La curiosa historia del precio del CO2 y la duda sobre si Coase tenía razón


35.200 pies de altura. Estoy en un Jumbo que me trae a casa desde Argentina tras participar en el stakeholders’ meeting de un proyecto MDL en Uruguay. En la tele del avión echan siempre la misma película: unos pingüinitos que chulean a Jim Carrey. O leo, o pienso, porque la película es una birria. A la cabeza me llega la única pregunta que hicieron en la audiencia pública de Montevideo. No era sobre Durban, ni sobre los presuntos beneficios del MDL, o sobre los impactos ambietales del proyecto… Más simple: “Disculpe; ¿Qué precio cree que tendrá el CO2 en los próximos años, ahora que se ha hundido?“. ¿¿¿Precio??? Y es que, efectivamente, el precio del CO2 se ha hundido en seis meses. La respuesta es sencilla, pero… ¿entra en lo normal? ¿cómo funcionan los mecanismos de precio del carbono y sus mercados?

El mecanismo para desarrollar Kyoto es original: para articular compromisos y obligaciones de los países interesados en reducir las emisiones se eligió el llamado “cap and trade system”. “Cap” (o sea techo) porqué asignaba a cada país un máximo de emisión; “trade”(o sea negociar) porque para conseguir ese límite podría desarrollar proyectos (MDL y JI) o comprar CERs si se pasaban, o venderlos si se cumplía con la reducción -de la forma que fuese- y te sobraban. El sistema, premiaba la eficiencia, traduciendo con CERs excedentes, que podían venderse a los no cumplidores. En pocas palabras, era un sistema efectivo (se reducen emisiones), eficiente (se minimizan costes) y equitativo (cada país tiene objetivos particulares). El precio del CO2 ligaba la oferta y la demanda de derechos de emisión. Una commodity virtual inventada (los derechos sobre emisiones de CO2) que se podían negociar mediante compraventa (en el post anterior se contó de que iba esto). ¿A quién se le ocurrió esto?

Durante el siglo XX se dieron dos enfoques teóricos para resolver y compensar la existencia de externalidades (cómo es el CO2: algo que emite alguien como resultado de su actividad principal pero afecta a un tercero). Por un lado, Arthur Pigou, por ahí 1920, proponía los llamados sistemas de mandato y control que penalizaban el exceso de externalidades. En pocas palabras, se pagaba una tasa per se, y se multaba en caso de no cumplir (“impuestos ambientales” si lo prefiere). Ronald Coase, en 1960, proponía algo diferente: introducir mecanismos de mercado que generasen incentivos en la reducción de externalidades. Es decir, asignar cuotas mínimas o máximas sobre la externalidad y premiar si se cumplia y penalizar si no. Coase era profesor en Chicago, y le dieron el Nobel en 1991 (con los neoclásicos de moda) o sea que estaba claro qué pensaba: la competencia es buena. El cap and trade de Kyoto está basado en la propuesta de Coase (no literal de su teorema, pero sí al menos inspirado). Se asignan derechos de propiedad a las emisiones y, con ello, se permite su negociación. El mecanismo se ensayó unos años antes con éxito. Curiosa y paradójicamente, fue en Estado Unidos donde la EPA americana creó en 1979 el US Emissions Trading System, que se basaba en la asignación de cuotas y negociación de derechos, y que tuvo su mayor éxito con el programa para evitar la lluvia ácida en 1995.

El cap and trade climático asignaba una cuota de emisión máxima (incluso negativa, o sea debía reducir emisiones) a cada emisor identificado, otorgándole derechos sobre ella. A la vez, se establecía una multa por emitir de más. El mercado empezó dubitativo y con mucha volatilidad. Lógico. Luego, con la gestión (algunos dirán manipulación) de oferta y demanda de CERs el precio subió a 30 €/CER en poco tiempo (más o menos era el precio objetivo). La cosa parecía funcionar hasta que por ahí 2009 empezaron a funcionar las reglas de oferta y demanda y el precio se estabilizó en unos 12-13 € por CER. Tuvo un pico en 2011 después de Fukushima, llegando a casi 20 € por CER, pues algunos pensaron que la energía nuclear no sería válida como estrategia de no emisión de CO2. Pero, amigo, la lógica de los mercados es aplastante. Si el sistema no es sólido, no está bien diseñado y no se corrigen de forma adecuada sus ineficiencias, la cosa falla. Y falló. En un menos de un año, los precios de los CER en el marco de la EU-ETS Fase II han caído un 50% en lo que se llama un bear market. Este diciembre se ha llegado a precios por debajo de los 4 €. No hay mercado.

¿Por qué ha ocurrido esto? Por muchas cosas, veámos:

  • Por la crisis económica: las empresas que tenían asignados derechos de emisión (hasta la fecha de forma gratuita) han visto en muchos casos reducida su actividad por la crisis. Mismos derechos para menor producción motivo CER sobrantes que se podían vender. Se emitía menos no por ser más eficiente, sino por haber reducido la actividad. De hecho, la demanda eléctrica ha bajado en Europa en su conjunto así que sobran derechos. Y claro, si uno va largo en CERs –sin uso alternativo- se venden al mercado spot al precio que sea: presión a la baja.
  • Por la sobreoferta: a pesar de la crisis, la UE otorgó nuevos permisos en el mismo periodo lo que introdujo un elemento adicional de presión a la baja en los precios. Más CERs en el mercado con los mismos compradores: vamos largos otra vez. Hay que pensar que los europeos se han gastado en esto unos 287.000 millones de dólares según UBS: es más del 90% del mercado mundial. Como, además, existe la duda de que el sistema colapse en 2012 una vez finalice el primer periodo, todos venden forward a la baja buscando monetizarlos (el BEI se ha lucido). A eso se le llama un fire-sale.
  • Por los polacos: ya en junio de 2011 el mercado se cayó un 20% en dos días. Eso coincidió con las dudas y bloqueos de Polonia de cara a seguir con este esquema. Polonia es rica en yacimientos de carbón y, muy probablemente, gas pizarra y no quiere ver reducido ese potencial de crecimiento así como así. La fuerte posición polaca en contra generó más dudas ya no sólo fuera de los países comprometidos, sino en la propia UE. Ala, precios pa’bajo.
  • Porque al final de la cadena no hay demanda: el cap and trade asume el efecto de la competencia tanto como la existencia del incentivo para reducir emisiones. Además, este sistema está pensado para funcionar con precios de entre 20 y 30 € por CER… Pero ello implica que las empresas (al final, las que en realidad asumen las obligaciones de reducción de emisión asignadas a los páises) entiendan que fabricar más limpio es también fabricar más caro. ¿Los consumidores lo entienden igual?
  • Por el miedo: en el fondo no hay convicción en que exista un acuerdo global para luchar contra el cambio climático. Durban ha sido la prueba (porque todos estos mecanismos son de mitigación y en eso no ha habido acuerdo como recuerda el maestro Pedro Linares). UBS dice que los precios no se van a recuperar hasta 2017. Point Carbon dice que en 2016 y que el rebote será posterior a precios de 3 €. Goldman Sachs (¡uh! ¡El lobo!) dice que se establecerán estrategias políticas para hacer subir el precio, pero que en el fondo no hay balance oferta-demanda posible hasta 2025. Y todo eso con los traders que acostumbran a acrecentar los efectos al alza y a la baja de los mercados (el famoso efecto borrego).

Ahí van algunas ideas que se me ocurren en el avión. Y se me ocurren porque vuelvo optimista; porque creo que la idea tiene sentido y funciona: Idea 1: sacar derechos del mercado (esa es fácil; tanto que ya la quieren poner en práctica); Idea 2: aumentar el cap (o sea que la UE en lugar de la estrategia 20-20-20 se vaya a la 20-20-30 con los mismos derechos); Idea 3: cobrar por la asignación a las empresas (hasta ahora la asignación de derechos era gratuita). Si se obliga a las empresas a pagar por ellos en subasta, ese precio se trasladará al precio final. Idea 4: comprar el exceso de derechos a lo quantitative easing para estabilizar precios (o sea parecido a lo que se le pide al BCE con la compra de deuda italiana y española). Idea 5: meter a nuevos sectores en el sistema, aumentando la oferta (como se pretende con las líneas aéreas). Idea 6: si los defensores de la libre empresa y comercio prefieren tasas a mercado, es que SEGURO que el mercado es la solución: nadie lucha contra su ADN… O Idea 7: hacer caso a “The Economist” enviarlo todo a tomar por saco, resucitar a Pigou e imponer una tasa a todo el mundo. ¿Riesgo? Aumento de costes, proteccionismo comercial entre regiones económicas y colapso económico si la tasa es excesiva. Otra vez empieza la peli de Jim Carrey… Buf. Y a ver si aterrizo de una vez, que me esperan en casa. Feliz Navidad. Bon Nadal.

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Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a La curiosa historia del precio del CO2 y la duda sobre si Coase tenía razón

  1. Raul dijo:

    David, anado otra idea: aplicar de una vez por todas el concepto del Carbon Footprint (o CO2 life-cycle assestment-LCA) para entender la cantidad de emisiones asociadas a la cadena de produccion, distribucion, venta y consumo de cada producto. Y una vez que tengamos un indicador universal que indique el CO2 unitario, los consumidores podremos decidir si queremos participar del cambio climatico comprando productos mas limpios o menos… Y el paso 2 es obvio: que se empiecen a aplicar tasas de importacion (aranceles) en la EU sobre los productos producidos en paises sin compromisos de reduccion (USA, China, India, etc…) para proteger a la industria europea (con obligaciones de reduccion)….

    PS: Viajabas en clase turista?…

    • David Ruyet dijo:

      Raúl, gracias por sus ideas. Se nota que usted sabe de esto. Sobre el tema arancelario y el proteccionismo no lo tengo muy claro. Le reconozco que volver a un mundo de tasas y aranceles no me seduce; pero menos me seduce ver como los europeos seguimos haciendo el canelo asumiendo un problema global. Sobre esa idea estoy preparando un post asociado a la fiscalidad del CO2, pero mi idea es que, previo a las economías globales, lo sea en las locales. Me explico, que el Sr. Rajoy no nos zumbe el 56% del sueldo vía IRPF; y si le suma indirectos -como el IVA- la cosa ya es de atraco: un 70% del total para tener unos servicio públicos tercermundistas para lo que cuestan), y que reduzca esa carga impositiva sobre la renta llevándola a un impuesto variable sobre el CO2 que, de paso, ayudaría a controlar la inflación. Lo dicho, estoy haciendo los numeritos para ver si sale.

  2. Pingback: Se acabó Kioto ¿pero hay algo mejor? | el blog de David Ruyet

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