La sorprendente eficiencia energética de la gran manzana


Me doy cuenta de que hoy es el día de mi vida que he visto más cosas” dijo Josep Pla -el inmortal escritor catalán- al llegar a Nueva York en 1954. Quizás a todo aquel que llega allí por primera vez le pase algo parecido. Aunque si la primera ciudad que uno descubre en Estados Unidos es Nueva York, puede llegar a pensar que el resto de ciudades del país puedan ser parecidas. Pues no. Nueva York poco tiene que ver con Los Ángeles, San Francisco, Austin, Las Vegas, Cupertino o Poughkeepsie. De hecho, el primer y común error suele ser confundir Manhattan con Nueva York. “The Big Apple” está formada en realidad por cinco barrios incluyendo Manhattan. Los “boroughs” de Nueva York son también Brooklyn, el Bronx, Queens y Staten Island, que se parecen tanto arquitectónica y urbanísticamente a Manhattan como un huevo a una sardina. “Un manojo fantástico de espárragos” dijo Pla que le recordaban los rascacielos del Lower Manhattan. Pues en el resto de boroughs de la ciudad no los encontrará fácilmente.

Pero, además, esta moderna Uruk que es hoy Nueva York es una ciudad singularmente energética entre todas las de Estados Unidos. Tiene uno de los menores consumos eléctricos per cápita del país: unos 6.000 kWh al año. Esa cantidad viene a ser menos de la mitad de la que tienen en Portland o Seattle, y casi la tercera parte de lo que consume un ciudadano en Miami o en Dallas. Y si, en su conjunto, Estados Unidos emite unas 19 toneladas de CO2 per cápita, resulta que en Nueva York se emitió en 2011 cerca de la tercera parte (6,5). Y siendo sólo el 3% de su población sus emisiones son menos del 1% del total. Pero este milagro energético tiene como contrapartida… la polución derivada de esa misma concentración: menores emisiones sí, pero mucho emisor. Se calcula que el 6% de los fallecimientos de la ciudad se deben de forma directa a la polución. Según la EPA americana, Nueva York es la tercera ciudad con mayor riesgo de contraer cáncer debido a la polución, sólo superada por Tippah County en Mississipi y  Boyd County en Kentucky -que vaya a saber usted dónde caen y a qué se dedican allí-.

Este trade off energético y ambiental de la Gran Manzana se fundamenta en un hecho particular: su densidad. La enorme densidad a la que están sometidos sus más de 8 millones de habitantes (más de 6.700 en cada km2) son una gran ventaja energética, pero a la vez una gran desventaja ambiental. Y pensando únicamente en Manhattan resulta que sus 1,6 millones de habitantes se reparten en sus poco más de 59 km2 a razón de… ¡¡¡27.150 por km2!!! Y obviamente una urbe tan densa y compacta obliga a vivir de una determinada forma. Si en Estados Unidos cerca del 95% de sus habitantes van al trabajo en automóvil, en Manhattan son poco más del 18%. Y es que el 77,5% de los habitantes de Manhattan no tiene vehículo propio. (en toda Nueva York serían el 55,7%) ¿Pueden imaginar esto en Madrid o en Buenos Aires? Piense que si en Estados Unidos hay 8 automoviles por cada 10 habitantes, en España son 6, en Argentina 3 y en Brasil 2,5. Y es que esa elevada densidad permite a los manhattanites vivir sin automovil, disponer de apartamentos sin excesivos lujos, no salir a las afueras para comprar en un centro comercial, caminar al trabajo o comprar en el deli de la esquina. Pero, además, Nueva York es la ciudad con mayor esperanza de vida de Estados Unidos. Demasiado ¿no?

¿Están más concienciados en Manhattan? ¿Son más listos? ¿Más ecologistas? A inicios del siglo XIX Nueva York sí era sólo Manhattan. Por entonces, en 1811, se aprobó el plan urbanístico  (el “Plan de los Comisarios”) que dividiría la ciudad según una estructura que aún conserva: 11 avenidas recorrerían de norte a sur la isla, que serían atravesadas en ángulos rectos por 155 calles, desde Canal Street a 155th Street (hoy en Harlem). Ese entramado reticular, inspirado en la clásica cuadrícula romana y desarrollado por el ingeniero John Randel Jr., buscaba mejorar la salud pública de la ciudad: “[lay] out Streets… in such a manner as to unite regularity and order with the public convenience and benefit and in particular to promote the health of the City…“. Respetaba la avenida Broadway, que la atravesaba en Diagonal. Pero la propuesta urbanística en cuadrícula olvidó los espacios verdes. Por la presión de los neoyorquinos, se apostó por un gran parque urbano, a similitud en Hyde Park. Era el Central Park: 2,8 km2 de esplanadas, jardines, bosques y lagunas que hoy son el parque más visitado de Estados Unidos. Más que Yellowstone. Pobres Yogi y Bubu. Pero eso es Nueva York: una ciudad con más de una dimensión y donde sus 1.500 manzanas iguales son, en realidad, 1.500 ciudades diferentes, 1.500 culturas diferentes, 1.500 visiones diferentes y una sola ciudad.

Pero si saltamos de la vertiente más arquitéctónica y conceptual a la energética, ahí tiene la respuesta a la eficiencia neoyorquina: es la racional estructura de Manhattan, que la hace habitable y transitable, y su elevada densidad de población las que determinan su ventaja sobre las otras ciudades americanas basadas en un modelo urbanístico diferente: ciudades difusas frente al modelo de ciudad compacta que representa Nueva York. Es con la compacidad cuando la ciudad se convierte en lo que realmente es: un espacio de intercambio, comunicación y contacto. Es un ecosistema. La ciudad difusa no admite esa relación entre sus habitantes y, además, es demasiado cara: en uso del suelo (mucho para poco), en consumo de materiales (para ir y venir) y en deshumanización. Un modelo de crecimiento que es imposible mantener en el tiempo. David Owen, escritor en The New Yorker desde 1991,  publicaba en 2009 “Green Metropolis” uno de los más interesantes libros sobre ecología urbana de los últimos años (confieso que aún no he acabado el último, “The Conundrum“, que paradójicamente es más caro para Kindle que en la edición de bolsillo de papel). Owen resumía las claves de la sostenibilidad en las ciudades con un sencillo: “Living Smaller, Living Closer, and Driving Less“. Porque eso es en esencia o, mejor dicho, debe ser una ciudad. Un lugar muy denso en población, con cercanía de servicios y pensado (o debería ser así) para utilizar el automóvil lo mínimo. Así es también la eficiente, habitable, social y sostenible ciudad compacta.

Dice el gran arquitecto Rem Koolhas, ganador de un premio Pritzker, en su famoso libro “Delirio de Nueva York: un manifiesto retroactivo para Manhattan” algo así como que “La ciudad de Nueva York es en potencia todo lo mejor que había en Europa“. Porque esa es la otra parte de la historia. Por muy eficiente que sea Manhattan o Nueva York, comparada con otras ciudades americanas (la ciudad americana más europea), lo son mucho menos que la mayoría de ciudades europeas, asiáticas o latinoamericanas. Paris, Londres, Copenhaguen, Roma, Madrid, Barcelona, Bruselas, Berlin… pero también Sao Paolo, Yokohama, Buenos Aires, Rio de Janeiro o Seul… o prácticamente todas las ciudades relevantes de Inglaterra tienen menos emisiones que esas 6,5 toneladas/año por habitante en Nueva York. Así que si bien sería cierta esa ventaja estructural de la ciudad compacta europea que insinúa Nueva York (el hardware) le falta el software. Y con ese término hablamos de modos, de cultura, de percepción, de educación ambiental, de hábitos… Y para ello hay que empezar por sentirse parte de la ciudad. Decía el gran y no menos inmortal Frank Sinatra algo así como:

Start spreadin’ the news,
I’m leavin’ today
I want to be a part of it,
New York, New York…

Pues eso. Ya que no cabremos todos en Manhattan, seamos una parte; de Nueva York o de dónde narices estemos.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a La sorprendente eficiencia energética de la gran manzana

  1. Rober dijo:

    “consumos eléctricos per cápita del país: unos 6.000 MWh” … ¿no serán kWh?🙂

  2. Pingback: De Extremo a Extremo se transmitirá por 1ra vez en vivo desde New York. - || Noche Y Party ||

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