¿Más mujeres en política son menos emisiones de CO2?


Tremendo. Un reciente estudio de los psicólogos de la Universidad de Oregón Ergas y York, titulado “Women’s status and carbon dioxide emissions: A quantitative cross-national analysis“, sugiere que aquellos países donde el rol de la mujer es políticamente más activo presentan menores emisiones de gases de efecto invernadero. Mejorar el estátus político de las mujeres, entendido como “the length of time women have had the right to vote and women’s representation in parliament and ministerial government” reduciría las emisiones de CO2 per cápita. Es decir, una gobernanza más igualitaria sería indicativo de un sistema energético más sostenible o, al menos, de mayor preocupación ambiental. ¿Puede ser cierto? El paper de Ergas y York trae a la cabeza la diferencia entre causalidad y correlación. Si dos variables muestran correlación (aparición simultánea, de forma que si una crece -o decrece-, la otra también), puede que una sea causa de la otra (es decir, exista causalidad). Pero también puede ser que haya terceros elementos que generen las dos o que, simplemente, exista una coincidencia. Tenemos tendencia a creer esa mentira lógica que en latín venía a ser  “Cum hoc ergo propter hoc”; en castizo “si aparecen juntos es que son causa y efecto“.

Pero no es menos cierto que existen varios estudios que indican esa relación entre presencia femenina y mayor respeto ambiental. Aquí el de Shandra y London de 2008, en el que estudiaban 61 países durante 10 años para demostrar que la mayor presencia de la mujer reducía la deforestación. Aquí el de Nugent de 2009 de conclusiones parecidas (“increasing women’s political status in particular through representation in national government has a positive effect on state environmental protection efforts“). Pero Ergas y York demuestran la existencia de correlación entre ambos elementos sin explicar la posible causalidad. Apuntan que es “possible that women make different decisions than do men when placed in positions of power“. Es decir, existiría un modelo de gobernanza diferente con mujeres. Y cuantifican el peso de esa influencia femenina en la gobernanza: un tercio de las posiciones “decision-making” deberían recaer en mujeres. Con menor representación en las organizaciones, las mujeres “may be ignored, they may feel too intimidated to comment, or they may not be particularly representative of women in general, having been selected because their views were consistent with the men in the organization.”. Mire el mapa de abajo y verá cuánto queda hasta ese 30%…

Que el siglo XXI será (aún no lo es) el de las mujeres es más que una remota posibilidad. Si pensamos en el rol de la mujer durante la historia de la humanidad, el cambio ha sido brutal. Durante miles de años, el rol de la mujer ha sido el de mero anexo reproductor. Ya se comentó en aquel post en que se planteaba que el pasado había sido una mierda. Si te tocaba ser mujer, doble mierda. Hasta 1960, de la igualdad de genero no existía ni el nombre. Puede que la revolución real, más allá de todas las mujeres pioneras que han ido cambiando el mundo, llegara con la píldora anticonceptiva en los 60 (en España fue legal en 1978). La píldora permitía, por primera vez en la historia, a la mujer marcar su futuro: decidir cuántos hijos quería tener y, sobretodo, cuándo. Si bien Mattel sacaba al mercado Barbie en 1959, generando un exigente modelo estético de la mujer que aún la marca, esta segunda ola de feminismo (a diferencia de la primera ola, de inicios de siglo, cuando las sufragistas consiguieron el voto femenino) marcó el nuevo escenario. Y la píldora como paradigma de una identidad femenina efectiva, junto con la educación no discriminatoria de niños y niñas, basada en la igualdad de oportunidades han sido la base sobre la que hoy se construyen las sociedades occidentales (más o menos laicas). Si bien queda mucho por hacer, esta tendencia es imparable.

A 5 de mayo de 2012 en el mundo hay únicamente doce mujeres presidentas de sus respectivos países: Liberia (Ellen Johnson Sirleaf, y además Premio Nobel de la Paz en 2011), Suiza (Eveline Widmer-Schlumpf), India (Pratibha Patil), Argentina (Cristina Fernandez de Kirchner), Lituania (Dalia Grybauskaitė), Costa Rica (Laura Chinchilla), Brasil (Dilma Roussef), Kosovo (Atifete Jahjaga), Serbia (Slavica Đukić Dejanović), Malawi (Joyce Banda) y Mauricio (Monique Ohsan Bellepeau); y nueve primeras ministras: Angela Merkel en Alemania, Helle Thorning-Schmidt en Dinamarca, Portia Simpson Miller en Jamaica, Hasina Wajed en Bangladesh, Yingluck Shinawatra en Thailandia, Jóhanna Sigurdardóttir en Islandia, la hindú Kamla Persad-Bissessar en Trinidad y Tobago, Iveta Radicová en Eslovaquia y, en Australia, Julia Gillard. Ejemplos de máximo liderazgo político femenino en los cinco continentes existen; pocos, eso sí (hay 198 países…). Y si pensamos en mujeres liderando organismos multilaterales, la cosa se acaba con Christine Lagarde en el IMF, Helen Clark (que seguro no sabrá quién es, y mueve 5.000 millones de dólares y 8.000 personas como Administradora del Programa de la ONU para el Desarrollo) y con Cristiana Figueres, secretaria ejecutiva de la Convención de la ONU contra el cambio climático. 51% de la población mundial y sólo 12 de las 500 empresas del Fortune 500 son dirigidas por mujeres.

Hay numerosos estudios, en especial desde los 90, donde se defiende la existencia de un liderazgo mucho más democrático por parte de las mujeres (Ergas y York repasan en su paper la bibliografía sociológica, y recuerdan el famoso paper de Appelbaum). El liderazgo femenino sería  diferente. No mejor, pero sí moderadamente diferente“: más integrador, comprometido y atento. Appelbaum reconocía que el liderazgo de la mujer es más efectivo en el contexto del trabajo en equipo y en la búsqueda de consenso, pero también asumía la percepción generalizada de que el liderazgo masculino es más efectivo. Hablar de competencias directivas desde la perspectiva de genero da para dos o tres tesis doctorales. Pero es interesante detectar todos esos elementos que podría ir asociados a las políticas ambientales. Dicen Ergas y York que “nations with higher proportions of women in parliament ratify a greater number of environmental treaties”. Incluso dicen que las mujeres “tend to perceive environmental risks as more threatening”; es probable pues “are less optimistic about the potential to solve problems by relying solely on technical fixes”. Seguramente, por todo ello las mujeres serían “more active in environmental reform projects”. De ahí que exista ese mejor indicador con respecto a las emisiones. Simplemente, donde las mujeres asumen un rol directivo, las problemáticas ambientales gozan de mayor prioridad.

Y es que no hay que olvidar que, en este contexto, la ONU considera como tercero de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (¡ojo! tras los de erradicar la pobreza extrema y conseguir la educación universal), el promover la igualdad de género, la autonomía y el empowerment de la mujer. Hemos de conseguir integrar perspectiva de género en las políticas públicas, e impulsar la inclusión de las mujeres en todos los niveles de los sectores público y privado. Nos irá mejor. Como dice Jenicek en este paperdesarrollar los derechos de la mujer es la política de población más importante“. Y mientras trato de acabar este post mi hija Joana de dos años se encarama -para variar- en mi falda, y golpea -para variar- el teclado mientras me pide -para variar- que le ayude a pintar un “sol content“. La miro. Le balbuceo una estupidez ininteligible sobre el liderazgo femenino del futuro, lo necesario que es para el planeta y lo bien que nos irá a todos. La muy puñetera sonríe. Me froto los ojos y le digo que se me ha metido una mota de polvo. No se preocupen. No es nada. Gracias.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a ¿Más mujeres en política son menos emisiones de CO2?

  1. jaimeoro dijo:

    Gran post. Opino que será difícil demostrar que la correlación.

    En un país con mayor consciencia social, entre otras cosas, se tenderá a reducir:
    a) La discriminación de la mujer en la política.
    b) Las emisiones de CO2.

    Por ello, aunque parte de la reducción de emisiones sea consecuencia de una mayor presencia de mujeres en el poder, sin duda también será fruto de un país tiene con consciencia social. Demostrar el peso de cada factor será sin duda complicado.

  2. fina dijo:

    aquí teneis un vídeo de la celebración que hicieron H Clinton y M Obama el dia del 8 de Marzo. Interesante y emocionante. Seguro que os gustan las mujeres premiadas por su valentia con el International Women of Courage Award.

    See to end……..

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