Caliente o agujereada: el HFC-23 y lo listos que son los asiáticos (sobretodo los chinos)


Tras Durban, nuevo tablero: Los europeos siguen firmes con sus compromisos con el clima; australianos y neozelandeses también; rusos, japoneses y canadienses ya no; americanos, chinos e indios dicen que a partir de 2015. El resto se lo mira. Fijémonos en los gigantes asiáticos porque tiene su miga. Ya que el principal compromiso de la COP ha sido alargar lo establecido en 1997 con el Protocolo de Kyoto, parece interesante recordar qué Kyoto establecía dos bloques de países a partir del llamado Anexo B. Los que figuraban en él pagaban la fiesta, pues asumían compromisos de reducción; los que no estaban en el Anexo (se les llama, en un alarde de originalidad “países no Anexo B“) y ratificaban el Convenio entraban a formar parte de un conjunto de países que podían beneficiarse de esas reducciones. Luego había otros países incluidos en el Anexo B que tenían un asterisco y que se denominaban “en proceso de transición a una economía de mercado”; eran, básicamente, los antiguos países de la órbita soviética entonces en la órbita de la Unión Europea. Algunos aún orbitan.

¿Cómo funcionaba el tema? Simple. Los países no Anexo B, o con asterisco, podrían ser huéspedes de proyectos de reducción de emisiones desarrollados por los países del anexo B. Estos proyectos se denominaban en castellano MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio, para los no anexo B) o IC (Implementación Conjunta, para los de asterisco) según el país. Si un país buscaba reducir sus emisiones a partir de la construcción de un proyecto eficiente en otro país sin obligaciones, podía descontarse las emisiones que ese proyecto no generaba. Por ejemplo, si Suecia –obligado a reducir- montaba un parque eólico en Nicaragua -no Anexo B- y ese parque desplazaba X kWh de una central térmica con fueloil nicaragüense, pues se traducían esos X kWh en Y reducciones de CO2 y Naciones Unidas los certificaba como proyecto MDL. Así, Suecia obtenía tantos CER o “Certified Emission Reduction” como toneladas de CO2 se evitaban (por ser el promotor e invertir). Luego, si no las necesitaba para su cumplimiento propio podía venderlas a otros compradores necesitados. Por cierto, que de paso, el nicaragüense conseguía un parque eólico de inversión extranjera en su país. Cojonudo mecanismo de transferencia de inversiones Norte-Sur, ¿no? Pues sí. Lo era (aún lo es).

¿Y donde se han obtenido esos CER? Es decir… ¿En qué países se han desarrollado un mayor número de proyectos de esos MDL? Pues el 67% de los proyectos MDL (o CDM en inglés) desarrollados en… ¡tachán! China (46,5%) e India (20,5%). Pero en CERs la cosa ha sido mucho mayor: China se llevó el 58% de los CERS e India el 16%. Piense que en 1976 China e India no llegaban al 9% de emisiones. Hoy entre ambos superan el 30%. De hecho, China es el primer país en emisiones y la India el tercero (Rusia es el cuarto), y ambas son potencias económicas en auge, que no quieren contar en este de Kyoto como paganos… Como ha cambiado el mundo en poco más de quince años ¿no?

Un posible proyecto MDL (o IC con países*) era la eliminación del gas HFC-23, también llamado R-23 o fluoroformo. Este gas, del que seguramente usted no habrá oído hablar en su vida,  ocasiona un potente efecto invernadero. ¿Recuerda el post sobre el metano de origen ganadero y su efecto? Pues al HFC-23 le pasa algo parecido, pero mucho mayor.  Si se compara con el efecto invernadero que produce una molécula de CO2, una de HFC-23 lo produce 14.800 veces superior según el IPCC. Además, este gas, no sirve para casi nada, excepto para chinchar. Tremendo. “Y si es tan perjudicial ¿Cómo no he oído hablar de él antes?” Se preguntará. Pues porque se trata de un gas residual resultado de la fabricación de otro gas, el HFC-22 (o R-22) que sí que sirve. Y mucho. Es un muy buen refrigerante (aunque como perjudica a la capa de ozono se busca sustituirlo por otros como el R410C o el R134a). “¿Y este gas 23 qué pinta?” se preguntará ahora.

Volvamos a los 80; ya sabe: el Thriller de Michael Jackson, las discos, los yuppies, el walkman, los videojuegos, el Spectrum, Ronald Reagan, La Thatcher, … Y el agujero de la capa de ozono. Seguro que recuerda el jaleo (quizá fue el primer problema ambiental de alcance global, al margen de accidentes o catástrofes concretas como la de Chernobyl en 1986). Entonces se descubrió que los CFC (clorofluorocarbonados), es decir gases de fabricación industrial utilizados como refrigerantes en compresores, destruían en su concentración en las capas altas de la atmosfera a las moléculas de ozono que nos protegía de las radiaciones ultravioletas. En 1987 casi la totalidad de los países -180- suscribieron el Protocolo de Montreal que pretendía detener esa destrucción de la capa de ozono. Ahí se llegó a un acuerdo rápido porque los CFC eran sencillos de sustituir y, además, todos ganaban pasta. ¿Se imagina lo que se gana fabricando millones de neveras nuevas y botes de laca de colorines por el bien del planeta? Pues mucho. Y encima te pagan la campaña de publicidad desde la ONU. Y, claro, la cosa funcionó.

Pues unos gases que tenían un efecto refrigerante parecido a los CFC eran los HCFC (hidroclorofluorocarbonados) y los HFC (hidrofluorocarbonados). Y entre todos ellos el HCFC-22 era la leche. En lo que no se cayó era en que en su producción se fabricaba el malvado HFC-23. A eso se le llama desvestir a un santo para vestir otro. Pues resulta que se ganaba más en la destrucción del HFC-23, quemándolo (con plasma o a altísima temperatura), y obteniendo por ello CER como proyecto MDL, que con la propia venta del  HFC-22 como refrigerante. Quemar costaba unos 0,2 €/Tn y se obtenían por cada CER unos 10-15 € ¿Adivina quién se ha forrado con estos CER? Los chinos. Del orden del 20% de los proyectos MDL han sido eliminación del HFC-23. El 6% parques eólicos. El 1% eficiencia energética. Pues calculo que, a lo poco, esos proyectos han comportado para los chinos unos 2.500 millones de dólares. Los indios habrán ganado –con otro tipo de MDL, eso sí- unos 1.300 millones de dólares según Fitch.

En 2011 ya no se admite más el fraude ese del HFC-23 pero ¿está usted ahora más convencido de esto del Post-Kyoto o menos? Porque, además, ya ha visto que los “huéspedes” de los proyectos MDL no han predicado mucho con el ejemplo… En el fondo, el gran debate es si la reducción de emisiones necesaria para la lucha contra el cambio climático debe recaer sólo sobre las espaldas de los europeos. Con el 16% de las emisiones la UE ha soportado más del 84% de los costes en 2010 via la EU-ETS. Hasta ahora ha sido así (aquí el informe 2010 del World Bank, medio actualizado al 2011). Y según UBS eso han sido unos 287.000 millones de dólares (y añade que “para nada“). Hoy Europa no está para muchas alegrías. Y los países con moneda propia que compiten con el euro (o sea el dólar y la libra) se parten la caja viendo el festival de Merkel y Sarkozy apretando a los países endeudados del sur… Por cierto, así off-topic, las deudas en Europa son entre bancos europeos, no con chinos o americanos; o sea que aún es todo más absurdo. O no tanto, porque esto va de que los bancos que prestaron la pasta a los países del sur, o sea pobres bancos franceses y alemanes, cobren. Pretty fair.

Con estos antecedentes y el escenario de dudas del tablero geopolítico y económico-financiero mundial… ¿De verdad había alguien optimista antes de la COP17 de Durban? Yo no. En la COP 18 de Qatar se supone que se definirá en más detalle el nuevo escenario a partir de 2013 y veremos que puede pasar y sobretodo que rol deciden los tres mayores contaminantes: China, Estados Unidos e India (en orden). ¡Ah! No olvide que a lo que se han comprometido en Durban estos tres listos es a establecer un acuerdo de reducción de emisiones en 2015, que entrará en vigor en 2020 y que… no tendrá penalizaciones si no cumplen. Y escribo todo esto en un avión camino de Uruguay, para colaborar en un stakeholders’ meeting asociado a un proyecto MDL de un parque eólico. O sea, encima, mosqueao, por si entre unos y otros se cargan un invento tan útil. Felices Fiestas.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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2 respuestas a Caliente o agujereada: el HFC-23 y lo listos que son los asiáticos (sobretodo los chinos)

  1. Fleischman dijo:

    Hola David:
    El accidente de Chernobyl fue en el 86 (curiosamente yo ese año lo asocio a Chernobyl y al Challenger, otro accidente).
    Un saludo.

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