Cuando el cambio climático no deja pensar en la crisis energética


El cambio climático es, sin duda, uno de los tres grandes problemas a los que se enfrenta la humanidad. Junto con la sobrepoblación (somos más de 7.000 millones de personas, y se esperan 9.000 millones en 2050) y la pobreza extrema (hoy en día unos 1.290 millones de personas viven con menos de 1,25 dolares al día) son nuestros tres grandes retos en este siglo XXI. Si bien la tasa de pobreza extrema bajó del 59% al 20% durante el siglo XX y la tasa de crecimiento de la población se ha frenado (ahora sería del orden del 1,1%), no sabemos muy bien como afrontar la inminente -y parece que casi irreversible- catástrofe climática. El reto global es que la temperatura no aumente +2ºC  en este siglo XXI. Eso equivale a no superar una concentración máxima de 450 ppm de CO2 equivalente en la atmósfera. La cosa está complicada porque la media del año 2011 en el observatorio de Mauna Loa en Hawai fue de 391,19. En 2010 fue de 388,45 ppm…

Ese objetivo de no superar los +2ºC sí tuvo consenso en Cancún (es la decisión 1/CP.16). El problema es que luego no se han asumido compromisos concretos para conseguirlo. Eso es lo que se esperaba en Durban, y no se logró ningún consenso. Como dato, para no llegar a esos peligrosas 450 ppm, las emisiones deberían reducirse en 2050 un 50% respecto a los niveles del año 1990 (entonces se tenían unas 350 ppm). La Unión Europea se ha comprometido a reducir un 85-90% en 2050, pero… los europeos sólo son el 14% del total de emisiones de carbono del mundo. Sólo Estados Unidos es un 18% y China más de un 23%. Por lo tanto, fijémonos en qué hacen los europeos (son los únicos que se han planteado una estrategia clara). Todo ello figura en el Energy Roadmap 2050, que se basa en las estrategias de la propuesta europea denominada de forma genérica “20-20-20“. Es decir, conseguir un 20% menos de emisiones respecto los niveles de 1990, un 20% de reducción del consumo de energía a partir de medidas de eficiencia energética y 20% de energía final obtenida a partir de renovables. Y todo ello en el 2020. De hecho ya se ha estudiado la posibilidad de reducir… un 30% las emisiones.

Estupendo. Pero… ¿Es el cambio climático un impulso para las energías renovables? ¿Serán los compromisos por el clima la base del boom de las renovables? Pues parece que no. La periodista americana Maggie Koerth-Baker en “Before the lights go out” analiza la paradoja de los muchos americanos que aunque niegan la existencia del cambio climático están modificando sus hábitos energéticos totalmente. ¿Guasa? ¿Incoherencia? ¿Ignorancia? ¿Economía? La pregunta es si, en realidad, no hemos sabido afrontar el debate energético y lo hemos sustituido por el irremediable cambio climático. Cerca de un 40% de los norteamericanos no creía en otoño del 2011 en la existencia del cambio climático. Sin embargo y por estudiar un caso concreto, el 81% de estos mismos habría sustituido sus lámparas por otras de bajo consumo. ¿Entonces? Como plantea la señorita Koerth-Baker, la visión climático-céntrica ha ido por delante de pensar en si utilizamos la energía responsablemente. La realidad es que el consumidor busca reducir su consumo energético si así reduce costes; no pone el cambio climático por delante, sino el bolsillo.

En otro post se comentaba hasta que punto determinados mensajes de sostenibilidad pueden saturar al ciudadano. Y es que la comunicación verde admite utilizar enfoques aparentemente contrapuestos para conseguir un mismo resultado. John Grant nos enseñaba en “The Green Marketing Manifesto” como un mismo posicionamiento puede, por ejemplo, utilizar la educación (información) o la evangelización (dogma) con similar resultado. Pues muchos consumidores están hartos de eso. Los a menudo mensajes de culpa o, simplemente, negativos cansan al consumidor. Es la llamada “fatiga verde”. Y es que menudo las estrategias (seguro que bienintencionadas) de publicistas, políticos o ecologistas con respecto a lo verde han sido mediante mensajes de culpa. Y en este sentido, los psicólogos han mostrado el éxito, por el contrario, que los mensajes emocionales tienen en la comunicación sobre el cambio climático. Curiosamente, según muestra el paper de Moser, el mejor efecto lo tendrían los mensajes que planteasen una visión positiva del futuro, el “doing good“, la lógica y la responsabilidad.

Sin embargo, las campañas que se han utilizado para mentalizarnos sobre el problema del cambio climático han apostado por otras estrategias. En este interesante paper de Doyle, se hace un recorrido de las estrategias de comunicación seguidas por Greenpeace desde los años 90. Destaca que ha sido fundamentalmente visual. Interesante. “Una imagen vale más que mil palabras”. Pero, además, habrían usado siempre visiones “negativas“. En una primera etapa, hasta 1997, se centraron en una visión de una futura e inminente catástrofe. De 1997 al 2000, las campañas de Greenpeace mostraban los efectos reales del cambio climático: por ejemplo, la pérdida de glaciares. Posteriormente, hubo un cambio de estrategia: en el año 2000 y con George W. Bush al mando se centraron en mostrar la relación entre las petroleras y el poder. Del 2002 en adelante, habrían vuelto a centrarse en significar los efectos ya evidentes del cambio climático. Muy negativo todo ¿no?

Otras visiones (como en este paper de 2009 de Rhomberg) recuerdan, sin embargo, que presentar al cambio climático a partir de conflictos obtiene más repercusión. Y si pone a un político famoso aún más. Y no llame a científicos, que eso no interesa. O sea, que lo relevante no sería tanto el mensaje, el rigor o sus contenidos, sino conseguir su máxima difusión. O sea, en la comunicación del cambio climático buscamos notoriedad. De hecho, Hulme en 2007 ya advertía que las propias comunicaciones del IPCC apostaban antes por los mensajes alarmistas que por los optimistas, y que esto tenía un inmediato reflejo en la prensa: más del 60% de las noticas publicada en la prensa generalista británica sobre el cambio climático eran negativas o alarmistas. Vaya, una versión actualizada del “Un perro que muerde a un hombre no es noticia; lo contrario sí”. La pregunta parecería clara: ¿Qué buscan estas estrategias de comunicación? En la comunicación social (como es el cambio climático) parece que la notoriedad es la clave. Esta notoriedad sería el equivalente del “vender más” que centra todas las estrategias de marketing comercial.

¿Pero realmente se trata de notoriedad? Aparentemente no sería así. La lucha efectiva por el cambio climático pasa por cambiar de prácticas y hábitos a nivel micro, y modificar nuestra estrategia productiva a nivel macro. El éxito no se fundamnetará en ser consciente de su existencia y punto. Y mucho menos si te machacan, responsabilizan o culpabilizan. Al final te entran ganas de comprarte un 4×4 e irte a atropellar osos al Polo Norte. El cambio climático no es una marca; Greenpeace sí. Porque el ecologismo sí es una idea, pero no una marca, un simbolismo o un producto (como sí es Greenpeace: una marca global de éxito). Probablemente exista esa confusión de conceptos en toda esta comunicación. La visión climática catastrofista centrada en conseguir notoriedad habría canibalizado el mensaje asociado a las prácticas eficientes. Y ya ve, unos descreídos del calentamiento global, como son los gringos, van y modifican sus prácticas hacia la sostenibilidad cuando descubren el ahorro económico. Será que los billetes de dólar son también verdes… Porque esto va literalmente de emprender nuevas “prácticas“: se trata de otra forma de hacer las cosas; de hacer más con menos, de pensar en el futuro, de no olvidar el presente, de no traspasar hipotecas ambientales impagables a las generaciones futuras. Ya ve. El debate climático se habría zampado con patatas al debate sobre el racionalismo energético.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a Cuando el cambio climático no deja pensar en la crisis energética

  1. EnlaceSol dijo:

    Un saludo David, te dejo este enlace: “Importancia estratégica, CRISIS ENERGÉTICA” http://solconsciencia.wordpress.com/2012/03/24/la-importancia-de-la-llamada-crisis-energetica/

  2. Pingback: Ejércitos “green” y soldados sostenibles ¿Estupidez o necesidad? | el blog de David Ruyet

  3. Pingback: ¿Está muerto el activismo ecologista? “Podemos” como paradigma | el blog de David Ruyet

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