Lebensraum


El gráfico da miedo. En poco más de 10 años los precios de los alimentos (en azul) y del petróleo (en rojo) han aumentado, aproximadamente, el 75% y el 150% respectivamente sobre los niveles del año 2000. De los picos mejor no hablar. Este gráfico se puede encontrar en el capítulo 3 del WEO del FMI de este pasado mes de septiembre de 2011. Lo acompaña de varios comentarios, donde destaca el siguiente: “Los precios de las materias primas ejercen un efecto más fuerte en la inflación de las economías donde los alimentos ocupan un porcentaje elevado de las canastas de consumo y la credibilidad de la política monetaria es baja; una serie de economías emergentes y en desarrollo exhiben estas características“.

En otro post (aquí) ya se habló con detalle sobre los múltiples factores asociados al alza de los precios de los alimentos durante 2010: de todo tipo (y donde los biocombustibles no eran precisamente la principal causa). En otro (aquí) se comentaron los efectos que podían esperarse sobre la inflación debido al alza de los cereales. El ejemplo era China, que ya presentaba síntomas de recalentamiento de su economía. Y es que, tal y como dice el FMI, casi todas las economías asiáticas son más sensibles al incremento de los alimentos en la inflación que a otros elementos. Economías todavía, en muchos casos, de subsistencia (en China aún 400 millones de personas viven con 1$ al día; el PIB (PPA) per cápita es de 6.675 $ según el Banco Mundial) donde se dedica mayor “partida presupuestaria” familiar a comer que, pongamos, al ocio.

La palabra a aprender es Lebensraum. La tomo prestada de una inspiradora charla en ESADE del maestro Àngel Castiñeira. En alemán significa “espacio vital“, y está en ese idioma porque la propuso, a finales del XIX, un alemán: Fiedrich Ratzel. Por entonces era básica la relación población-territorio-autoabastecimiento. Un estado sólo tendría asegurada la supervivencia si en su territorio disponía de suficiente “lebensraum” para su suministro. Unos años después, por 1933, un tal Adolf Hitler decía algo así como que “los alemanes tienen el derecho moral de adquirir territorios ajenos gracias a los cuales se espera atender al crecimiento de la población“. Si bien esas palabras ya asociaban peligrosamente alemán con derechos (y, en realidad, con los no-derechos de las “razas inferiores“) también era evidente la desproporción entre el territorio alemán (recortado tras el Tratado de Versalles de 1919) y su población. Entonces los rendimientos agrarios no eran los actuales. Por todo ello, la expansión alemana hacia el este se explicaba por la necesidad de acceder a nuevos recursos naturales: la invasión de Chequia (al Danzig “birlado” en Versalles) y de Polonia (pactada con Stalin; la invasión desató el pánico internacional y fue el inicio de la 2ª Guerra Mundial), era pasos necesarios para el acceso a las fértiles tierras de la estepa de Ucrania y los yacimientos petrolíferos del Cáucaso (cuya invasión pretendió, ignorando el pacto de no agresión con la URSS, mediante la Operación Barbarroja).

Hoy vivimos una nueva búsqueda de Lebensraum. Esta vez son China, Japón, India, Corea del Sur, muchos países del Golfo Pérsico o Egipto los que buscan un nuevo espacio vital para sus economías (la gran mayoría asiáticas). Pero esto no se está realizando mediante una sangrienta invasión militar, sino a través de la compra y alquiler de tierras fértiles cultivables a escala internacional. Estas operaciones comerciales las están llevando a cabo tanto empresas multinacionales de esos países (a menudo a través de la sucursal local) como los Fondos Soberanos. El fenómeno empezó en 2007, tras el filón inmobiliario y antes del crash:  los hedge funds dirigieron entonces su atención tanto al petróleo como a los alimentos. Se trata de activos de demanda inelástica (poco sensibles al precio) por su carácter primario, siendo inversiones que pocas veces fallan. La burbuja de commodities  ya estalló en 2008 (como se ve en el gráfico), pero la tendencia a asegurar el acceso a tierras fértiles fuera del territorio nacional no se ha detenido. En Google se ha montado un mapa con muchas de esas operaciones. Figuran las nacionales (en rojo), de empresas (en azul) y de particulares (en amarillo). Ya son unos 10 millones de hectáreas. Para fijar ideas, en España hay 19 millones de hectáreas cultivables. No está mal… ¿Ejemplos?

– En África todo está en venta, y allí los chinos son especialmente activos (ver este post anterior). No obstante, la compra de tierras en 2008 de los coreanos de Daewoo en Madagascar se hizo famosa: la concesión de 1,3 millones de hectáreas para producir maíz y aceite de palma por 99 años se revirtió a poco más de 200.000 hectáreas por los enormes disturbios (más de 100 muertos) y la presión internacional. Corea del Sur habría comprado/arrendado ya unos 2,3 millones de hectáreas en todo el mundo.

– En el Sudeste asiático son muy activos los chinos, por ejemplo en Filipinas (hasta el 10% de la superficie del archipiélago ya estaría negociada). En Indonesia, el holding saudí Bin Laden Group firmó en 2008 un acuerdo para invertir 4.300 millones de dólares en Indonesia, con la adquisición de 500.000 hectáreas para la producción de arroz.

– En 2007, el grupo japonés Mitsui compró (a través de la brasileña participada en un 25% Multigrain) hasta 100.000 hectáreas de tierras agrícolas en Brasil (del orden del 2% de la superficie cultivable de Japón) para la producción de soja. Los indios también tienen mucho interés en Brasil. Por todo ello, han limitado la venta a extranjeros.

El 10% del territorio argentino cultivable ya estaría vendido. En muchos casos se trata de inversores privados, y a menudo en la Patagonia: los Benetton con 900.000 hectáreas en tierras mapuches; Tompkins (el dueño de North Face), Ted Turner , Richard Gere… En contrapartida, muchos grupos privados argentinos se han lanzado a la compra de tierras en Uruguay (hasta el 35% del total del país según algunas fuentes). Otras operaciones en Argentina han sido las del grupo indio-malayo Walbrook que se hizo con 600.000 hectáreas en Mendoza, o de la empresa estatal china Heilongjiang Beidahuang Nongken Group que se hizo por 20 años con 330.000 hectáreas a cambio de 1.500 millones de dólares para cultivo de maíz, trigo, soja, cebollas y patata en Río Negro; además, construyen un puerto en Rosario para llevarse su soja. Los japoneses de Sojitz con 11.000 hectáreas para soja o el grupo saudita Al Koharef con 30.000 hectáreas en el Chaco ampliables a 200.000 más serían otros interesados. O sea, casi todos.

¿Pero todo esto por qué? en primer lugar por la explosión demográfica. La FAO prevé un aumento del 40% de la demanda de cereales en el mundo junto con una caída del 30% de las cosechas en los países en desarrollo. A eso hay que añadir que Asia, con el 30% de la superficie emergida de la tierra, tiene el 60% de la población mundial. Pero esa es la primera mitad del problema. La segunda es el acceso al agua dulce. Del total de agua en el mundo (mucha) menos del 0,001% es potable y, de esa, el 70% se destina a usos agrícolas. Asia sólo tiene el 25% de esas reservas de agua dulce. Así que todas estas operaciones tiene un cierto sentido geográfico: el centro de África, al estepa rusa o Latinoamérica tienen buen acceso a las reservas de agua dulce. Así que se trata de asegurar el suministro de alimentos básicos para la población del país comprador, con poco espacio cultivable y crecimiento demográfico (o, para los privados, una inversión rentable casi asegurada). En resumen, se trata de la búsqueda de auténtica seguridad alimentaria (¡ah! y negocio).

Sin embargo, el tema tiene un matiz amargo. Los principales países huéspedes de las compras son zonas muy pobres, países de baja renta, en muchos casos con notables índices de pobreza extrema y desnutrición: Sudán, Uganda, Filipinas, Indonesia, Laos, Tanzania, Uganda, Zimbabue, Ruanda, Zambia, Madagascar, Nigeria, Camerún, Brasil, Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia, Argentina… ¿Alguien se imagina las cosechas saliendo en barco mientras la población desnutrida las ve partir? En Etiopía ya está pasando (aquí un muy buen documental de TVE) . La FAO ya ha manifestado sobre los land deals en un informe de mayo de 2011 que “El incremento de las compras masivas de terrenos en África y otros continentes aumenta el riesgo de que los pobres se vean desposeídos o se les impida el acceso a la tierra y el agua”. El fenómeno estaría creciendo de forma exponencial, con poca transparencia, monocultivos, técnicas no autóctonas, uso intensivo de fertilizantes, monopolizando el acceso al agua y con poco o nulo respeto hacia las poblaciones locales. La primera búsqueda de Lebensraum de la edad contemporánea acabó mal; esperemos que la segunda no acabe peor.

Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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5 respuestas a Lebensraum

  1. Pingback: Lebensraum

  2. Pingback: Coches que funcionan con algas | el blog de David Ruyet

  3. Alan. dijo:

    Muy buena nota, muy buen trabajo. Apuntaría que hoy en día es Israel quién tiene una política expansionista. Un abrazo y gracias por dejarme participar.

  4. Delcamag dijo:

    un artículo interesante y muchas felicidades por este blog la nota 10

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