Teorías del colapso energético (V): la hipótesis de Gaia


William siempre fue un caso. Cuando se planteaba la fuerza interna que movía a la humanidad, siempre acababa pensando que era la violencia. Llamémosle violencia, llamémosle poder, llamémosle supervivencia. ¿Fueron los Homo Sapiens más violentos que los Neandhertales? Para William sí. ¿Una sociedad primitiva y sin prejuicios ni presiones -pongamos unos niños perdidos en una isla- se gobierna con violencia? “Of course“respondía William. ¿Hay monstruos? “En el Lago Ness seguro; fuera alguno hay también” contestaba William ¿El ser humano es cruel? William, mejor no contestes… ¿Ganará, finalmente, el bien al mal? William estaba seguro de eso.

No hay muchas cosas más que hacer en Bowelcharke que no sean pasear y charlar. Es estimulante pasear por la campiña cuando los permanentes chaparrones hacen que el olor la hierba y la tierra mojada te reclamen cada tarde, antes del té. Es difícil resistirse. Pero es poco menos que imposible cuando tu compañero de paseos, además de vecino, es inteligente, escribe y le han dado un premio Nobel por sus relatos. Igual fue paseando, en aquellas interminables charlas con su amigo William, cuando a James se le ocurrió la idea.

James, es científico. Químico. Le gustaba pensar en el origen de la vida. ¿de dónde habría surgido? ¿por qué en nuestro planeta? ¿por qué no en Marte? ¿y qué es la Tierra? una simple roca que vaga por el espacio con cuatro plantuchas adheridas ¿o algo más? ¿y si fuese un organismo vivo? ¿y si atmósfera y superficie fueran un organismo conjunto? ¿Y si la interrelación de ecosistemas fuera un todo coherente? La idea que surgió en la cabeza de James fue simple: todas las partes de la Tierra (vivas e inertes) forman un macroorganismo conjunto, un complejo sistema biológico interactivo que se autoregula: varía su temperatura, su composición química, la salinidad del océano,.. que en su autoregulación tendería al equilibrio. Gran y nueva idea.

Así nació la Hipótesis de Gaia en la cabeza de James. Bueno, y de su vecino William que le propuso el nombre, recuperando el que tenía la diosa griega de la Tierra: Gaia. “Hipótesis” y no “Teoría” porque no tenía demostración. James publicó un libro en 1979 “Gaia: A New Look at Life on Earth” que cambió la forma con que hasta entonces se entendía a la Tierra. En esta nueva visión, la Tierra sería un organismo vivo que se adaptaba, y donde el origen de la vida no sería trivial. Que una roca en la Via Lactea estuviese a la distancia exacta respecto del Sol, con la temperatura perfecta, fruto de una interminable serie de casualidades no estaba tan claro. Fue el día que apareció la vida, en que ésta se hizo cargo de la roca. Y la cambió. Vaya si la cambió: dejó de perder agua (como hacen los planetas normalmente), y pasó a controlar la evolución: el sistema orgánico y el inorgánico trabajaron conjuntamente y transformaron el planeta en un sitio agradable. La Tierra escogía vivir. Pues esta idea tan simple cambió nuestra visión del planeta a partir de los 80: la forma de entender nuestra presencia en la Tierra no era ya ser amos de la creación.

¿Y los humanos? ¿Qué pintarían? Para Gaia, no mucho. Los humanos llevamos por aquí la parte final del cenozoico, después del holoceno. Eso es más bien poco. En la evolución de la biosfera, las bacterias se pasaron mil millones de años campando a sus respetos. Gaia es toda una señora de unos cinco mil millones de años; así que un respeto. Bueno, no le hemos guardado mucho; de hecho, la hemos sometido a tanta presión que hace tiempo que habríamos quebrado el sistema: sólo la tecnología nos ha permitido crecer y multiplicarnos. Pero hoy estaríamos en un punto de difícil retorno: el cambio climático sería la reacción de la vieja Gaia respecto del calentamiento global.

James es un rockero, y esos nunca mueren. Tiene 86 años y sigue dando caña. Y se acuerda cada vez más de su amigo William. James no ve claro lo que estamos haciendo. Cree que empieza a ser tarde. Cree que Gaia ya no nos entiende, y que se empieza a enfadar. Que prepara su venganza. Y lo ha vuelto a escribir: “The Revenge of Gaia: Why the Earth Is Fighting Back – and How We Can Still Save Humanity“. La cosa empieza a pintar mal. El dióxido de carbono aumenta, y si se piensa en Marte o Venus -repletos de CO2- la cosa preocupa. La atmósfera se ahoga. Y si tardamos mucho en reaccionar, ella reaccionará. ¿Contra nosotros? No. Por la vida; o mejor dicho a través de la vida. Menos carbono es la respuesta. James lo ve difícil. Es tarde; pero habrá que hacer algo, porqué si Gaia reacciona igual se da cuenta de que somos un problema. Nada personal, eso sí.

James Lovelock y Willian Golding. El Científico. El Escritor. La Ciencia. Las Ideas. Menuda mezcla explosiva. Qué suerte.

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Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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