- a unos ganaderos en un prado, cada uno con su ganado, pastando tranquilamente. Aunque cada uno de ellos racional y lícitamente busca maximizar sus beneficios, resulta que -sin remedio- acabarán con el prado. Cada uno pensará en utilizar aquella parte que otro ganadero no utiliza y así aumentar su beneficio propio. Resultado: desastre total racional. Esa es la tragedia de las cosas comunes -como el medio ambiente- que no son de nadie y son de todos. Si entendió lo de los juegos cooperativos, es consecuencia del equilibrio de Nash (seguro que recuerda a Russell Crowe haciendo de sabio loco en Princeton) y, claro, no hay incentivo para que no exista el free rider (es decir, que hacer lo que te da la gana en contra de todos no está penalizado). Hardin es un clásico, y como todos los clásicos –ya sean Goya, Victor Hugo o los Pet Shop Boys- para él no pasan los años. Es al revés.

5) “Small is beautiful” (1973), de E. F. “Fritz” Schumacher: si el título tenía gancho, el subtítulo era una declaración: “Economics As If People Mattered“. Era 1973 y éste ya se olía que al Big Money le importaba un cuerno la gente. Murió en 1977 y menos mal, porque si llega a ver lo de las preferentes en España se vuelve a morir. E.F. Schumacher era un alemán huido del nazismo, que acabó de profesor en la Columbia University, trabajó en los años 40 hasta con Keynes, y que pasó una temporada en la India que, digamos, le influyó mucho. La idea central del libro es la absurdidad del crecimiento desmedido de una sociedad que “convierte el lujo en necesidad“. Lo que pretendía Schumacher era repensar el uso que se estaba haciendo de los recursos naturales, y reorientar la economía, centrándola en el hombre, pero -esa es la gracia- a su escala: “Man is small, and, therefore, small is beautiful“. Y con una escala pequeñita, ya sería suficiente. Lo orgánico, lo local, lo básico, o que la respuesta a casi todas las preguntas se encontraba en la naturaleza, eran conceptos que Schumacher defendía hace casi 40 años. Otro libro que cambió el mundo, sin duda. Beautiful ¿no?

6) “Gaia: a New Look at Life on Earth” (1982), de James Lovelock: la hipótesis Gaia (la diosa griega que personificaba la fertilidad de la Tierra) de James Lovelock propone ver al planeta como un super-organismo complejo. No es un pedrusco tonto dando vueltas por el espacio (va más allá que Boulding), sino que es un organismo que incluye la biosfera, la atmósfera, las hidrosferas y la pedosfera, y que se autorregula mediante procesos geoquímicos. Cuando apareció la vida en la Tierra, ésta se hizo cargo del planeta y la cambió. Dejó de perder agua (como hacen los otros planetas), y pasó a controlar la evolución: el sistema orgánico e inorgánico trabajaron conjuntamente y transformaron el planeta en un sitio agradable. Esta idea tan simple (y genial) cambió nuestra visión a partir de los 80: ya no habían muchas razones para seguir pensando que somos los amos de la creación. Si bien la hipótesis no ha sido probada, ni hay consenso como para constituir una teoria del comportamiento de los ecosistemas terrestres, ha tenido una evidente influencia política, social e, incluso, religiosa. Luego a Lovelock le ha dado un subidón y ha escrito más cosas, pero ya sabe que, excepto “El Padrino II” y “Toy Story 2“, segundas partes nunca fueron buenas.

7) “Cannibals with forks” (1997), de John Elkington: hasta 1997 (aunque Michael Porter ya había escrito alguna cosa: siempre es el primero, el muy cabrón), las empresas asimilaban el medio ambiente como una obligación. Y llegó Elkington. La idea era convertir un problema económico (multidecisión) en uno técnico (monodecisión). ¿Cómo? Con el Triple Bottom Line. Si puedo unir los ejes ambiental, económico y social en torno a una única variable de decisión, podré alinear todos los objetivos de la sostenibilidad empresarial, porque la muy puñetera tiene 3 dimensiones y no una. En 1992 Kaplan y Norton inventaban el cuadro de mando integral, una herramienta ideal para alinear a toda la organización en la consecución de la “misión”. Pues esto va de lo mismo. Además, Elkington tiende a usar la ironía y el sarcasmo y, la verdad, te descojonas con su libro. Pero vaya con cuidado, pues a menudo Elkington se transforma en una especie de paramilitar serbio, atiborrado de anabolizantes, con el cuchillo de Rambo y enchufado de speed. ¿O como llamaría a un tipo que titula un libro “Caníbales con tenedores” consciente de que esto no tiene arreglo y que, como mucho, se puede llegar a ser sólo un monstruo más civilizado? Pero el tipo ha cambiado la visión de las empresas. Vigile con él: crea adicción.

8) “The skeptical environmentalist” (2001), de Bjørn Lomborg: igual aquí he mentado a la bicha, pero este tipo me cae bien. Bjørn Lomborg es un troublemaker, pero es que con este libro aportó propuestas interesantes y, sobre todo, diferentes. Es un enorme y constante “Sí, pero…” y eso siempre es bueno, hasta si se equivoca pues te hace pensar. La idea central que defiende el guapetón ese de Lomborg es que “no estamos tan mal“. Ahí entronca con otro libro (más ameno y actual) como “El Optimista Racional” de Matt Ridley. Bjørn Lomborg (no le confunda con Bjørn Borg) defiende que la mayoría de problemas ambientales no se han evaluado correctamente, que estamos mucho mejor que antes, que la pobreza de reduce, que mejora la esperanza de vida… que puede seguir la prosperidad humana si lo hacemos bien. Denuncia el alarmismo extremo y la utilización partidista de información ambiental sesgada de los grupos ecologistas internacionales como WWF, el Worldwatch Institute o Greenpeace. Más allá de tener o no razón en todo (que no), Lomborg es un estimulante Pepito Grillo ambiental; una mosca cojonera que va chinchando al green establishment. Un mal necesario, un engañabobos neoliberal o un visionario clarividente. Usted elige.

9) “Cradle To Cradle: Remaking the Way We Make Things” (2002), de William McDonough y Michael Braungart: este libro fue un patadón en el hígado a la visión que de la industria y de la sociedad de consumo mantenía el ecologismo clásico. Éste se había centrado históricamente en las 3R: “reducir, reutilizar y reciclar”. Pero McDonough -que ya avisó de sus intenciones en los geniales “Principios de Hannover” en 1992- creía que ese “reducir“, en el fondo, llevaba al mismo sitio que el “no reducir“. Consumir y punto. Así que en lugar del “Cut” se pasan al “Switch” y entienden que la tecnología (el diseño), o sea la forma en que alteramos el mundo para vivir mejor en él, debe considerar otra secuencia: “valores”, “principios”, “objetivos”, “estrategia”, “tácticas” y “medidas”.  Cuidado, pues dicen algo muy interesante: sin valores, la tecnología nunca podrá ser útil. Hay que dotar de sentido a lo que hacemos. Y para ello, retomando las ideas de Boulding, en “Cradle to Cradle” proponen revisar y repensar el proceso del diseño, considerando todas las fases de cualquier producto y servicio, circularizando el proceso. Hay que considerar todas las etapas de esa solución: diseño, extracción de materias primas, fabricación, montaje, uso y retiro. O sea todo el ciclo de vida. Hay que buscar el óptimo. Y si el arquitecto McDonough puso el software, el químico Braungart le puso el hardware. Un clásico moderno, IN-SUS-TI-TU-I-BLE. No se lo pierda.

10) “The death of environmentalism” (2004), de  Michael Schellenderger y Ted Nordhaus: imagine que en la cena que organiza usted para los patrocinadores de su equipo de fútbol a final de temporada, en lugar de contarles  lo fantástico que ha sido todo y alabar el cesped, balones, camisetas y sueldos que le han pagado todo el año, pues va usted y les dice “el futbol es una mierda“. Pues eso es, más o menos, lo que hicieron en 2004 estos dos ecologistas americanos. En la reunión de la Environmental Grantmakers Association presentaron “The Death of Environmentalism“, con un bonito subtítulo como “políticas en un mundo post-ambientalista“. Allí defendían que los grupos ecologistas habían fracasado en su intento de cambiar la sociedad. El actual ambientalismo no sería más que una serie de actuaciones descoordinadas que le acercan más a un simple grupo de presión que a otra cosa, planteando si su rechazo al capitalismo y a la tecnología, su apuesta por las leyes y regulaciones como base de sus propuestas, así como su mensaje catastrofista no llevaban ya a ningún lado. El texto abrió un estimulante debate en The Economist en 2005. La mayoría de ecologistas no se han dado por aludidos. A ver si van a tener razón…

11) “The Stern Review: The Economics of Climate Change” (2007), de Lord Nicholas Stern: este, además de ser un coñazo mucho peor que el de Leopold… ¡lleva números dentro! ¡y muchos! Es auténticamente insoportable, pero… ¡espere! ¡no se deje vencer! ¡tiene su gracia! Mmmmm. No. Falso. Es un informe técnico, largo y pesado. Fue un encargo de Tony Blair para conocer el coste de oportunidad del cambio climático. En otras palabras, cuánto costaría no actuar y cuánto ahorrarías actuando. Lord Nicholas Stern (antiguo economista jefe del Banco Mundial y el EBRD y profesor en la London School of Economics) le dio la respuesta: invertir el 1% del PIB mundial permitiría evitar la pérdida del 20%, que es lo que podría perderse de no hacer nada y dejar al planeta calentarse. O sea: Stern evaluó el coste-beneficio del cambio climático. Otros (como Nordhaus o Weitzman) calcularon antes ese mismo coste y no les cuadraron los números de Stern. Éste daba mucho valor a la pérdida de las cosas y, claro, los costes salían elevados (es lo que se llama tomar una tasa de actualización baja). Le cayeron muchos palos, pero popularizó el actuar o no contra el cambio climático y nos dió una cifra; gorda, pero cifra. Cosas del glamour de Tony Blair. Tenía otra opción: “The Inconvenient Truth” que va más o menos de lo mismo, pero lo del pesado de Al Gore es, en realidad, una simple snuff movie con osos.

12) “Approaching a state shift in Earth’s biosphere” (2012), de Barnosky et al.: si sigue este blog SEGURO que conoce este texto. Se trata del estudio publicado en Nature de eco mundial. Concluye con la certeza de un cambio “abrupto e irreversible” de la Tierra. Los ecosistemas habrían superado diferentes umbrales (“critical transitions caused by threshold effects are likely“), y el hombre estaría detrás de esa presión sobre el planeta. El artículo hereda toda la tradición neomalthusiana que en los 70 iniciaron Ehrlich, Holdren, Commoner o los Meadows de “The Limits to Growth“. Concluye con los resultados lógicos de los modelos IPAT (en realidad I=PAT), donde el impacto “I” sobre el planeta es el resultado del efecto conjunto de la presión demográfica de la población “P”, con su hábito de consumo “A” y a partir del rendimiento tecnológico “T”. No es que sea una maravilla de texto, pero como es lo último de lo último, heredero de una amplia tradición pesimista,  es un resumen de lo mal que va nuestra relación con el planeta y (lo peor) no parece que vaya muy equivocado, pues aquí lo tiene. ¿Influirá en todos nosotros? Esperemos que sí, porque si no…

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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8 respuestas a 12 textos que cambiaron la forma en que el mundo veía el medio ambiente

  1. Kuehenberg dijo:

    No soy ningún experto en el tema, pero echo de menos el “Nuestro Futuro Común”, de Gro Harlem Brundtland, ¿no fue allí donde se acuñó el concepto de “huella ecológica”?

    Aparte de la precisión, me gustaría comunicar al Sr. Ruyet un muy cordial saludo y una calurosa felicitación por este blog, donde se explican las cosas muy clara y amenamente, de parte de un reciente lector.

    • David Ruyet dijo:

      Gracias, Kuehenberg, por su comentario. Evidentemente con las listas siempre pasa que uno piensa que algo sobra y algo falta. Da igual que sean peliculas de cine o la lista de la compra. Mi idea con ese post fue presentar “12 textos” y no “Los 12 textos”. Seguro que me entiende. En el caso que comenta se trata de un informe que encargó la ONU a una comisiòn internacional; más que un texto conceptual, es un informe con un diagnóstico y una conclusiones. De hecho “Our common future” es conocido por ser el primer documento (hubo otro antes de la IUCN, pero con menos repercusión) que definió el “desarrollo sostenible”. Respondiendo a su cuestión, la huella ecológica es la aportación de una tesis doctoral de los años 90, que luego publicaron en un best seller como fue “Our ecological footprint: reducing human impact on the earth“(en este post lo conté: https://davidruyet.wordpress.com/2012/01/27/la-deuda-ecologica-con-el-planeta-de-los-cuatro-demasiados/). También podría estar en esa lista. ¿Por qué no 15? Da igual, mientras nos haga pensar un poquito a todos ¿no cree?. Muchas gracias por sus comentarios de halago; animan y ayudan a seguir con el blog. Gracias por seguirlo y por participar.

  2. Oriol Palom dijo:

    Hola David, excelente post, como siempre. Como texto relativamente reciente (2008), ya enmarcados en esta crisis sistémica y a pesar de ello con un tono optimista*, yo destacaría “La revolución necesaria” de Peter Senge. Para el que no haya tenido la oportunidad de leerlo, un par de las mejores ideas del libro está sintetizada en la metáfora de “la burbuja”, que nos viene al pelo, y en el propio subtítulo “cómo individuos y organizaciones trabajan por un mundo sostenible”.

    * Alguien dijo que tal vez deberíamos dejar el pesimismo para tiempos mejores😉

    • David Ruyet dijo:

      Gracias Oriol, por tu comentario. Muy interesante aporte. La verdad es que me faltaron libros. Faltan Robert Costanza, Herman Daly, Amory Lovins, Paul Ehrlich, Marvin Harris, Matt, Ridley los Meadows… Buf! Muchos que han escrito muchas cosas interesantes, pero pensé que esos 12 eran imprescindibles. Una reflexión, eso sí. ¿Por qué el 90% de los aportes interesantes en estos temas acostumbran a venir de americanos?

  3. gold price dijo:

    Otro estudio es el llevado a cabo por el Centro de Transferencias de Tecnologías de la Universidad San Francisco de Quito, denominado Impacto del Cambio Climático en la Agricultura de Subsistencia en el Ecuador, el mismo que estima el “Índice cantonal de Vulnerabilidad al Cambio Climático”, que incorpora en el análisis, además de variables climáticas, variables sociales, económicas y ambientales.

  4. Hola David:
    Me gustaría tu opinión sobre un post que he colgado en mi web antes de darle más visibiidad, si me proporcionas una dirección te paso el link, gracias, cuando puedas.

    Un saludo.
    Umberto Cammarata

  5. Pingback: 12 textos que cambiaron la forma en que el mundo veía el medio ambiente | Medio Ambiente en Chile | Scoop.it

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