Llegan los inmaduros


Los hidratos de metano en todo su mágico esplendor
“A la fuerza ahorcan” 
dice el sabio refranero español. Eso me vino a la cabeza cuando, hará cerca de un mes, leí que Japón había sido capaz de extraer el gas natural contenido en hidratos de metano en alta mar. Lo del refrán viene a cuento, porque Japón importa casi todas sus fuentes de energía primaria (en especial petróleo, gas y combustible nuclear, con una dependencia del 96%), y se ha visto obligado  renunciar a, más o menos, el 30% de su producción eléctrica de origen nuclear tras la catástrofe de Fukushima. Pues con todo eso, consiguen ser el primer país que extrae metano (o sea, gas natural) de entre las moléculas de agua congeladas en arenas del fondo del mar. “Hacer de la necesidad virtud” dicen también. Ambas visiones refraneras vendrían a significar lo relevante del logro de los japoneses: la empresa estatal nipona Japan Oil, Gas & Metals National Corporation (JOGMEC para los amigos) habría conseguido esa hazaña tecnológica en aguas profundas, y tras años de ensayos, en un país de enorme fragilidad energética en su peor momento en años. Mira por donde. Según ellos habría suficiente gas natural en la fosa de Nankai a más de 500 metros de profundidad (1.100 bcm), para cubrir hasta 11 años de sus importaciones de gas natural licuado.

¿Qué son los hidratos de metano? También llamados “hielo inflamable”, no son sino depósitos congelados de moléculas de metano (es decir el componente básico del gas natural), con pinta de nieve helada, que se encuentran principalmente en los sedimentos arenosos del fondo del mar y en el permafrost (o sea, la capa de hielo permanente que recubre el suelo en las regiones cercanas a los polos, como Groenlandia o la Antartida; casi el 24% de la superficie del Hemisferio Norte). Para entendernos, las moléculas de agua forman una trama que atrapa a los átomos de metano congelados y muy, pero que muy concentrados. Para liberar esas moléculas de gas natural hace falta reducir la presión o (es equivalente) aumentar la temperatura. Pues los japoneses perforaron un pozo horizontal en el fondo marino lleno de hidratos, y luego bombearon el agua de mar fuera. Al salir el agua -congelada a elevada presión- iba liberando los átomos de metano al bajar su presión. Es la llamada liberación con modelo despresurizado Otros métodos  a utilizar para obtener los hidratos de metano tienen bonitos nombres, como el de la estimulación térmica -inyectando vapor- o la inyección de inhibidores -como el glicol-, pero aparentemente el más sencillo sería el ya usado por los japs, aunque todos son procesos muy complejos técnicamente. Más de un año llevaban estos señores intentando esas maniobras.

Precios del gas natural segun los mercados internacionales. Mire lo que pagan unos y otros y entendera porque se va a sacar gas de donde sea

Parece que los japoneses lo han logrado, aunque luego se trata de llevar ese metano a los puntos de consumo. Nada fácil tampoco. En cualquier caso un logro técnico ¿Ha sido todo fuerza de voluntad y perseverancia? Bueno, la “motivación” japonesa la ha estimulado, sobre todo, el precio que pagan por el gas natural. El mercado mundial del gas  se divide hoy en tres grandes áreas regionales: el mercado norteamericano, el europeo y el asiático. Hasta el boom del fracking, en Estados Unidos y Canadá se compra gas natural al contado (propio y ajeno) a precios entre los 3-4 US$/MMBtu. El mercado europeo es tradicionalmente dependiente del exterior: es un importador neto de cerca de 450 bcm al año, la mayoría de Rusia, Noruega y los países MENA, con contratos a largo plazo, indexados al petróleo Brent y al dólar, y precios del orden de los 6-7 US$/MMBtu a largo plazo y 10 US$ en spot. Los asiáticos, por su parte, constituyen el mayor importador de gas natural licuado (GNL) del mundo suministrado por barcos metaneros y regasificado luego en destino (en Japón en sus 28 plantas satélite). Chinos, japoneses y coreanos tienen los yacimientos de gas demasiado lejos como para llegar con un tubo. Por ello, el transporte marítimo y proceso posterior encarece sus contratos de gas natural a un precio mucho mayor que, por ejemplo, el americano: entre 12-13 US$/MMBtu. O sea, que el japonés paga unas cuatro veces más por su consumo de 85 bcm anuales, que subieron a 100 bcm tras la catástrofe de Fukushima (España consume unos 34 bcm al año).

Con su éxito tecnológico, los japoneses habrían abierto una nueva y gran alternativa energética. Pero eso precio que los precios de la energía se mantengan suficientemente altos (cosa que parece probable). Pero de ser viable técnicamente y a costes razonables, sin duda  sería… “LA ALTERNATIVA”. Efectivamente, el aprovechamiento de los hidratos de metano se caracterizaría por su enorme cantidad y distribución generalizada. Si a finales de 2011 se contaba con unos 210.000 bcm de reservas probadas de gas natural, se calcula que los hidratos de metano podrían ser entre 1.000.000 y 5.000.000 de bcm, o sea de 5 a 20 veces más. Además, esos recursos estarían en casi todas las zonas marítimas en torno a los continentes, pero también en masas de agua a gran profundidad, como el Mar Caspio o el Lago Baikal. Eso sin olvidar el permafrost. No es de extrañar que Estados Unidos, Japón, India, Corea (del Sur) y otros estados del Pacífico tengan Planes para la evaluación del potencial de los hidratos de metano de sus margenes continentales. Por ejemplo, los americanos han dotado una línea de financiación de casi 6 millones de dólares para estudiar sus yacimientos de hidratos metano. Igual, motivados también así, parece que habrían conseguido sacar gas natural de los hidratos de metano del permafrost de Alaska. Más madera.

Las reservas de hidratos de metano. Ademas de que casi todos las tienen, son enormes. Como lo de los japoneses funcione, ya vera..

¿Es esta la antesala de una nueva era energética? Podría ser. La variable clave en las decisiones energéticas ha dejado de ser el precio. Hoy lo importante es la seguridad de suministro. Se trata de disponer del recurso energético, y mejor propio, al precio que sea. Es lo que tiene esta época de competencia feroz entre países. Eso reordena la tradicional triada energética entre suministro/calidad, precio/competitividad y impacto/medio ambiente, justo en ese orden. Si no lo cree, busque lo que queda del Protocolo de Kioto. Buenas voluntades y poco más. Los americanos nos indicaron el camino a seguir con el fracking, y los canadienses con las arenas asfálticas: los precios altos del crudo hacen viables otros hidrocarburos menos maduros, y el coste ambiental resulta secundario. Sin embargo, no hay que olvidar que esos aprovechamientos son siempre cambios de formato energéticos (ya sabe: “la energía sólo se transforma“). Acceder a recursos menos concentrados e inmaduros (más profundos, menos densos) tiene un progresivo coste energético. Incluso llegando al absurdo de utilizar más energía en convertir un formato (por ejemplo, sacar los hidratos) que la que proporcionaría ese nuevo formato (el gas natural). Es lo que calcula la tasa de retorno energética. Sin embargo, todo eso parece secundario cuando se calcula al efecto económico que tiene una nueva inversión (por ejemplo, un parque eólico) respecto de utilizar viejas centrales térmicas amortizadas.

El gas natural es el mejor paradigma del modelo energético que nos espera. Hemos pasado del gas convencional (gas ligero asociado a yacimientos de petróleo) al gas no convencial (el shale gas almacenado entre rocas sedimentarias) y, es muy probable que en algunos años lleguen los hidratos de metano. Eso sí: la nueva panacea energética también tiene sus riesgos. Los hidratos de metano pueden producir cambios en la geología, variando la topografía de los fondos marinos. Sin olvidar que el metano es un potente gas de efecto invernadero: perforar en una formación de hidratos puede producir la liberación de metano (aunque es menos probable que con el fracking). Eso si el deshielo del permafrost, resultado del cambio climático, no los libera antes… Cruel trade-off… pero es el signo de los tiempos. Ya verá, ya, en pocos años a los vascos sacar su gas de fracking. Este modelo de extraer hidrocarburos cada vez más inmaduros, cada vez más dificiles y costosos, parece ser nuestra apuesta energética global. Y, una vez más, sus riesgos, sus potenciales daños para el medio ambiente parecen secundarios. Porque ese, es un coste que somos incapaces de internalizar, o del que simplemente nos olvidamos. Pues ya nos acordaremos de él. No se preocupe.

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Franciscus

La revista argentina CARAS lo tiene claro. A Bergoglio lo eligio Dios por ser argentino. Esperemos que no hable de MaradonaJorge Mario Bergoglio ha sido elegido como nueva cabeza de la iglesia Católica. Tras dos días de cónclave y en la quinta votación, este argentino de 76 años -hasta la fecha arzobispo de Buenos Aires- fue elegido como sucesor de Benedicto XVI.  En Buenos Aires (donde vivo desde hace meses, a caballo entre Barcelona y allí) están chochos con su Papa, y lo viven entre el fanatismo y la ironía. Este país en muchas cosas es así. Políticos y sindicatos se disputan ya su imagen de cara a las legislativas de este octubre. Es el primer papa latinoamericano y el primer jesuita tras 265 papas. Ha decidido asumir el nombre de Francisco. Franciscus en latín. Francis en inglés. Francesc en catalán. También  es el primero que se llama así, aunque no hay que añadir el número si eres el primero.  ¿Y el nombre?  igual por San Francisco de Asís, o igual por San Francisco Javier, fundador de la Compañía de Jesús. Uno es símbolo de la pobreza; el otro símbolo de la evangelización. No es menor… Pero sí es cierto que –al menos por sus primeros gestos- parece haber tomado la austeridad y la modestia como señas de su papado; y esto último tiene mucho mérito cuando has nacido en la Argentina (que me disculpen la broma mis vecinos).

Estén atentos a sus gestos. Francisco en el autobús (¿en el bondi que va a Flores?). Francisco que no se pone la muceta roja papal. Francisco que besa a CFK. Francisco que se hace llamar “Obispo de Roma” y no “Papa”. Francisco el despojado de cruces de oro. Francisco que no va en el papamóvil. Francisco que se baja de su auto para bendecir a un discapacitado. Francisco que renuncia a vivir en el Palacio Papal. Esos son los gestos de Francisco, el imprevisible. Gestos. Gestos. Gestos. Aunque le busquen fotos con los dictadores argentinos de los 70-80, hoy procesados, lo primero que se menciona es su humildad y trato accesible. Ponéle. Un tipo tan bien informado en cosas tanas como Enric Juliana cuenta en “La Vanguardia” de Barcelona que Francisco acudió, a los pocos días de ser elegido, al Palacio Apostólico para supervisar en persona los textos de su ceremonia de nombramiento, y vio que las luces estaban encendidas, aunque entraba suficiente luz natural como para trabajar. Pues él mismo las apagó, y reprendió a los funcionarios: “recuerden que hay muchos sacerdotes que no llegan a final de mes y que tienen dificultades para pagar la factura de la luz”, cuenta Juliana que les dijo el nuevo Papa. Más gestos. ¿Sólo gestos? ¿Tantos gestos anuncian el cambio?

Cuando le saque la foto el otro dia en Viamonte con 25 de mayo, en Capital Federal, también flipe..

Puede. Y puede que muchos de esos 1.200 millones de católicos esperen ese cambio. Quizá esa revolución “tranquila“ que demanda Walter Kasper. Esa reforma que Joseph Ratzinger no fue capaz de desarrollar hasta que se cansó y se fue, rompiendo una tradición de 600 años. Igual ese gesto del alemán, casi inédito, fue el inicio del cambio. Y se precisarán muchos cambios (no sólo gestos) para actualizar un catolicismo estancado, que no ha variado su porcentaje en el último siglo (esos 1.200 millones de fieles siguen siendo el 17% del total mundial, igual que en 1910). En un entorno caracterizado para los católicos por el avance de los movimientos pentecostales o evangelistas, el peso del catolicismo más radical en el Viejo Continente, los casos de corrupción (como el conocido como Vatileaks o los problemas del IOR, o sea la banca vaticana), los conflictos doctrinales (con muchas interpretaciones de la eucaristía), los múltiples escándalos de pederastia (sin comentarios), o el desacople general con la actual sociedad europea (más allá de las periódicas demostraciones de fuerza de la Jornada Mundial de la Juventud, en 2013 en Río). Dejando claro que la interpretación de todo lo anterior es libre, parecen ser más problemas de relación de los creyentes con su institución, que de existencia o no de fe. Pero existe también otro tema, de gran importancia, sobre el que la Iglesia Católica ha pasado muchas veces de puntillas: se trata de la problemática del medio ambiente (en general) y del cambio climático (en particular).

Baste recordar que el Vaticano sigue siendo un estado observador dentro del (extinto) Protocolo de Kyoto, sin mucho interés en el tema (hasta 2011) y al que no aplicaron nunca los compromisos de lucha contra el cambio climático; igual que Andorra (aquí tiene la lista). Aunque el 29 de noviembre de 1979, el papa Juan Pablo II nombró a San Francisco de Asís (¡atención!) como “celestial patrono de los ecologistas“; y ese Santo consideraba a la tierra como “hermana tierra” y al agua y al viento como “hermanos” (ahí está su Cántico del Hermano Sol del Siglo XII). Hay poquísimas referencias de Wojtyla en sus encíclicas, discursos o iniciativas. Ni siquiera en la esperable “Veritatis Splendor” de 1993. Sí hay algunos mensajes citados en algunas de las Jornadas Mundiales de la Paz, pero son muy pobres. Wojtyla decía en 1990 “la paz mundial está amenazada también por la falta del debido respeto a la naturaleza“. Benedicto XVI obvió también bastante el tema. Un par de párrafos en la encíclica “Caritas in veritate” de 2009 muy, pero que muy ambiguos: “el creyente reconoce en la naturaleza el maravilloso resultado de la intervención creadora de Dios, que el hombre puede utilizar responsablemente para satisfacer sus legítimas necesidades —materiales e inmateriales— respetando el equilibrio inherente a la creación misma” y ninguna mención en las de 2005 “Deus Caritas Est” y 2007 “Spe Salvi“. No hay muchas más menciones ni, menos aún, iniciativas.

La famosa ya imagen del PApa bajando del auto para bendecir y besar a un discapacitado. Crea o no (yo no). Es imposible no emocionarse con la cara de alegria del tipo

Es probable que la actual concepción católica del medio ambiente siga aún lastrada por los mensajes del propio Concilio Vaticano II: “Dios ha destinado la tierra y todo cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos“. Es un mensaje suficientemente ambiguo como para alinearse con los tradicionales pasajes del Génesis al respecto: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra (1:28) Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer (1:29)“. Es el tradicional enfoque de Rey de la Creación (“señoread“, dice), que impregna los textos sagrados, al margen de cuatro ideas sobre la bondad de la creación en los Evangelios y alguna otra en el Libro de Salomón. El peso de la tradicional pirámide jerárquica de la Iglesia Católica Dios-Papa-Obispos-Presbíteros-Fieles, es muy elevado, y su esquema top-down dificulta no entender la Creación como algo al servicio del hombre. No es muy diferente que la concepción tradicional de la biología que establece para los primates (que viene de primus), y en especial para el Homo Sapiens Sapiens, la cúspide y dominio de la pirámide de la vida. Por todo ello tiene lógica que la Creación (divina o no) se entienda de forma natural (y errónea, claro) como un conjunto de “recursos” naturales (animales, vegerales y minerales), en el sentido más económico del término, para utilizarse a voluntad. Concepción tan lógica como inválida en un mundo de siete mil millones de almas.

Francisco en la Primera Misa de su Pontificado hace unas semanas incluyó unas frases que, confieso, me han hecho pensar si este Papa de gestos, va a serlo también de acciones. Hablo de “custodiar“, como “guardar a los demás, salvaguardar la creación” en “una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación [...] es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos“. Y añadió “seamos ‘custodios’ de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro“. Caramba. Menciona la palabra “Medio Ambiente” como clave en el concepto de custodia de la creación. El primer discurso. ¿Será un cambio hacia una actitud más clara sobre el tema ambiental? Este nuevo Francisco, que como el otro Franciscus (el de Asís) parece que viene a despojarse de todo, tendrá difícil cuajar ese mensaje de cambio de sociedad sin dar un rol central en esa transformación a la relación de los hombres con el Medio Ambiente. Es probable que la gran esperanza que para el catolicismo(y la humanidad en su conjunto) representa Francisco lo sea por ser un papa más humano. Y es que, en el fondo, eso es lo que necesita esa Iglesia hoy: humanizarse. Y de paso, además de a los católicos, que eso nos ayude a todos un poco.Dots

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Miedo al verdadero enemigo

El Almirante Locklear que parece que escucha más de lo que parece

Hace poco se nombró al nuevo jefe del Mando Militar Norteamericano en el Pacífico. Se trata del Almirante de la US Navy Samuel J. Locklear III (el de la foto). Será el responsable de todas las operaciones militares de Estados Unidos en la zona. Menuda papeleta tiene por delante. Imagínese: Corea del Norte lanzando misiles y advirtiendo (al que le quiera escuchar) que es una potencia nuclear; China y Japón enfrascados en una disputa por las islas Senkaku o Diaoyu (según sea usted japonés o chino, como lo de las Malvinas/Falkland según sea argentino o inglés) que si bien parece que no valen un pimiento, podrían tener gas (y eso sí que vale mucho); piratas del siglo XXI que atacan (y encarecen) el tránsito de mercantes y petroleros a través del estrecho de Malacca; hackers chinos que se meten en todas partes, mientras su gobierno aumenta su arsenal de misiles… Pero este almirante con tremenda cara de almirante, no parece tan preocupado por todas esas cuestiones como por otra, que sí entiende puede ser la mayor amenaza a largo plazo para la paz en Asia oriental y el Pacífico: el cambio climático.

El almirante Samuel J Locklear III no tiene precisamente pinta de hippie ni de pacifista. De hecho, fue el responsable de la parte marítima que desarrolló la OTAN en 2011 durante su intervención militar en la guerra civil de los rebeldes libios contra el dictador Muamar al Gaddafi. Pero para Locklear, las consecuencias del calentamiento del planeta es probable que puedan “paralizar el entorno de seguridad“. Y (confieso que me gustan ese tipo de argumentos) no habla del futuro, ni del planeta de nuestros hijos, ni utiliza expresiones políticamente correctas, sino que plantea riesgos tangibles. Para Locklear son riesgos “no muy lejanos”, como el de las poblaciones desplazadas por el aumento del nivel del mar (“no soy un científico, pero en la isla de Tarawa en Kiribati, están considerando mover a toda su población a otro país porque (la isla) no va a existir nunca másle dijo al Boston Globe hace pocos días). Locklear no olvida que el 80% de la población mundial vive a menos de 150 kilómetros de las costas. Tampoco tiene duda en el cambio de los patrones climáticos, cada vez más graves, con “27 o 28 super tifones este año en el Pacífico occidental, cuando el promedio es de unos –aproximadamente- 17“.

El mapa de las posibles zonas de gran afectacion climatica de la UNEP de 2005. Observe que la mayor area de afectacion es Asia Pacifico

Así que la mayor amenaza para la US Navy en la región del Pacífico parece que no es militar… Quién lo iba a decir. Y eso a pesar de las provocaciones de la Corea del Norte nuclear o la acumulación de misiles chinos. Porque esas dos movidas han sido contestadas con el endurecimiento de todas las naciones asiáticas que se sienten amenazadas por esas dos grandes potencias militares regionales. Será que el ejercito tiene que atender los efectos de los cada vez más frecuentes fenómenos meteorológicos destructivos sobre la población, a medida que se acelera los cambios climáticos de la Tierra. Y casi da igual que se trate de un tifón en Filipinas, un huracán en Birmania o un terremoto en Indonesia (aunque eso no tenga mucho que ver con el clima)… El cambio climático (y sobre todo  sus efectos) podría ejercer una enorme presión operativa en las fuerzas militares estadounidenses en el Pacífico. Y eso que (dice Locklear) estamos en una periodo de “relativa paz“. El cambio climático puede ser determinante en las próximas décadas en esa región (Asia-Pacífico), dónde se producirá más de la mitad del comercio mundial. Suficiente para modificar la estrategia de defensa norteamericana, tras más de diez años de foco en Oriente Medio, y pasar a centrarse en una región con crecientes poderes militares y económicos, (como los de China y la India), y donde se halla una relevante proporción de las relaciones comerciales con Estados Unidos.

Pero la agenda mundial es la que es. Tampoco nos confundamos… Si Corea del Norte decide un ataque nuclear contra Corea del Sur esta semana, o si China y Japón entran en guerra por las islas Senkaku/Diaoyu, nadie se acordará demasiado del cambio climático… (lo que a tenor de la última COP de Doha parece evidente, como ya se contó en su día en este post). Pero sin duda, las consecuencias a largo plazo del cambio climático en el Pacífico parecen evidentes. ¿Tiene razón Locklear? ¿Es un iluminado? ¿Le quiere caer bien a Obama? O en otros términos: ¿entienden los Gobiernos que el cambio climático es una amenaza para su seguridad nacional? Locklear parece ser una excepción. La CIA cerró el año pasado su oficina destinada a estudiar el cambio climático desde 2009, cuando los republicanos argumentaron que “distraía” sobre amenazas más inmediatas. Igual es que Locklear es un militar que no atiende al origen si determina el riesgo de una amenaza… O al menos eso pueden ser los “refugiados climáticos”. The Guardian hablaba de hasta 150 millones de posibles refugiados en 2050. Si considera que el número de personas que hoy vive fuera de su país en el mundo es de 214 millones de personas, pueda tomar idea de la magnitud del fenómeno.

Los efectos del cambio climatico a escala global. No es una sola dimension. Amplifica y realimenta todas las otras amenazas

Que el mundo ha cambiado es evidente. Un conflicto armado bélico a escala mundial no es de esperar. Es muy caro. Hay muchas formas de conflicto sin armas, más baratas e igual de perniciosas contra la seguridad de los Estados. La entrada masiva, digamos desde el año 2001, en el tablero mundial de los llamados “nuevos actores no estatales” (como, por ejemplo, los talibanes afganos, Al Qaeda, las triadas chinas o los narcotraficantes mejicanos, ya sean terroristas o delincuentes), deslocalizados, de carácter transnacional, y sin estructuras piramidales clásicas, modificaron la sensación de amenaza. Piense que sólo el lavado de capitales es del orden del 5% del PIB mundial según el FMI; eso es un poder es enorme. Con ellos la seguridad de los Estados dejaba de centrarse sólo en los posibles conflictos tradicionales. Existen y existirán, sin duda, conflictos militares entre Estados, pero serán muy previsiblemente a pequeña escala. El escenario es multipolar (piense en Estados Unidos, pero también en China, India, Rusia, Irán…) y marcadamente inestable. Los Estados (al menos los democráticos) hoy son más débiles que antes. Endeudados (al menos los de la OCDE, con contadas excepciones), son cada vez más dependientes de sus respectivas sociedades y menos libres para actuar como les dé la gana. No hay que engañarse tampoco: los Estados siguen siendo los actores centrales del escenario geopolítico y no parece sencillo articular mecanismos de gobernanza global (¿realmente alguien hace caso de las Naciones Unidas?).

Pues igual que ha cambiado el concepto de conflicto armado, ha cambiado también la concepción de seguridad. Para la sociedad internacional, la seguridad ya no sólo se compone de dimensiones militares, sino también de otras dimensiones. Seguridad política (las elecciones en un país alteran el entorno), seguridad económica (piense en las subprime), seguridad científico-técnica (virus de todo tipo, informáticos o no), seguridad informativa (como Wikileaks), seguridad energética (con Obama centrado en resolver su dependencia energética), seguridad social (crisis humanitarias o de derechos humanos, como las que generaron las violaciones en India) y, por supuesto, la seguridad ecológica. Las dinámicas de interdependencia, transnacionalización y globalización, generadas una vez cayó el muro de Berlin en 1989, han hecho también globales y comunes amenazas que hasta ahora eran sólo locales. Todos esos elementos implican superar el tradicional concepto de la seguridad nacional, aunque lo vuelven cada vez más humano con esas nuevas dimensiones. Pero existe una amenaza muy especial en la ecológica. Porque el cambio climático resulta, en realidad, un multiplicador de amenazas: puede generar graves crisis humanitarias, guerras por recursos, daños a las ciudades costeras, pérdidas de territorios, conflictos en fronteras,… Luchar contra el cambio climático es hacerlo contra el verdadero enemigo. Y Locklear parece que sabe contra quién pelear.

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¿Es posible el crecimiento económico sin impactos?

¿Es posible reducir los impactos a 0? Elkington cree que si. Pero tienes que se un Zeronauta

Una de las Big 4 (las cuatro grandes auditoras: Deloitte, KPMG, Ernst & Young y PwC) está convencida de que es posible crear un modelo económico “que permita a 9-10 mil millones de personas vivir en bienestar y armonía con la naturaleza“. De entrada, uno podría pensar que en el equipo de Deloitte (los autores) empezaron a reclutar perfiles  ”flower power“. No parece el caso. Esas ideas, y otras muchas interesantes, están en un informe de mitad-final de 2012 titulado “Towards Zero Impact Growth“. El report, realizado por su oficina de Holanda, estudia las estrategias de crecimiento e impacto de 65 grandes multinacionales, de 10 sectores industriales diferentes. Han habido otros informes comparativos, con indicadores e indices de sostenibilidad empresarial, y chorradas similares. Pero lo distintivo de éste sería que Deloitte ha contado con la ayuda y participación externa de John Elkington para elaborarlo. Señoras y señores… ¡en pie! Este tipo es el que se inventó el concepto de sostenibilidad aplicada a la gestión empresarial como lo conocemos modernamente.

Elkington, un calvo desgarbado de sarcasmo demoledor, es el tipo que ha desarrollado el concepto 3P, TBL, 3BL,”tripple bottom line“, “three pillars” o “people, planet, profit“. Igual lo conoce como “triple dividendo” o “gente, planeta, beneficio“. Esa visión del management intenta conjugar el respeto ambiental, la justicia social y el beneficio empresarial. Allá por 1997, Elkington escribió el rompedor “Cannibals with forks“.  El título (genial) aprovechaba un aforismo del poeta judío Stanislaw Lec: “Is it a progress if a cannibal is using knife and fork?“. Está claro que civilizar la barbarie cosméticamente no es progresar… Elkington cuestionaba la sostenibilidad del capitalismo desde los límites y debilidades del mercado, y llegaba a la conclusión que debían establecerse cambios en la gobernanza global y, a la vez, en las metodologías empresariales. Para ello proponía una triple contabilidad social, económica y ambiental para conseguirlo. Aunque algunos encuentran por primera vez ese concepto ya en un documento de 1981 de un tal Freer Spreckley (un teórico de la empresa social) llamado “A Management Tool for Co-operative Working“, Elkington fue quién -sin duda- vertebró, dotó de contenido y, sobre todo, popularizó la idea de recoger el vector empresarial completo en esas tres dimensiones o tres P’s.

La clasificacion de Deloitte de las empreas sostenibles. Buenas de verdad solo 6.

Volvamos al informe de Deloitte. Sobre esa deseada “economía verde e inclusiva” sólo seis de las empresas -Puma, Nike, Nestlé, Unilever, Natura y Ricoh- segmentadas como “Ecosystem” habrían “alcanzado un nivel en el que están dispuestos a tomar medidas radicales para transformar sus industrias“. Para Deloitte (y Elkington, se entiende…) la mayoría de las empresas “siguen siendo perezosas en su ambición de crecimiento estratégico, en un mundo donde el crecimiento por sí mismo es no es una opción más”.  El informe señala cuatro lagunas que disminuyen la capacidad de las empresas para avanzar en su camino hacia la sostenibilidad (no sólo ambiental, sino económica y social; recuerde: 3P):

  • Comparabilidad - no hay criterios o definiciones uniformes que sean utilizadas por las diferentes empresas para explicar sus esfuerzos de sostenibilidad.
  • Implementación - existen muchas diferencias con respecto a la efectividad con que las empresas han implementado sus estrategias de sostenibilidad.
  • Brecha de Balance - existen muchos más objetivos ambientales implementados que sociales en las estartegias de empresa; eso sería así al ser más fácil monetizar actuaciones sobre el ambiente que sociales. Son más fáciles y de mayor incentivo.
  • Las brechas “en y entre” industrias - aunque se investigó en “empresas líderes” (o sea grandes multinacionales de información disponible), existen diferencias considerables entre ellas e, incluso, dentro del mismo sector industrial.

Es decir, que no hay estrategias comunes ni tampoco patrones. Pero Deloitte añade algo muy interesante: “Algunas de esas industrias verán las mayores pérdidas de EBITDA al internalizar los costes externos adicionales“. En otras palabras, no sólo se trata de actuar, sino que sale mejor actuar contra aquello por lo que te multan (polución, residuos, discriminación, etc.) antes que seguir pagando tus efectos. De todas formas, (esta es la situación) el informe plantea más preguntas que respuestas. Claramente, no se ha llegado a un punto donde pueda existir una “hoja de ruta” para el crecimiento con “Impacto Cero”. Así que Deloitte, al respecto, detecta una serie de “cuestiones clave” (esas cosas que tanto les gustan a los consultores):

  • Intención: Las empresas deben reflexionar sobre la finalidad social de su existencia más allá de una simple licencia operativa. ”En una economía una-Tierra, todos deben tener la intención de devolver, al menos, lo mismo que toman del planeta y la sociedad, e incluso más en el futuro“.
  • Ambición: Crecimiento con Cero Impacto sólo es viable si existe una comprensión clara acerca de que se requiere en cada cindustria. ”Las empresas deben tener su hoja de ruta para lograr el crecimiento de Impacto Cero, con la definición de sus objetivos a largo plazo, timelines y planes para llegar allí“.
  • Conclusión: Una economía de crecimiento sin impactos no puede separar beneficio del resto: la monetización de los servicios de los ecosistemas es una tendencia que se consolida (eso es puto Elkington 3P). Por ello, debería avanzarse en la internalización de todos los posibles efectos externos en las cuentas de pérdidas y ganancias de las empresas, aunque otras formulas podrían ser válidas. Monetizar lo monetizable.
  • El progreso y el éxito: En el mundo de crecimientos sin impactos se puede avanzar sólo en los ciclos globales de valor: “economía circular y tolerancia cero hacia la injusticia social“. Para ello, dicen “Una nueva definición de éxito sería necesaria” más allá del “actual pensamiento en que el éxito financiero es unidimensional” (más 3P) y donde el éxito de una empresa sólo “se suma al éxito de los demás”.
  • Eficacia: Hasta el momento, no podemos medir si todo lo que ha logrado en las diferentes industrias es significativo. ”Lo único que podemos decir hasta ahora es que nos convertimos en algo ‘menos malo’. Así que la cuestión del crecimiento Impacto Cero intenta responder es: ¿qué es ‘suficiente’?
  • Roles y responsabilidades: la idea del crecimiento sin impactos obliga a redefinir los roles y responsabilidades de ciertas industrias, valorando la realidad “una industria que tuviese un EBITDA negativo si todos los efectos externos que causan se internalizasen, debería reducir su huella ecológica directa“. No nos engañemos, vaya.

John Elkington haciendo payasadas. Que cachondo el tio

Esta claro que en esta visión Elkington ha influido mucho al proponer los conceptos base de intersección ente negocios y sostenibilidad. De hecho, el informe de Deloitte y John Elkington, fue casi simultáneo a la reciente publicación del último libro de éste: “The Zeronauts“. Con ese curioso título, Elkington habla de una nueva hornada de emprendedores de negocios, de universidades e, incluso, gobiernos que apuestan por ideas nuevas que podrían redireccionar el capitalismo, combatir el cambio climático, luchar contra la pobreza y reducir la emisión de sustancias tóxicas e impactos sobre el medio ambiente. Con el símil de la barrera del sonido que se rompió en los años 50, Elkington, entiende que hay algunos que se están esforzando al máximo, y a toda velocidad, para romper otra barrera: la de la sostenibilidad. A esos agentes les llama “Zeronauts”, y los define como (traduzco):

Zeronaut1. Un inventor, innovador, emprendedor, intrapreneur, inversionista, administrador o educador que promueve la creación de riqueza durante la conducción adversos impactos ambientales, sociales y económicos a cero;  2. Alguien que busca, investiga y desarrolla innovación disruptiva, la reducción de la huella de las soluciones para las crecientes tensiones entre la demografía, los estilos de vida consumistas y la sostenibilidad; 3. Líder político o autoridad normativa que ayuda a crear los marcos regulatorios e incentivos necesarios para impulsar soluciones globales “un-planeta” a escala local.

Al margen de esa figura, tan irreal como virtuosa, Elkington afirma en su libro que el status quo del capitalismo carece de imaginación y ambición a partes iguales. ¿Cuándo la simple búsqueda del beneficio puede ser suficiente dentro del sistema capitalista como elemento de cambio? Elkington habla de “fallo del diseño del capitalismo“. La idea del capitalismo es sencilla: es un sistema donde los cambios los establecen la existencia de incentivos, a menudo mediante señales de precio (bueno, y la propiedad privada y todo eso, también). Como los agentes capitalistas no habrían incorporado a esas señales de precio todos los incentivos posibles (ambientales y sociales) habla de “fallo“. Elkington cree que no, sino que se trata de un problema de “mentalidades, comportamientos vinculados, culturas, fórmulas económicas, empresariales, modelos y tecnologías“. Para el amigo John, es preciso integrar otras iniciativas y que el capitalismo integre como elementos válidos y generadores de incentivos, problemas tales como erradicar las sustancias tóxicas, luchar contra el cambio climático o intentar erradicar la pobreza.

Pero, vayamos a la realidad… ¿Es posible descarbonizar la economía con esas políticas? ¿Convencerán los Zeronautas a China para deje de usar tanto carbón? ¿Y a USA para que se adhiera y comprometa en la lucha global contra al Cambio Climático? No creo, o al menos estoy seguro que eso no va a ocurrir a corto plazo. Sería un wishful thinking, más bien… Nadie objetivo duda de que el capitalismo y la economía de mercado determinan un sistema económico que genera excesivas desigualdades sociales (y, además, impactos ambientales porque las señales las da el precio). Pero, a la vez, tampoco nadie objetivo puede proponer un sistema alternativo mejor que éste en cuando a proporcionar aumentos y mejor distribución del bienestar social. El Siglo XX ha sido lo que ha sido, y el petróleo barato ha sido imprescindible; pero, que se sepa, los sistemas alternativos no han funcionado, lo que no implica que no podamos pensar en otros nuevos. Esta vez, en esta crisis brutal, para mí no ha sido tanto el sistema, como los jugadores en el terreno de juego. A los que, además de jugar mal, les importaba una mierda el deporte. Y está claro que ganar el partido de la sostenibilidad se precisa de elementos como los que detectan Deloitte y Elkington. Empresas claras, éticas, transparentes a partir de personas claras, éticas y transparentes. Porque, amigos míos, este planeta no es una economía, tenga crecimiento con impactos ceros o no. Esto es un gran compromiso social y ambiental.

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El enigma de la muerte masiva de las abejas

%22El Incidente%22 empezaba con la muerte de las abejas. Luego los arboles emitian una toxina que hacia suicidarse a la gente. Estamos avisados

Si las abejas desapareciesen de la faz de la Tierra, a los hombres sólo les quedarían cuatro años de vida“. Esta cita que se atribuye a Albert Einstein, y que suena a maldición apocalíptica, podría convertirse en realidad. Al menos en lo referente la desaparición de las abejas… Porque en los últimos años se ha visto reducir de forma preocupante su población (por ejemplo, en Estados Unidos ha caído un 25% desde los años 90). Esa cita (parece que falsamente) atribuida a Einstein muestra el más que importante rol de las abejas para la vida humana. Y es que estos insectos voladores (que a mí me producen pánico) son unos de los llamados polinizadores del ecosistema mundial. En 1996 precisamente, los científicos Stephen Buchmann y Gary Paul Nabhan escribían el que fue casi un clásico instantáneo y referente del tema: “The Forgotten Pollinators“. Con ejemplos de las Islas Galápagos, de las selvas de Panamá o de la jungla malaya nos contaban (y demostraban) la importancia de insectos y pájaros en la polinización, (o incluso la de los murciélagos)  y sobre cómo la vida humana podía quedar gravemente afectada de modificarse esa relación.

¿Realmente es tan importante el rol de los polinizadores? Sin duda. El primer problema que representa la muerte de insectos es la pérdida de biodiversidad. El segundo es la estabilidad en las cosechas de alimentos, lo que -por si alguien duda de la importancia del primer problema- es mucho dinero. Gallai, Salles, Settee y Vaiselle en 2009 evaluaban el efecto económico de los polinizadores en más de 153.000 millones de dólares al año, lo que era equivalente al 9.3% de la producción agrícola mundial. Cerca del 80% de la dieta humana se produce (de forma directa o indirecta) a partir de 100 especies de frutas y semillas que han precisado de polinizadores. Y si ahora piensa que Naciones Unidas señala que las colonias de abejas en Estados Unidos han disminuido un 30%, y que en algunos países europeos se ha perdido el 20% de esta población, puede tomar idea de la magnitud. The Guardian” comentaba fenómenos parecidos ocurridos en Gran Bretaña desde 2010. ¿Pero a qué se debe esa desaparición de abejas? Muchos hablan de enigma o causas desconocidas (el tema tiene un cierto aire de misterio, la verdad), y se han barajado  diferentes. Incluso la (al menos para mí) fantástica película “El Incidente” de M. Night Shyamalan empezaba con la (presunta) cita de Einstein en un pizarrón.

Segun Naciones Unidas, la contribución de los polinizadores a cultivos usados directamente para la alimentación es de 153.000 millones de dolares. Una pasta gansa.

Ahora, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)  determina hasta 12 factores diferentes: la degradación de los hábitats naturales, que conllevan la pérdida de especies de plantas con flores, alimento para abejas (desde 1980 descendió el 70% por ciento en las principales flores silvestres); la presencia de algunos parásitos en las abejas (como el ácaro Varroa, que se alimenta de sus fluidos, o el escarabajo de las colmenas endémico del África subsahariana, que se ha extendido a América del Norte y Australia, y que “ahora se prevé que llegará a Europa“); la competencia por las “especies exóticas” (como la abeja africanizada en EE.UU. o la avispa asiática que se come a las abejas de miel europeas); la contaminación del aire que puede interferir con la capacidad de las abejas para encontrar plantas con flores (aromas que llegaban a 800 metros en el siglo XIX, ahora llegan a menos de 200 metros de una planta); los campos electromagnéticos (que podrían estar cambiando comportamiento de las abejas, pues tienen pequeños cristales de plomo en sus abdominales); los herbicidas y pesticidas (este era de esperar); el manejo industrial de las colmenas (que para mejorar márgenes reutilizan equipos y alimentos de colonias muertas); o, incluso, el transporte de abejas por carretera de empresas que ofrece servicios de polinización y que extienden a los parásitos…

En cualquier caso, esta no es la primera vez que se producen extinciones masivas de abejas. La primera pérdida inexplicable registrada fue en EE.UU. hace 150 años y, desde entonces, han desaparecido un diferentes intervalos en Norteamérica, Europa y Australia. En aquel momento, como ahora, los sospechosos principales fueron las deficiencias en la dieta de las abejas, la contaminación, las plagas, los parásitos o la mala gestión de los apicultores, pero el asesino nunca fue identificado. ¿Pesticidas, parásitos, plagas, virus? Será la suma de todos. Multiples elementos de complicada interrelación, pero sin un único culpable. Bueno, a excepción de los humanos. En Italia, Eslovenia y Alemania recientemente se han prohibido los plaguicidas neonicotinoides (que son neuroactivos, o sea que les funden el cerebro a los bichos), como el superventas  Imidacloprid, de Bayer CropScience (800 millones de euros al año).

Las manifestaciones de París para protestar contra los efectos del %22Gaucho%22 en las abejas. Liberté y Fraternité a tope

En 1999, el gobierno francés ya lo había prohibido (allí era más conocido por su nombre comercial “Gaucho“) en los cultivos de girasol, después de que en el 2000 cientos de personas salieron a las calles , en su mayoría relacionados con el sector de la apicultura para protestar (algo muy francés, sin duda). Luego, en 2004 se prohibió en los cultivos de maíz. Aunque las pruebas realizadas por los propios los fabricantes demostraban que no había correlación, y que la agencia francesa de seguridad alimentaria AFSSA no reveló diferencias significativas en las tasas de mortalidad antes y después de que los plaguicidas fuesen prohibidos, se prohibieron. Science, recientemente indicaba lo contrario. Lo dicho: la muerte de las abejas la produce una suma de elementos que se realimentan entre ellos, con un resultado catastrófico.

Ahí estan las abejas, libando nectar de la flor y polinizando con el culete

Pero la respuesta – en el fondo- se encuentra en la aplicación de métodos de la industria en la gestión agrícola de la polinización y la intensificación en la producción de alimentos. Eso junto con varios factores ambientales, que también son la otra cara de la polinización a escala industrial y la intensificación de la producción de alimentos. Demasiada tensión en los ecosistemas. La muerte masiva de abejas, en realidad, sería una especie de barómetro que mostraría lo que le estamos haciendo al medio ambiente. Vendrían a ser algo parecido a aquellos canarios en jaulas que se bajaban a las minas de carbón a principios de siglo. Si los pajaritos cantaban, no había ningún problema. Los mineros podían trabajar -sin mayor tensión de la normal de estar en una mina- mientras le escuchaban. Pero si el canario dejaba de cantar, muerto, los mineros salían del agujero por patas, señal clara de la presencia de metano o monóxido de carbono. Así como los animales se comportan extrañamente antes de un terremoto o un huracán, acurrucados en la esquina de una habitación, todas esas colmenas vacías y silenciosas son un presagio de una inminente crisis ecológica. Porque al margen de todas esas posibles causas, en su informe, la UNEP realizaba una declaración demoledora, que igual es la auténtica y única respuesta al enigma: “Human beings have fabricated the illusion that in the 21st Century they have the technological progress to be independent of nature“. El rey de la creación, ya sabe. Y así nos va.

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El ADN de los oligopolios energéticos españoles o porqué nunca bajan las tarifas

Oligopoly. El juego ese de ir haciendose más grande y los otros mas pequeños

España, 1996. Aznar arrasa en las elecciones generales, y pone fin a trece años de gobierno del Partido Socialista. Un economista con un MBA en Berkeley se hace cargo del área económica del Gobierno. Se llama Rodrigo Rato y le obsesiona no poder cumplir con los compromisos del Tratado de Maastricht. Está en juego entrar en la Unión Monetaria, pero el país está hecho mierda: 3,5 millones de desempleados, casi un 5% de déficit presupuestario y una deuda de 60 billones de pesetas (unos 360.000 millones de euros;). Además, el clima derivado de los escándalos de corrupción del final de la época del PSOE no ayuda a la calma entre los agentes sociales y ciudadanos. Rato decide seguir -más o menos- las políticas que ha impulsado años atrás Pedro Solbes, aunque con reformas: recorte presupuestario, congelación de salario de los funcionarios y reducción de inversiones. Pero se debe demasiado dinero y la única opción es privatizar las numerosas empresas públicas españolas como solución rápida y, así, enjugar el déficit. Y es que las cinco “joyas de la corona” propiedad del Estado (Endesa, Tabacalera, Telefónica, Repsol y Argentaria) tienen un valor de casi siete billones de pesetas (42.000 millones de euros).

Y así fue que, a través de la SEPI, empezó la reconversión de la gran industria pública española y, en especial, del sector de las industrias de red, o public utilities españolas (bueno, y el resto…) y en especial de las energéticas. Para privatizarlas se colocó a gente de confianza del gobierno en estas empresas. La idea era seguir influyendo en ellas una vez privadas. Así que se colocó a Juan Villalonga en Telefónica que la privatizó en 1997, Alfonso Cortina en Repsol privatizada a inicios de 1997, Rodolfo Martín Villa en Endesa privatizada en 1997, Cesar Alierta en Tabacalera privatizada en 1998. (ahora se llama Altadis), Francisco González en Argentaria en 1997, Pedro Ferreras en Red Eléctrica vendida en 1999… Todos estos tipos emprendieron las privatizaciones con decisión. Nombrados por las juntas de accionistas (eso era cierto) tenían toda la legitimidad legal… Pero al acabar todas aquellas privatizaciones, perdieron la legitimidad… ética. Y es que, una vez privadas, no sólo siguieron en sus sillas como sus gestores, sino que blindaron sus contratos y se triplicaron sus sueldos. Todos se hicieron ricos (menos Martín Villa).

Los ingresos por las privatizaciones españolas en los últimos años

Que las cosas no se han hecho bien, no lo digo yo. Lo dijo el Tribunal de Cuentas en 2005. Textualmente, hubieron “actuaciones no acordes con los procedimientos establecidos“, incluso para las que se privatizaron con una OPV en una salida a Bolsa. Que valió casi todo, vaya. Pero, además de las chapuzas y las actuaciones poco éticas, el resultado final no fue, en absoluto, exitoso. Empresas de baja productividad, tecnologías poco adecuadas, exceso de plantillas, sobrecostes laborales… Además de otros vicios, como los famosos “contratos programa“: una forma de inyectar dinero directamente en esas empresas desde los Presupuestos Generales del Estado. Dependencia financiera total y muy poca eficiencia, que se traducían en una menor competitividad, en especial en el exterior. Y si piensa que una vez vendidas se tenían que “sanear” (con millonarias prejubilaciones), la venta se hacía a la baja; se perdía dinero y, en especial, se desperdiciaba el capital humano de profesionales expertos, retirados de forma precipitada, y sin poder establecer una adecuada transición y trasvase de todo ese talento y experiencia.

Cuando en 2004 llegó -por sorpresa- Zapatero y su bisoño equipo, la cosa se volvió a complicar. De entrada se invitó a Alfonso Cortina a ceder el mando de REPSOL a Antoni Brufau (gracias a La Caixa, y por 20 millones de euros de indemnización); luego tenían que caer los otros: Alierta en Telefónica, Francisco Gonzalez en el BBVA, Xabier de Irala en Iberia, todos afines al PP, para poner a los suyos. Y llegó el sainete de la OPA hostil de Gas Natural sobre Endesa (y, de paso, echar a Manuel Pizarro, que había ido meses antes en las listas del PP). Lío Gordo. Batallas jurídicas.”El País” contra “El Mundo”. La CNE autorizando la compra y el Tribunal Supremo denegándola. ¿Estaba en juego armar la primera empresa energética española, aunque la sede estuviese en Barcelona? Más bien estaba en juego el control político de las altas empresas. Pizarro convenció a la alemana EON para mejorar la oferta de Gas Natural. El PP estaba eufórico: “Antes alemana que catalana“. En paralelo, Acciona y ENEL compraban cada una el 25% de Endesa sin lanzar OPA. EON se largó viendo el percal. El Gobierno estaba eufórico: “España Re-Acciona” cuentan que dijo Miguel Sebastián. Manuel Conthe, presidente de la CNMV protestó por lo que entendía un fraude. Ni caso. Dimitió. ¿Resultado? Endesa hoy es italiana y Acciona se llevó más de 12.000 millones de euros en plusvalías. Olé. Hay más ejemplos de procesos sin lógica de mercado y alta intervención política: ACS e Iberdrola, Sacyr, Lukoil y RepsolSacyr y Pemex… hasta la última fusión entre Gas Natural y Fenosa. Las tarifas eléctricas siguen altas. Turbias confluencias entre gobierno y altos gestores afines al poder (me niego a escribir “empresarios“) y ejemplos innumerables.

Concentracion en los diferentes sectores de las utilities españolas

Hay dos fórmulas para privatizar. La primera es “a la inglesa“: saliendo rápidamente de los monopolios y luego troceando las empresas para que haya competencia entre ellas por menores posiciones de dominio. ¿Conoce a alguna empresa eléctrica inglesa? De hecho, todas las distribuidoras que se crearon al privatizar el monopolio público vertical son hoy propiedad de empresas extranjeras. A los ingleses les da igual si los precios son bajos. La segunda es “a la francesa“: saliendo poco a poco del monopolio y luego creando empresas enormes (son los llamados “campeones nacionales“); peso del Estado, mando en el país y previsible éxito en el extranjero. Ahí tiene a EDF (eléctrica), TOTAL (petróleo) o GDF (gas) en Francia. Modelo que copiaron Italia (ENEL y ENI), Bélgica (con Suez-Electrabel) o Portugal (EDP y GALP). En España se hizo una mezcla: se salió rápido -a la inglesa- y se crearon empresas enormes -a la francesa- por fusiones políticas una vez privadas (como Gas Natural-Fenosa). Ese proceso lo suelen financiar unas altas tarifas, lógicas al haber poca competencia (piense en precios eléctricos o de telefonía: nunca bajan). Y las empresas energéticas españolas eran, en realidad, demasiado grandes como para tener precios bajos en España (débil competencia) y, a la vez, demasiado pequeñas como para competir con éxito en el extranjero. 

Luego podemos hablar de sus resultados. Su historial de invertir (en interminables comités) millones y millones de euros en lo alto del ciclo (en España ha sido desastrosa la planificación energética de redes 2008-2016 responsable de buena parte del exceso de capacidad energética actual) y vender después a mínimos de ciclo, perdiendo todo y más, es histórica. Es lo que se llama “pro-cíclicas”. Hace cuatro días, por ejemplo, Iberdrola vendía su negocio eólico en Francia y Alemania, es decir los países más solventes de su cartera. Gran decisión: vender barato cuando el mercado te ahoga. Además, hay una bajísima participación de los consejeros en las acciones de la empresa. Lo que se llama “poco apalancamiento al precio de la acción“. En otras palabras, los gestores de la empresa no arriesgan su retribución mucho con ella y no tienen muchas acciones de las mismas, lo cual resulta curioso para un negocio donde las inversiones son a largo plazo. En España son empresas que cotizan con valores de PER (beneficio por acción) de dos dígitos como si fuesen empresas del NASDAQ, y no tienen nada de tecnología innovadora. Será por los pocos dividendos que reparten. Bueno, si reparten… porque antes emiten bonos diluídos o recortan el dividendo, pagando en acciones o ampliando capital. Como Telefónica hace cuatro días. Aún así, los analistas en bolsa las siguen recomendando.

Las colocaciones de los expoliticos en las empresas energéticas españolasEn ningún lugar está escrito que una empresa privada sea más eficiente que una pública, porque la eficiencia la establece… la competencia. España creó un monopolio privado energético que se ha convertido en un enorme grupo de presión. Una privatización debe ir seguida de una flexibilización del mercado y una liberalización de los agentes. Y en España no ha sido así nunca para las public utilities. Pero luego está la segunda parte: muchos políticos que han intervenido en esos procesos han acabado en las empresas energéticas como asesores o consejeros, generando una parálisis para la competencia. Aunque (muy) poco ético, tiene una cierta lógica: las utilities españolas deben seguir cercanas al Gobierno y sus contactos para así poder presionar al ejecutivo de turno y mantener ese drenaje de recursos de los clientes. Son los problemas de tener en España a una clase política que ha colonizado todos los estamentos públicos: desde el Tribunal Constitucional al Banco de España (o sea los que aplican la ley) y unos profesionales técnicos, que saben más de derecho administrativo que de hablar inglés. “Captura de rentas” lo llaman algunos. “Pelotazos” o “enchufes“, otros. “Crony Capitalism” en inglés. Poco higiénico (digámoslo así) y malo, muy malo, para los consumidores. ¿Para cuándo esa transición en España de la gran empresa a una economía de mercado transparente y competitiva, donde trabajar e innovar sean el único camino al éxito?

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Tierras Raras

Las raras tierras raras

Innovar no es sólo imaginar nuevas soluciones a problemas conocidos. Es también imaginar cómo desarrollar esas soluciones de forma práctica, rápida, accesible y barata. Por eso, en este inicio del Siglo XXI, las nuevas y previstas invenciones tecnológicas podrían ser sólo una quimera por la escasez (y coste) de las llamadas “Tierras Raras“. ¿Ha oído hablar de ellas? Si aún no ha sido así, no se preocupe: oirá. Para la IUPAC son un grupo de diecisiete elementos químicos de la tabla periódica: los quince lantánidos más el escandio y el itrio. Los lantánidos se dividen, por un lado, en “Tierras Raras Livianas“: el lantano, cerio, praseodimio, neodimio, prometeo y el samario; por otro están las (era de esperar) “Tierras Raras Pesadas“, y son los también impronunciables europio, gadolinio, terbio, disprosio, holmio, erbio, tulio, iterbio y lutecio. Menos el prometeo, todos los otros se hallan como óxidos, encapsulados dentro de minerales. Curiosamente aunque se les llame “raras” no lo son del todo (aunque algunos no lo crean). De hecho, son tan abundantes como dispersos, y de complicada extracción. Por su estructura microscópica, poseen propiedades físicas muy interesantes y de difícil sustitución. Son, principalmente, características ópticas y magnéticas y de resistencia, y en esas suelen ser imbatibles con los otros elementos.

Piense en la (famosa) bombilla de Edison. La lámpara de incandescencia era conocida antes de él; de hecho Joseph Swan la patentó un año antes en el Reino Unido , pero la historia le ha dado la fama a él. La invención consistió, en realidad, en hallar el material del filamento, para lo que probaron montones de sustancias. Al final, la mayor resistencia (más horas de luz sin fundirse) se encontró en un filamento de bambú carbonatado procedente de Yawata (en esa ciudad hay un monumento que lo recuerda). Así que no olvide nunca la tangibilidad de las ideas… La importancia actual de las tierras raras es que son imprescindibles en la electrónica. Por ejemplo, el holmio y disprosio son necesarios para fabricar un láser; 15 kg de lantanio y 11 de neodimio van en las baterías del Prius: el samario es esencial para los imanes y los nuevos motores eléctricos;  el europio y el itrio excitan al fósforo rojo en las pantallas LCD, o se usan en los billetes de 500 € para que no se puedan falsificar. Y así, montones de aplicaciones. Si duda de su aporte para las nuevas tecnologías, piense que los convertidores catalíticos, pilas de combustible, los superconductores de alta temperatura o la esperada nanotecnología son también ejemplos de equipos que precisan de estos componentes tan raros.

Mapa de localización de las principales reservas de tierras raras en el Mundo

Pero ¿qué las hace tan importantes? También el plástico es omnipresente, y no hay tanto lío… Por un lado, su creciente demanda: tasas del +10% anual; en 2010 la demanda fue de unas 136.000 toneladas y se esperan 200.000 en 2015. Por otro, sus clientes: baterías, aplicaciones informáticas civiles y militares, generación eléctrica (en especial, las renovables), motores eléctricos, electrónica de todo tipo… Alto valor añadido, sin duda. Pero lo que deja más intranquilos a muchos es quién las controla. China produce en la actualidad la práctica totalidad de tierras raras del planeta: extrae el 97%, separa el 97% de los óxidos y produce el 83% de las aleaciones finales. O sea, casi todo el Global Supply Chain. La cosa tendría una cierta lógica pues China tiene enormes reservas (sobre el 50% del total) y, a la vez, consume una buena parte (del orden del 60-70%), pues ya sabe de dónde vienen casi todos los cacharritos electrónicos: “designed in Cupertino” sí; pero “aseembled in China”. El resto de tierras raras estaría en la antigua URSS (17%), en Estados Unidos (11%), en India (3%) y Australia (1,4%). El 19% que quedaría búsquelo entre Canadá, Groenlandia, Malasia, Brasil, Sudáfrica, Malawi, Vietnam, Tailandia, Indonesia si espera encontrar algo.

Volvamos a China. Las dos fuentes principales del país son la mina de Bayan Obo, que se encuentra en la Mongolia Interior (mire esta foto de la NASA), y las minas ricas en lantánidos pesados en la costa de Guangdong (al sureste del país). Esta segunda zona es muy rica en gadolinio y utecio, pero parece ser que podría tener hasta el 80% de las reservas mundiales de estos dos elementos. A la práctica, las tierras raras son un contexto de cuasi-monopolio de China, donde intentan desarrollar una mayor integración vertical (en especial en empresas que dependen del Estado) para aumentar su dominio aún más en el mercado. Desde 2007 China estableció medidas para proteger su mercado de lantánidos: prohibición de la inversión extranjera directa (en este sector, en los otros no), aumento de los impuestos a la exportación, control de precios, congelación de las licencias de explotación minera… en una clara tendencia proteccionista. Los cupos de exportación han sido una de las medidas más discutidas desde que se introdujeron en 1999, aunque fue la reducción de cuotas del 40% entre 2009 y 2010, fue la que hizo subir los precios a lo bestia (de hecho se generó un deficit del 14% de la demanda total). Los analistas hablaban de “guerra por las tierras raras“, incluso. Con esos precios no era extraño.

Los precios de las tierras raras desde 2008 a 2012. Ahí ve el pico de la restriccion de cuotas y el final del pico

Tras ese endurecimiento del proteccionismo chino, la Unión Europea, Estados Unidos, Japón y México presentaron una queja ante la OMC, que decidió investigar. En julio de 2011 se le declaró culpable de restricciones discriminatorias a las exportaciones de nueve productos básicos. Tras la sentencia, el Gobierno chino duplicó las cuotas de tierras raras a países extranjeros para el segundo semestre de 2011; eso hizo bajar algo los precios de los minerales, que habían roto todos los registros. Si el óxido de lantanio costaba más de 100 dólares el kilo en 2011, ahora está en poco más de 20. Lógico. Unos precios tan altos han sido un fuerte incentivo para la búsqueda de sustitutivos (aunque los chinos, muy piolas, dijesen que se les acababan). Luego, la crisis global ha hecho el resto. Añada una menor demanda industrial y el desánimo de los especuladores cuando a inicios de septiembre “Super” Mario Draghi declaró que el BCE compraría deuda a los países en problemas, en lo que se denominó “enseñar el bazooka“. Todo eso ha hecho caer los precios a mínimos históricos. Es más: los bajos precios han llevado a algún productor chino a parar, y a otros a aumentar la concentración empresarial, con compras y fusiones entre empresas mineras del sector, tanto en China (como REHT)  como en Estados Unidos (como el gigante Molycorp).

Pero, visto lo visto, el suministro de estos minerales preciosos va a seguir siendo, si no muy limitado, sí restringido debido a esa enorme concentración en China. Siempre existirá la duda de si será suficiente para satisfacer a todo el mundo y, por tanto, se va a tratar de un sector de esperable volatilidad en los precios. Sin embargo, por más que valiosas, las tierras raras no son todavía estratégicas. Hay 28 minerales estratégicos utilizados en la industria por tener propiedades especiales  y ser imprescindibles para el funcionamiento de la economía mundial. Serían el cobre, plomo, zinc, estaño, platino y uranio; tras ellos estarían el oro, la plata, el tungsteno o wolframio, el calcio y, luego, más lejos las tierras raras. Minerales como el coltán, el niobio, el berilio o el molibdeno estarían en esta lista debido a los últimos avances tecnológicos. Pero no se preocupe. Esta vez no va a ser diferente que en otras. Los precios de las tierras raras volverán a subir. No habrán guerras por su control, pero esto no acaba sino de empezar. Previéndolo, el Department Of Energy americano ha decidido constituir un centro experto en tierras raras. Para evitar “shortages” dicen. Y mucho los deben temer para invertir 120 millones de dólares. Así que cuando vea que los precios de la electrónica de consumo (los de los misiles Tomahawk también, pero es más difícil darse cuenta), del iPad 4 o del iPhone 7 o de los Prius empiecen a subir más pronto que tarde, fíjese bien. Igual son las tierras raras.

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