Negociando el cambio climático o el arte de nadar en círculos


Sin duda, el Protocolo de Kioto ha significado un hito en la historia de la humanidad; reconociendo la existencia y enorme gravedad del cambio climático, también se asume que la humanidad afrontará en el siglo XXI otros (muchos) problemas tanto o más importantes: la extrema pobreza, la superpoblación, el acceso al agua, el SIDA, la malaria, las armas nucleares… y se podría seguir un post entero.

La relevancia de Kioto no se encuentra en lo que se afrontaba sino en cómo se afrontaba. Por primera vez, la forma de resolver un problema conjunto de la humanidad tenía en cuenta que los esfuerzos debían ser solidarios y conjuntos, y que la mejor forma era articular mecanismos de transferencia de renta de los países ricos a los pobres. Indirectamente (vía proyectos reales), de forma equilibrada (estableciendo obligaciones sólo para el primer mundo), y con mecanismos de mercado (o sea, dando un espacio a la búsqueda del beneficio y la competencia; no a la caridad o el altruismo). El tratado socioeconómico más importante de la historia de la humanidad. Ni más, ni menos.

El protocolo, que no firmó Estados Unidos (ni otras siete potencias mundiales: Afganistán, Irak, el Sahara Occidental, Chad, Somalia, Zimbabwe y la República Centroafricana; bueno, igual no tan potentes) pero el resto sí, proponía un primer periodo entre 2008 y 2012, dónde los países compensarían sus emisiones mediante medidas consensuadas. Por un lado, debían emitir menos (con mayor eficiencia, ahorro, cerrando centrales sucias…); pero por otro, se admitía que los países que tuviesen más emisiones de las permitidas negociasen la compra de derechos que se otorgaría a los países que hubiesen cumplido sus deberes. Eso sí, el que no cumplía tenía multa. Y cara.

La cosa no ha salido del todo mal (aquí el informe del Banco Mundial de como va la cosa en 2011); muchos países han ido cumpliendo y, lo que es más importante, mediante la construcción de proyectos “limpios” en países emergentes y en vías de desarrollo se han conseguido más de 8.000 proyectos de todo tipo. Considerando lo difícil del caso, no ha ido del todo mal. Pero el 2012 está ahí mismo. Y en este nuevo periodo de cumplimiento, los países que en los noventa (cuando se negocio Kioto) eran pobres ahora ya no lo son tanto. De hecho su crecimiento es mucho mayor que el de los países OCDE (los paganos), y ahora es necesario repartir las cartas de nuevo. Y no quieren. Y los que han pagado hasta ahora, básicamente la UE, que es el 80% del mercado mundial de emisiones, tampoco ven claro seguir pagando la fiesta (y menos con la periferia como está). O sea que nadie sabe de forma clara qué pasará el 2013.

Mi amigo Raúl Hurtado de STATOIL me avisó que un cachondo del Banco Mundial, seguramente influido porque la Carbon Expo (la feria más importante del Mundo en mercados de emisiones) se celebró este año en Barcelona (o porqué el Barça es el mejor) ha publicado un post en el blogsite del Banco titulado “The state of the carbon markets is messy – not Messi” (algo así como, “los mercados de CO2 están hechos un lío, no Messi”; o sea que traducido no tiene puñetera gracia). El tipo cuenta (o insinúa) lo que todos los que estamos relacionados con este sector pensamos:

– Que Estados Unidos, Japón y Australia digan que pasan del tema no ayuda, y menos a convencer a los BRICS (aquí un resumen de los múltiples “no sabe-no contesta”).

– Que el mercado de emisiones, que mueve más de 180.000 millones de dólares al año, se haya estancado en 2010 indica que los players del sector dudan.

– Que de Copenhagen y de Cancún no saliese nada (y parece que de Durban tampoco) indica que se llega tarde (debería haberse negociado antes) y mal. ¿Y nunca?

– Que estamos en un proceso de negociación muy duro, en el que no se decidirá nada hasta el último momento.

– Que esto tiene pinta de un mercado consolidado (el europeo) con acuerdo bilaterales con otros países para seguir avanzando.

Los tipos de IISD (una ONG que sigue estos temas) siguen aquí  las negociaciones de esta semana en Bonn para la COP 17 de Durban: “On Wednesday, frustration seemed to be growing in the corridors of the Maritim Hotel. The opening plenaries of the SBI and SBSTA remained suspended for the third day in a row as protracted backroom discussions continued late into the evening on their respective agendas. One veteran lamented ‘we are as stuck as ever’ on issues such as MRV and response measures, assessing that there was ‘no end in sight to this agenda battle’.”  Tela marinera.

Hay que ponerse las pilas. Como ejemplo de que hay que arrimar todos el hombro en esto del cambio climático está… el Vaticano, que ratificó el Protocolo de Kioto en 2011, en las mismas fechas que Andorra. Pues se moja (algo no excesivamente habitual en este tipo de temas). De hecho, en este documento, el Papa dice “Individuals and Nations Have a Duty to Act Now“. Now. Right Now. Toma castaña.

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Acerca de David Ruyet

David Ruyet (Barcelona, 1970) is an Industrial Engineer by the UPC and MBA by ESADE Business School and Ph.D (c) in Economy. All his professional career has been devoted to solve problems in the energy sector, starting with renewables in 1995, and currently lives in Buenos Aires (Argentina). Blogging at www.davidruyet.net is an opportunity to share opinions about current topics regarding to energy and economy.
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3 respuestas a Negociando el cambio climático o el arte de nadar en círculos

  1. Pingback: El bistec de canguro que puede salvar al planeta | el blog de David Ruyet

  2. Sandra dijo:

    ¿Sabe usted porqué en un principio la ciudad del vaticano no ratificó el protocolo de Kioto?

    • David Ruyet dijo:

      Gracias por su comentario y por seguir este blog, Sandra. Ciudad del Vaticano y Andorra (un principado en los Pirineos, con dos co-principes: el Presidente de Francia y el Obispo de la Seu d’Urgell, por tanto un estado confesional totalmente alienado con el Vaticano) se declararon formalmente “observadores” del proceso y no se les solicitó la adscripción. Lo cierto es que en 2011 el Vaticano no tenía una posición oficial sobre el cambio climático, aunque la encíclica “Caritas in Veritate” del Papa Benedicto XVI en 2009 sí advertia de los riesgos ambientales. Si quiere un poco más de información, le sugiero lea el post que escribí en su día sobre el Papa Francisco y su posición sobre estos temas: https://davidruyet.wordpress.com/2013/03/27/franciscus/

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