Se acabó la época de los carbones españoles


En estos días, la “marcha negra” llega a Madrid. Así se llama a la ruta emprendida a pie por los mineros de las cuencas asturiano-leonesas, por un camino, y de Aragón, por otro, desde sus minas a Madrid. La idea es sensibilizar a la población y presionar a los políticos españoles, tras semanas de conflictos en Asturias. Sigue la huelga indefinida en protesta por las reducciones en las ayudas directas a la explotación (de 311 bajan a 111 millones de euros), pero se mantienen otras que, en su conjunto en 2012, llegarán a 656 millones (un 39% menos que en 2011). Pero no sólo hay polémica con el carbón aquí. Ayudas se pagan también en Polonia, Hungría, Eslovenia. Eslovaquia y, sobre todo, Alemania y Rumanía. En 2010 se propuso desde la Unión Europea cortar las ayudas a la minería en 2014. Pero presionados por algunos de los estados miembros de la UE-27 prorrogaron el plazo de cierre hasta 2018 a cambio de cerrar las “instalaciones no competitivas“. Las ayudas se irían reduciendo entre 2013 y 2018, pero a cambio de presentar “planes de cierre“, a partir de la Council Decision 2010/787/EU. Ese escenario es el que se quiere negociar.

Hay algo en la lucha de los mineros de la hulla y antracita española, que remite al romanticismo de la lucha obrera de principios de siglo (mi simpatía les aseguro que la tienen). Trabajadores manuales de una profesión dura-durísima, sin muchas alternativas en su región, que entroncan con los conflictos históricos de media Europa. Sin embargo, la realidad -al menos en España- es menos romántica: el sector recibirá unas ayudas de 656 millones de euros y ocupaba a 1 de enero de 2012 a 4.342 personas (de ellas, 2.000 en la estatal Hunosa, empresa que nunca ha tenido beneficios y eso que redujo su plantilla un 94% desde los años 80). El sector del automóvil, que ocupa al 8.7% de la población activa y es la primera industria exportadora del país (2ª europea, y 8ª mundial), recibirá 220 millones en préstamos blandos. Por otra parte, el sector habría recibido hasta 24.000 millones de euros desde 1990 en sucesivos planes (aquí tiene el diario de sesiones del Senado donde el ministro lo contaba; vaya a la página 8) para reducir la producción de las cuencas mineras y plantear otras alternativas económicas. Parece que los mineros tienen la batalla perdida en estos tiempos de recortes y ajustes. Ese esquema ya no sería admisible ni en Europa, ni aquí.

Pero no debe olvidar que en Europa se subsidian muchas cosas: energéticas y no energéticas. El carbón es una pequeña parte de estas ayudas en volumen (2.9 billones de euros en 2010); las renovables, por ejemplo, se subvencionaron durante el periodo 2005-2010 unas 6-7 veces más en el conjunto de la UE-27. En ese periodo, el sector industrial también se subvencionó: hasta unas 15 veces más que el carbón (y eso sin incluir a la agricultura). Sin embargo, no es sencillo. El punto 107 del Tratado de Funcionamiento de la UE (el TFEU) prohibe las ayudas estatales, así que deben existir caso particulares… Un lío, vaya. Porque ¿para qué se utiliza el carbón en Europa? básicamente para producir electricidad. Sólo el 10% del carbón mundial (en peso) se destina a la producción de acero. Pero la UE ya no apuesta por el carbón como energía autóctona: prefiere las renovables. “The EU is aiming for a drastic reduction in carbon emissions from coal-fired power stations, through clean technologies like carbon capture and storage – so we can continue to use coal in the future.“O sea, o “clean” o nada.

Y aunque cada prejubilación de un minero en España cuesta 433.000 € con un mínimo de 8 años en la minería (el 48% se habría jubilado con menos de 45 años), no piense en coste por empleo subvencionado. Piense en que los costes laborales de la extracción de carbón europeo restan competitividad, al subir el coste de la generación eléctrica. Luego, para mejorar el autoabastecimiento (o sea el porcentaje de energía primaria no importada), se confía más en las renovables (al menos como sector). Con el carbón, los europeos nos movemos en una curiosa relación amor-odio. No nos gustan sus emisiones (las peores por kWh emitido), pero es la fuente de energía primaria del 30% de la electricidad en la UE, y en algunos países el 50%. De hecho, si uno entra en Eurostat no encuentra el carbón desagregado sino dentro de “Conventional Thermal, o sea mezclado con el gas natural y el gasóleo. Los partidos de la izquierda defienden los subsidios, pero sólo defienden las renovables en el modelo energético. Se apuesta (es un decir) por la innovación, pero el carbón sigue siendo el sector más subvencionado en España. Y no hablamos de nuevas tecnologías o aplicaciones, sino de subsidios directos a la mano de obra. Será que estamos todos un poco esquizofrénicos con esto del carbón. O serán los votos.

Porque el carbón está viviendo un “revival” en todo el mundo. Según el World Coal, en 2010, el carbón fue el 29.6% de toda la energía primaria del planeta y produjo el 42% de toda la electricidad. Se extrajo un 7% más que en 2009  y siguió suministrando la mayoría del acero que se produce en el planeta. Incluso en Europa hay “revival” del carbón. Los alemanes, una vez han cerrado las nucleares están construyendo 8.000 MW en centrales con carbón; les salen los números con su lignito autóctono de buena calidad y fuera lo compran más barato y con precios más estables que el gas natural. Luego ya irán y compensarán sus emisiones de CO2. Ya sabe que estos siguen creciendo, y necesitan potencia eléctrica. La clave sería el CCS (“carbon capture and storage“), o la posibilidad de capturar el CO2 de las centrales térmicas y almacenarlo para evitar que se emita a la atmósfera. Bueno, eso en Europa. Fuera de Europa, hasta 429.000 MW de nuevas centrales térmicas con carbón (y sin CSS) construirán en el horizonte 2015. En China (83.000 MW), Estados Unidos (29.000 MW en proyecto o construcción para 2012-2015), en India (97.000 MW), en Rusia (4.000 MW)… Incluso 27.000 MW en el Sudeste Asiático. Y ya sabe qué piensan estos de Kyoto y los mercados de carbono. No piensan.

¿Seguiremos consumiendo carbón para electricidad? Mucho. El problema (para los mineros españoles) es que no serán las hullas y antracitas de las comarcas carboneras ibéricas. Será de otras explotaciones: más lejanas, más baratas, mejores. La realidad es obstinada, y parece que le pasó la época al carbón español. El problema es si el caso del carísimo carbón español no será uno más de las piedras que pavimentan el camino de la decreciente competitividad de la industria española; el final del “qué bien que se vive con un subsidio”; del clientelismo convertido en un arte; de la irrealidad del estado del bienestar español soportado en las ayudas a la convergencia europeas; de los puestos de trabajo pasando de padres a hijos en las empresas públicas… De todas esas cosas que, tacita a tacita, nos han ido enterrando en lo que somos: un país modestito que debe reinventarse, porque los tiempos de la arcadia feliz pared que no volverán… Y tampoco volverán para los mineros. Qué carbonada. Qué cabronada.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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6 respuestas a Se acabó la época de los carbones españoles

  1. Sylvia dijo:

    Buenas noches David:
    He leído tu artículo con gran interés pero ¿acaso no hay que ofrecer un trabajo alternativo a estos mineros? ¿Otra cosa aparte del paro por vida y / o una pre-jubilación? ¿no se puede emplear la misma gente en fuentes de energía alternativas ?Puede que para los gobiernos y las instituciones sea un problema económico pero para los mineros es una cultura, una identidad y por supuesto, unos ingresos. No se puede sacrificar más generaciones por una economía abstracta, anónima y totalmente desalmada, que merodea por los pasillos de un gobierno anónimo en Bruselas. Yo me acuerdo de la des-estructuración aquí en España, soy un poquito más joven que esa generación..Ahora tendrán 56 años y poco más.Tb me acuerdo de la huelga de los mineros en Inglaterra…Ni el fin justifica los medios, ni el dinero lo justifica todo.

    • David Ruyet dijo:

      Gracias, Sylvia, por su comentario. La suya es una buena pregunta. Por un lado, uno puede pensar que 24.000 millones de euros al año destinados a reconvertir un sector ya han sido unas políticas de estímulo suficientes (creo que otros sectores no han recibido esa ayuda política). Pero también podemos pensar qué se puede hacer en una mina que no sea sacar carbón (creo que nada). Incluso podemos pensar si la pre-jubilación les ha parecido mal al 50% de los mineros que con menos de 45 años ya están en esa dorada jubilación (creo que no les parece mal). Piense que hasta 1990 a cada minero jubilado le reemplazaba… su hijo. Así que estamos hablando de una situación con mucha inercia, y como dice usted una auténtica cultura. La duda que me surge es si todos podemos vivir con y para esa cultura. En los años 40 Schumpeter planteó el concepto de “destrucción creativa”; entendía que los ciclos del capitalismo eran normales, y que a una crisis (algo normal) le sucedía “algo nuevo y no necesariamente la continuación del anterior“. Lo que surgía tras la crisis era “esa especie de mutación económica, […] a la que he dado nombre de innovación”. Tiene usted razón que el neoliberalismo se disfrazó de destrucción creativa en los años 80 con Thatcher, pero no vivimos en los 80. ¿Tiene realmente futuro el carbón frente a las renovables? ¿Tienen razón las discográficas que nos quieren hacer comprar un CD físico, con un libreto de canciones y con 12 canciones malas y una buena o deben desaparecer por comprar la música como nos dé la gana y sin intermediarios entre músico y audiencia? Como ve el tema es complejo y se admiten todas las opiniones. Gracias por seguir este blog.

    • Fleischman dijo:

      El poblema es que para no sacrificar esa cultura, hay que sacrificar otras cosas (millones de parados que han de pagar más por su recibo de la luz, por ejemplo), ya que desgraciadamente la riqueza no cae del cielo como el maná, y para dársela a los mineros hay que drenrla de algún otro sitio.

  2. Ismael dijo:

    Hola David. Me parece un artículo muy interesante y (afortunadamente) bien documentado sobre el conflicto minero. Creo que todos apoyamos a un colectivo que se organiza y lucha ante una situación que amenaza con destruir su sector de actividad. A nivel humano, el apoyo con los mineros es innegable. Pero desde una perspectiva más profunda, que tenga en cuenta qué es lo que se recorta, por qué y qué alternativas hay, creo que pocos podrán negar que mantener el carbón español sólo supondrá un coste añadido que saldrá de los impuestos.

    • David Ruyet dijo:

      Gracias, Ismael, por su comentario. Coincido con usted. En este caso, más que un recorte igual se trata de una cierta obsolescencia del carbón combinado con un modelo de clientelismo, que deben formar parte más del pasado de España que no del futuro. Gracias por seguir este blog.

  3. Pingback: Sobrevivir en la era de los picos: también hay un “peak fish” | el blog de David Ruyet

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