Cuando el límite es lo de menos


A inicios de septiembre se presentó el informe que cada año prepara la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) sobre el comercio y el desarrollo (era de esperar). La versión en castellano (en realidad, un resumen), en un esfuerzo descomunal de originalidad, se titula “Informe sobre comercio y desarrollo 2011“. Eso sí, le añade “Panorama General” para dar alguna pista más. La versión en inglés completa (que se puede descargar aquí) se denomina “Trade and Development Report 2011: Post-crisis Policy Challenges in the World Economy” y, es obvio que se va a centrar en los retos políticos que se plantean en la etapa posterior a la actual crisis de la economía mundial iniciada tras el cha-cha-chá de septiembre de 2008. Así estamos.

La sorpresa (o no) es que el documento indica que la recuperación económica mundial tras la “Gran Recesión” (sic) se estaría frenando y que sería profundamente desigual. Se habría pasado de un 4% de crecimiento del PIB en 2010 a un 3% para 2011, y se estaría dando una “recuperación a dos velocidades“, pues el crecimiento sería fuerte en las economías en desarrollo, del orden del 6% en 2011 y en niveles similares a los anteriores a la crisis, mientras que las desarrolladas sólo crecerían entre el 1,5% y el 2%. Haciendo un flashback, las medidas conjuntas y coordinadas del G20 tras el crack de 2008 llevaron a una mínima estabilidad financiera (bajada de tipos de los bancos centrales, planes de estímulo fiscal y programas de ayuda de emergencia; en otras palabras inyección a lo bestia de dinero en el sistema, o sea liquidez) en lo que podíamos llamar Fase I. Después se pasó a la, digamos, Fase II donde las empresas no podían soportar por sí solas el crecimiento (especialmente por la falta de financiación), los hogares dejaban de consumir y donde el sector público, que se ha descubierto de pronto endeudado hasta las cejas, no podía mantener los planes de estímulo y se veía obligado a iniciar políticas drásticas de reducción del gasto público (los recortes). Estados hiperendeudados, recortando gasto social, y en contracción (aumento del desempleo, salarios a la baja, reducción del consumo), y un también posible estancamiento prolongado a la japonesa. La Fase I es una “V” y la Fase II, en la que estamos, sería otra “V” (esperemos). Crisis en forma de “W“, por tanto, donde no habríamos llegado al segundo pico inferior (también llamado double-dip). Nada que no sepamos aún, pero soportado por datos. La única parte buena según la UNCTAD sería que la inflación no subiría… ¿Seguro?

En la serie de posts sobre las teorías del colapso se mencionó de pasada a James D. Hamilton, profesor de economía de la Universidad de California San Diego. Mantiene una especie de blog muy interesante sobre economía, industria y recursos: Econbrowser. El profesor Hamilton ha realizado una serie de trabajos muy interesantes sobre la relación entre las crisis económicas y el precio del petróleo. En “Historical oil shocks” estudia los efectos de los cinco grandes shocks petrolíferos del siglo XX (todos geopolíticos): la crisis del canal de Suez en 1956, el embargo de 1973, la revolución de los ayatollahs de 1978 y la posterior guerra Iran-Iraq de 1980-1988, la primera guerra del golfo en 1991 y… el shock de 2007-2008 (no geopolítico y en el siglo XXI). La conclusión es clara: a cada shock petrolero le siguió una recesión (al menos en USA). Efectivamente: desde la Segunda Guerra Mundial, 10 de las últimas 11 recesiones fueron precedidas de un shock en el precio del petróleo. Además, recuerda que la afectación es por el lado de la demanda y no de la oferta: “The short-run elasticity of oil demand is very low. If consumers try to maintain their real purchases of energy in the face of rising prices, their saving or spending on other good must fall commensurately”. En otras palabras, la imposibilidad de encontrar sustitutivos inmediatos en los spike del precio del petróleo (la demanda es muy inelástica al precio) desequilibra los presupuestos de familias y empresas, y resulta un factor clave para la recesión.

Ese trabajo es clave para entender el cada vez más famoso paperCauses and Consequences of the Oil Shock of 2007–08” (esta versión es muy interesante pues incorpora comentarios críticos de terceros). Hamilton considera que no es el precio sino la renta la clave para entender el fenómeno. Si tengo mucha pasta no me importa el aumento de precio. Es como el chiste: “me da igual lo que suba la gasolina: siempre pongo treinta euros”. En el razonamiento también influye la “partida presupuestaria” es decir el peso que tiene en mi economía el gasto en algo. Por ejemplo, si algo es el 1% de mis gastos me da igual que suba de precio: si dobla el precio será el 2% de mis gastos lo que  sigue siendo poco. Según Hamilton la partida presupuestaria “energía” ha estado en Estados Unidos sobre el 6% con alguna punta del 9% o así. Además del efecto renta, Hamilton evalúa los efectos del incremento de los precios del crudo en el tejido productivo. Para ello se evalúan los efectos sobre el sector del automóvil y (¡tachán!) las viviendas en el periodo 2007-08, previo a la caída de Lehman Bros. Por un lado, si bien el sector de la automoción no cayó exageradamente, sí lo hizo el de los 4×4 urbanos (SUV). Sobre los hogares: “home prices in 2007 were likely to rise slightly in the zip codes closest to the central urban areas but to fall significantly in zip codes with longer average commuting distances”. Más lejos, más caro, más difícil de pagar: quiebra. Ni “ninjas”,  ni leches. Pagué la factura de gasofa y me venció la letra del banco. Punto.

Se deduce fácilmente que habría un límite para la “partida presupuestaria energía” a partir del que la economía entra en recesión (o sea, un excesivo coste de la factura petrolífera). La subida del precio del petróleo no sólo afecta al coste energético directo; su efecto se transmite a toda el conjunto de la economía y, peor aún, regresa de nuevo amplificando su efecto (es lo que se llaman “efectos de segunda ronda“). Si sube el petróleo, sube el transporte, y con él las escarolas que traen del campo a la ciudad, y con ellas el menú de los restaurantes. Soy más pobre por dos sitios: directo en el transporte; indirecto en el menú. Al aumentar el precio y expandirse su efecto, existiría un valor límite a partir del cual los productos se venden menos; y tanto menos se venden que ya no sale a cuenta fabricarlos. ¿Por qué? suben los costes de producción fijos (materias primas, consumibles,…) y, al reducirse el volumen, desaparecen las economías de escala o alcance. Los economistas dirían que entonces el coste marginal supera al coste medio. Cuando este fenómeno se extiende lo suficiente el fenómeno de destrucción de la actividad económica es una espiral cada vez mayor. Resultado: Recesión.

¿Se tiene claro cuál será el límite del precio para que se desencadene de nuevo la recesión? Difícil. Roubini lleva avisando de la “W” desde 2009 dando una importante relevancia al precio del petróleo, e insinúa un límite de 100$ barril, aunque asegura la recesión con 140$ (a decir eso me atrevo hasta yo). De hecho, Roubini ya analizó este tema en 2004 (al final el tipo será bueno y todo). Sobre los trabajos de Hamilton algunos estiman el límite en unos 80$ (o una partida presupuestaria “energía” superior al 10%). Los productores de petróleo precisan de unos 80$ para equilibrar sus presupuestos (es decir, mantener la paz social con subvenciones internas; ojo, que hace tres años era de menos de 60$). De hecho, el valor exacto es lo de menos. Esto no es física del estado fundamental. Depende de muchos factores, y habrá una componente regional importante derivada de la intensidad energética de cada país o, lo que es lo mismo, del peso de la partida presupuestaria “energía”, si se quiere como porcentaje del PIB. Establecer un umbral en $/barril para el Apocalipsis global es poco práctico. Se trata de valorar nuestros sistemas económicos conjuntos recursos-producción y su capacidad de adaptación y flexibilidad a un cambio de modelo energético, y no de esperar a Godot.

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Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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2 respuestas a Cuando el límite es lo de menos

  1. Pedro dijo:

    Felicidades por la acertada incorporación del determinante concepto de la “partida presupuestaria”, seguro que nos ayuda a reflexionar sobre estos temas !!

    • David Ruyet dijo:

      Gracias Pedro por tu comentario. No obstante, creo que Hamilton no le otorga la misma relevancia que se le da en marketing (y en branding), y como economista puro se fija más en el peso relativo sobre el PIB. Para mí es un concepto muy potente, más allá del puro budgeting y control de gestión, y creo que permite valorar tendencias y límites en el consumo, sobretodo en el sector del gran consumo.

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