Teorías del colapso energético (XV): llega la hora de despertarse según Jeremy Grantham


En mayo de este año, a poco de iniciar este blog, mi antigua alumna de IQS Leticia Rodríguez me envió un artículo de un investment office. “Quizás te parece interesante” decía. Ahora Leticia -que no llega a los 30- finaliza su MBA en Chicago Booth, mientras ya trabaja en Credit Suisse en el área de Global Energy (me gusta pensar que, como docente, he contribuido un poquito a las carreras de fenómenos como ella). El texto que me pasaba Leticia era de Absolute Return Partners LLP, un brokerage medio de Londres que gestiona unos 300 MUS$ y que publica una newsletter periódica: la “Absolute Return Letter“. Se titulaba “The case for human ingenuity” y planteaba una original visión sobre los mercados de petróleo en el futuro: predecían una evolución de precios del crudo a medio plazo a la baja. ¿Razón? La necesidad de modificar los hábitos de movilidad actuales, la existencia de alternativas energéticas en transición y el exceso de primas especulativas en los precios del petróleo. Ojalá.

Pero, además del texto, me llamó la atención una cita al inicio del artículo de un tal Jeremy Grantham. Decía: “This faith in the human brain is just human exceptionalism and is not justified either by our past disasters, the accumulated damage we have done to the planet, or the frozen-in-the-headlights response we are showing right now in the face of the distant locomotive quite rapidly approaching and, thoughtfully enough, whistling loudly“. Y le reconocía la autoría de un tal “Jeremy Grantham on why the world is facing a paradigm shift on commodities (GMO Letter, April 2011)“. Caray. “Cambio de paradigma” y conductismo económico en un mismo pack que -encima- me envía una alumna de Chicago (la universidad fundada por Rockefeller y de la que salieron, y son estandarte, Milton Friedman y Eugene Fama; o sea, neoclásicos en estado puro). El artículo “El regreso de Malthus” de Ramon Aymerich del penúltimo domingo de agosto en “La Vanguardia” me ha recordado la anécdota. Un sabio como Mariano Marzo escribía sobre lo mismo ya en mayo de 2011 (“¿Megaciclo o cambio de paradigma?“); un no menos sabio como Pedro Linares lo referenciaba también en su blog. Morbo.

GMO (iniciales de Grantham, Mayo y Van Otterloo, se supone los socios del despacho) es una oficina gestora de inversiones muy relevante. Gestiona desde su HQ de Boston más de 100.000 MUS$, con un 40% del mismo en activos (o sea que no sólo se dedican a la compra y venta de derivados, vulgarmente llamada “especulación”). Grantham (un inglés de grandes orejas, como se ve en el video, nacido en 1938 y cuyo currículum profesional da vértigo) es el GMO Chief Strategist, por lo que tiene que estar al loro de todo. Como curiosidad, la estrategia básica de la firma es tomar posiciones cuando algunas cotizaciones suben o bajan de forma excepcional, buscando la ganancia en su posterior “reversión a la media“. Ese concepto económico (o estadístico aplicado a la economía, mejor) plantea que en el medio plazo las cotizaciones de las empresas vuelven a las medias históricas una vez superado un hecho excepcional. Como eso no siempre se cumple (pensemos en Enron, por ejemplo) tiene cierta gracia pretender ganar pasta con estas cosas. Más morbo.

Pues Grantham publica (y firma) una newsletter cada trimestre: la GMO Quarterly Letter. La de abril pasado se titulaba: “Time to wake up: days of abundant resources and falling prices are over forever“. Caray. Forever, dice. Las tesis de Grantham son recurrentes en la mayoría de agoreros, pero no por ello menos exacta: la sobrepoblación mundial, en el nuevo entorno globalizado, ha generado una enorme demanda de recursos energéticos y materias primas en general que, de momento es soportable por las mejoras tecnológicas asociadas a la producción de alimentos. Sorprendentemente, en esa tensión sobre los recursos se ha generado una presión sobre las commodities a la baja durante los últimos 100 años (en todas menos el petróleo). Esa tendencia a la estabilidad se estaría acabando: se habría producido ya un cambio de paradigma donde la tendencia de precios a la baja en las materias primas -de todo tipo- habría finalizado. No sería una burbuja, ni una cuestión coyuntural. Habría cambiado el framework; para emprender reformas “there is little time to waste“, dice. Incluso en julio ha publicado una nueva entrega: “Separating the dangerous from the merely serious” en la línea, y enfocada en la agricultura, el suelo y sus nutrientes básicos. Tremendo. Como esto no lo dice un flipao con túnica, un periodista aburrido o un profesor de universidad (a los que tampoco hacen demasiado caso…) sino uno de los más reputados brokers de Wall Street parece que la cosa va en serio. Nens, tenemos un hype.

¿Y en qué se basa Grantham? pues en un análisis de fundamentales (bravo; a años luz de la mayoría de charlatanes que cuando hablan de estas cosas tocan de oído). GMO tiene un índice bursátil propio basado en 33 commodities ponderadas (otros índices en materias primas más consultados y muy reputados igual serían el Goldman Sachs Commodities Index, con tag GSCI, y el Dow Jones UBS Commodity Index de tag DJ-UBSCI; desde la pifia de AIG el DJ-AIGCI ya no mola tanto…). El análisis de su evolución presentaría una serie de 102 años decrecientes al 1,2%. Este periodo, de progreso sin igual en la historia de la humanidad, y donde la tecnología ha podido superar a la ley económica de los rendimientos decrecientes (algunos dicen que la única Ley real en economía…) habría finalizado en 2002. En los últimos años, la globalización y la sobrepoblación han determinado un escenario de incrementos de demanda de materias primas brutales (dan datos desagregados la de demanda China como porcentaje del global y acojonan, aunque Grantham -cabal- dice que la culpa no sólo es de China). Analizando la tasa de producción del petróleo por origen (convencional, aguas profundas…), además de constatarse gráficamente el peak oil convencional en 2006 -como en las gráficas de la IEA-  dan una serie de valores en el horizonte 2030 de entre 150-37 US$ el barril, con valores medios de 75 US$. Todo ello con una extrema volatilidad (medida con dos desviaciones estándar). El cambio de paradigma energético sería evidente, y el efecto demanda aún lo agravaría más. Hay que ponerse las pilas. Ya. Pero ya, ya.

Sinceramente, lo que más me gusta (a pesar de que sean literalmente “very bad news”) es el estilo de Grantham: sereno, riguroso, sin histerias, sin moralinas, comedido, brutal. Se plantearán montones de oportunidades en este nuevo framework de la escasez, donde el que dé primero, dará dos veces. Un buen profesional (como Grantham, de más de 70 años de edad, al loro), al asumir de forma objetiva el futuro entorno, intenta “to persuade investors with an interest in the long term to change their whole frame of reference: to recognize that we now live in a different, more constrained, world”. Punto. La verdad es que estoy hasta las narices (incluso unos 60-70 centímetros más abajo) de los agoreros del apocalipsis a lo “The Road”, del juicio final o de las cartitas del fin del mundo. El mundo no se va a acabar de golpe, ni nos volveremos caníbales, ni nos vamos a ostiar por un barril de gasolina a lo Mad Max. Tenemos un nuevo entorno: más restringido, más escaso, más caro, más difícil, con más gente y muuuuucho más jodido. Mis abuelos vivieron en uno similar después de la Guerra Civil Española. ¿Y qué? A por él. Oé.

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Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a Teorías del colapso energético (XV): llega la hora de despertarse según Jeremy Grantham

  1. Francisco dijo:

    Dices: Mis abuelos vivieron en uno similar después de la Guerra Civil Española. ¿Y qué? A por él. Oé.
    Digo: Yo viví la postguerra civil y aún me acuerdo de los piojos y la escasez, cuando no hambre. La diferencia es que entonces la producción de petróleo subía y subía…, llegó el 73 (que fue un juego de niños comparado con lo que tenemos encima), la economía se desmadró para, acto seguido reemprender su marcha ascendente hacia el crecimiento ilimitado en un planeta limitado, llegó el 2.005, año en el que la producción de crudo alcanzó su máximo, dos o tres años después-casual y curiosamente- el sistema financiero echa chispas, mientras ahora directamente arde como si lo hubiesen volado con Thermite.
    En los años 30 la población mundial era de unos dos mil millones de personas. No sabemos lo que es la función exponencial, pero, caramba, ¡qué bien sabemos aplicarla en la práctica! En ochenta años hemos pasado de dos mil a siete mil millones. A todo esto la principal fuente de energía, el petróleo, decayendo inexorablemente.
    Me imagino el próximo futuro.

    P.D. Me encanta tu blog. Sin pelotilleo.

    • David Ruyet dijo:

      Francisco, muchas gracias por tu comentario. Cuando menciono la postguerra lo hago con el máximo respeto y admiración hacia los que la vivieron/sobrevivieron; a la vez, recordar las historias que me contó mi abuela (yo soy del baby boom de los 70) me hace ser optimista en el futuro (aunque sepa que no cobraré una pensión decente ni indecente por más que la pague ahora). Por grande que sea la adversidad. En un par o tres de post (creo y espero) van las teorías de Rubin, Hamilton y similares sobre la auténtica causa del crash del 2008.

  2. Pingback: La curiosa apuesta de Ehrlich y Simon que nunca se repitió | el blog de David Ruyet

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